“Chicago. Impediré que el viento salga” de Raúl Urbina

by • 6 agosto, 2013 • Centros de arte, Exposiciones, Fotografía, MadridComments (0)1144


Hasta el 25 de agosto de 2013. Espacio La Fragua – Tabacalera Espacio Promoción del Arte, Madrid.

En el espacio La Fragua de Tabacalera podemos visitar la exposición “Chicago. Impediré que el viento salga” del fotógrafo Raúl Urbina. En la muestra podemos hacer un recorrido por la ciudad de Chicago, pero no de la manera habitual, sino que Urbina nos invita a explorar rincones solitarios, paisajes periféricos y ciudadanos comunes, captados a través de instantáneas cotidianas.

Los comisarios de la exposición son Begoña Torres y Antonio J. Sánchez Luego: “El trabajo de Urbina se desarrolla a partir de unos planteamientos racionales iniciales, donde la cámara o el resultado formal fotográfico no es el único objetivo final, sino un medio para conseguir establecer una narración abierta, repleta de diferentes puertas interpretativas: la reivindicación de lo real, entendido como red de relaciones y la ciudad como objeto fundamental de investigación y práctica artística. (…) Raúl Urbina es de esa clase de hombres que colecciona sus propios sueños y todo aquello que nunca se mira, porque estamos, o creemos estar, demasiado acostumbrados a verlo; es decir, lo infraordinario, el ruido de fondo de cada instante de nuestra cotidianeidad. No parece en absoluto una aventura desdeñable, ni tampoco inútil. Se trata de saber ver, de obligarse a ver con sencillez. Descubrir un ritmo interior en la actividad urbanística, los coches, la circulación, las vías del loop, el paso de los trenes, las personas… descubrir un trozo de ciudad, deducir evidencias. La gente de la calle, ¿de dónde vienen, a donde van? ¿Quienes son?,… pequeñas historias, en las que, realmente, no pasa nada. Una mínima partícula de existencia.

Es el espacio cotidiano y familiar de nuestro hábitat urbano el que adquiere, a través de estas fotografías, estatus y categoría de protagonista, el que se convierte en objeto de elucubración. Pero, para ser capaz de captarlo, es necesario tener “el valor” de ir en su busca, es necesario dejarse llevar, sin brújulas o planos; perderse en la ciudad sin miedo, sin prejuicios, convertirse en un andarín, mimetizarse, pasear, callejear…. Es evidente que Urbina se atreve, le gusta ir a la deriva, no anda a toda prisa, sabe bien qué mirar, dejándose atrapar por un rostro, un recuerdo, una emoción.

Parece que se esfuerza por imaginar, con la mayor precisión posible, bajo la red de calles, el embrollo de cloacas, el paso de las líneas del metro, la proliferación invisible y subterránea de conductos (de electricidad, gas, conducciones de agua del Chicago River, líneas telefónicas, etc.), que fluyen como la propia ciudad y sin las cuales sería imposible la vida en la superficie.

Fuera, quizás en Chinatown o en Ukranian Village, puede que brille un poco el sol y, en algunos cafés, casi vacíos, los habituales del barrio se reúnan alrededor de las mesas; puede que un viejo dormite detrás de la barra, mientras la camarera limpia la cafetera…. Se diría que el destino de algunos de estos espacios es permanecer allí, expectantes, a la espera de que, en cualquier momento, un desconocido como Raúl irrumpa en ellos.

Algunas fotografías, aunque elaboradas con gran sencillez de medios, recuerdan a un relato cinematográfico de cine negro, con sus efectos de luces y sombras. Otras tienen tratamientos formales más propios del documental, donde parecen haber prendido los argumentos sociales y se caracterizan por la aproximación directa a la realidad y la aparente espontaneidad de las composiciones.

Muchas escenas tienen algo de surrealistas, una sensación enfatizada por la irrealidad de los lugares reales y de los hombres que los habitan, y que se consigue mediante la utilización de los ángulos no neutros de los encuadres -oblicuos y picados- que acentúan la sensación de extrañeza. Algunas tienen una composición escenográfica, donde la escenificación es evidente: la aparición de los cuerpos entre las sombras, las sugerencias narrativas, los escenarios vacíos de figuras humanas, como campos de soledad, la sobriedad de las formas. En otras ocasiones, son las cosas más cotidianas -como unos mugrientos urinarios- las que resultan, sin embargo, extrañas, esencialmente siniestras.” (…)



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