Arte urbano | Visiones parciales

by • 9 febrero, 2015 • Arte Urbano, Ensayos AbsolutComments (1)2594


Pregúntense por un tipo de arte cuya denominación y naturaleza estén condicionadas por el espacio en el que se desarrolla. No condicionado por un soporte, ni por unos materiales, ni por un contenido, ni por unas intenciones o unas motivaciones. Un tipo de arte que se desarrolla en ese lugar complejo por el que se desplazan los ciudadanos, y en el que desarrollan gran parte de su cotidianidad, desde la más social y colectiva a la más íntima, personal e intransferible, esa que se construye a partir de la percepción particular de lo que se ha dado en llamar espacio público. Un espacio público que es un ente complejo en todos los sentidos del término: complejo por su riqueza, por su casi infinita variedad arquitectónica y humana, y complejo por ser un entorno complicado en el que no sólo han de convivir millones de personas diferentes, sino también por ser el espacio en el que los ciudadanos (aquí como habitantes de la ciudad) comparten y discrepan, se unen y se enfrentan, miden sus fuerzas con el poder o se ven sobrepasados y controlados por él. Un espacio común (la calle es de todos), intenso, rico, potente, valioso, aparentemente libre (sal a la calle), pero sobre el que el poder (más o menos abstracto o más o menos concreto), quieren ejercer (o al menos lo intentan) un férreo control.

Ruina Calle Huertas, Madrid

Ese magma denso y rico del que hablamos, que alimenta al ciudadano y que tantas veces parece a punto de explotar, que mantiene una distancia importante con respecto al mundo del arte tal y como lo conocemos o lo conocíamos hasta hace bien poco, es ese espacio en el que se desarrolla lo que se ha dado en llamar arte urbano (de aquí en adelante, arte urbano a secas). Y es también quien lo condiciona, para bien y para mal, estableciendo unos parámetros con los que los artistas de los que hablamos aquí parece que tienen que luchar a menudo, pero a los que curiosamente también parecen adaptarse (la calle es así) e incluso integrar como algo propio, inevitable y en ocasiones incluso motivador. Una manifestación, esta del arte urbano, caracterizada por propuestas artísticas realizadas a pie de calle, sin más filtros que el que quiera establecer el propio artista, tal vez impuesto de alguna manera al ciudadano por él o por ella, pero también, y sobre todo, compartido de manera directa y generosa con el viandante.

Todo esto es sólo una parte, aunque una fundamental, de la diferencia radical que caracteriza y moldea de alguna manera al arte urbano, y que genera una cadena exponencial de rupturas con el mundo artístico establecido que lo hacen especial, atractivo, y al mismo tiempo susceptible de crear picos extremos de afirmación y negación de lo más apasionados, en unos y en otros, en el espectador educado de alguna manera en el arte y en el propio viandante.

De un tiempo a esta parte, el arte urbano ha alcanzado un punto en el que esas dos palabras no son el destino al que llegamos intentando nombrar eso que vemos en las calles de nuestra ciudad. Muy al contrario, podríamos pensar que el término arte urbano, como ocurre con tantas otras cosas, es de alguna manera “origen”, es decir, en una entidad en la que a veces viaja más rápido la denominación que lo denominado. En ese contexto, puede ocurrir que haya quien recurra a esa denominación y la cruce con las enciclopedias contemporáneas de consumo rápido, como Google, en busca de lo que esas dos palabras están nombrando, como quien se pregunta “qué es el arte urbano”. Y ahí es donde nos podemos ver algo vendidos, ante una excesiva confianza en la matemática y la combinatoria, que parecen regir los resultados que a menudo escupen esas enciclopedias contemporáneas que son los buscadores. Es donde la búsqueda de imágenes de “arte urbano” o “street art” nos devuelve unos resultados confusos, contradictorios, que conforman un retrato parcial, tergiversado e incluso injusto, lleno a menudo de trampantojos, grandes obras legales, pequeños chistes…y piezas de Banksy. En muchos casos, imágenes ingeniosas que circulan hasta la viralidad perdiendo su contexto, su carácter representativo del arte urbano y hasta su autoría, ese concepto aparentemente tan intocable en la historia del arte.

Esa parcialidad, que es a la vez una globalización (Google va y aplana una variedad, reduciéndola a unos pocos ejemplos que se ven en la tesitura de representar al resto), no es exclusiva del arte urbano: es en realidad una tendencia general que nos impide a veces encontrar en la red, en apenas un click, una visión ajustada de lo que buscamos. Esa visión parcial y homogénea obtenida por la vía rápida es algo contra lo que deberemos luchar, haciendo por difundir y recuperar aquello que hace del arte urbano algo distinto, fresco e incluso transgresor.

Negar la imagen que en general proporciona la red del arte urbano nos ha de llevar a un punto de partida distinto desde el que mostrar su naturaleza: de la globalidad pasaremos a la cotidianidad, a lo local, a la iniciativa personal, a la práctica de una actividad libre aunque condicionada casi siempre por su tipificación como “ilegal”. Todo esto, que es característico del arte urbano, es lo que debemos disfrutar, conocer y difundir: pintura, papel, piezas tridimensionales, todo en las calles de nuestras ciudades, en pequeños rincones o sobre paredes medianas, donde la cotidianeidad del artista será un poco también la nuestra, la del vecino y también la del visitante ocasional.

Esa vivencia del arte urbano, en las calles de nuestra ciudad y lejos de los estereotipos y simplificaciones de la red, nos permitirá mirar y disfrutar de otra manera las grandes obras “legales” que nos muestran los buscadores, comprender la fuerza, la influencia y el valor (o no) de las piezas de artistas como Banksy y saber que esa obra que en su día compartimos en nuestras redes sin conocer su contexto y su autor es un mural de, pongamos un ejemplo, Escif, un artista con una intensa actividad en las calles de Valencia, lejos de esos grandes murales que constituyen en realidad un pequeño porcentaje de su producción. También apreciaremos que el arte urbano no es siempre gracioso o ingenioso, colorido, espectacular o emotivo, y encontraremos muestras sutiles, oscuras, a veces desprovistas de significado, incómodas, poéticas y hasta feístas que aprenderemos a apreciar igualmente. Porque como dice Ruina, “no hace falta que te guste para que sea arte”.

Conocidas ya las características que hacen del del arte urbano algo mucho más rico y complejo (en la línea de ese magma del que hablábamos y en el que se desarrolla) de lo que nos muestra la red; y una vez disfrutadas sus manifestaciones concretas no delante de una pantalla sino en las calles de nuestras ciudades, resultará mucho más sencillo y enriquecedor hacer el camino de vuelta desde la iniciativa personal del artista que sale a la calle por su cuenta, porque disfruta haciéndolo, porque no puede dejar de hacerlo, hasta su participación en un proyecto en el que desarrolla su trabajo de otra manera, no sólo sobre un espacio mayor, sino en unas condiciones y con unos resultados distintos; resultados que (celebrémoslo también) tal vez acaben formando parte de esas imágenes que ocupan la primera línea en los buscadores. Entre una obra y otra, entre la pequeña pieza “ilegal” y el gran mural, puede haber apenas unos metros, pero también todo un recorrido (más abstracto o más concreto) que merece la pena conocer y disfrutar. Porque ambas, firmadas por el mismo autor, deben ser valoradas y disfrutadas con la misma intensidad, cada una en su contexto. Porque como también dice Ruina, “no hace falta que sea legal para que sea arte”.

Llegados a este punto, es hora de que dejar esta pantalla, salir a la calle y disfrutar.

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Guillermo de la Madrid (Madrid, 1976). Desde 2001, vengo documentando el arte urbano de mi ciudad, Madrid, y de aquellas a las que viajo. Desde 2006 llevo el blog Escrito en la pared, visión personal pero transferible de esa relación (también personal) entre fotografía, paseo y arte urbano. En 2012 creo junto a Diana Prieto Madrid Street Art Project, una asociación a través de la cual dar otra salida a mi interés por el arte urbano, dejando a un lado lo personal y lanzándome a difundir y poner en (más) valor el trabajo de los artistas urbanos, proponiendo y generando además iniciativas y contextos para la creación y la participación. Entre los proyectos más recientes de Madrid Street Art Project se encuentran Muros Tabacalera y Línea Zero.

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