De la crisis ecológica a la económica: diez años de MARCO

by • 26 diciembre, 2012 • Museos, VigoComments (0)1078


El 13 de noviembre de 2002 Vigo inauguraba su Museo de Arte Contemporáneo mientras el buque Prestige provocaba una enorme crisis ecológica. Para rememorar aquellos días y celebrar su décimo aniversario MARCO ha preparado la exposición La ballena negra, de momento la última prevista tras ver reducido su presupuesto para 2013. En 2012 dos de los principales patronos, Caixa Nova y la Diputación de Pontevedra, retiraron su aportación y ahora depende de lo adeudado por la Junta de Galicia y un ex–Ministerio de Cultura que difícilmente podrá hacerse cargo de la situación de MARCO y otras instituciones que sufren problemas parecidos. La esperanza residía en el Concello de Vigo que ha reducido en un 25% su aportación para el año próximo.

Actualmente el calendario de actividades es bastante reducido. Se están presentando exposiciones con una duración de seis meses, estrategia que si bien rentabiliza los gastos que supone una exposición es un tiempo excesivo y limita la programación cultural de la ciudad. De cara al año que viene hay bastante incertidumbre, por ello distintos profesionales de la cultura se han unido en una plataforma de apoyo a MARCO para asegurar la continuidad del centro.

MARCO abrió sus puertas en el año 2002 bajo el amparo de una fundación, en la antigua cárcel de planta panóptica muy ligada a la memoria colectiva de esta ciudad. Bajo la dirección de Carlota Álvarez Basso que dejó el cargo en 2005, tomando el relevo Iñaki Martínez Antelo, ha dinamizado la vida cultural de la ciudad con exposiciones temporales y un centro de documentación y biblioteca así como diversas actividades de formación en arte contemporáneo. MARCO surge como un museo sin colección y sin planificación de tenerla en algún momento. Esto ha supuesto muchas críticas por parte de la museología: si no alberga una colección no puede llamarse museo. Bajo este principio seguramente MARCO estaba abocado al fracaso desde sus comienzos, pero quedarse en esta crítica ahora mismo sería abordar el problema actual superficialmente. Porque lo cierto es que durante los últimos años MARCO ha sido una gran aportación a la investigación curatorial y al panorama artístico contemporáneo abriendo debates culturales e históricos, cuestionando el papel del artista, los límites del arte y el concepto museístico.

La situación de Vigo es muy parecida a la que están viviendo otros centros de arte. No olvidemos que el Centro José Guerrero en Granada y el Museo Esteban Vicente en Segovia pararon temporalmente sus actividades y luego volvieron a reanudarlas bajo el fantasma de la falta de apoyos económicos y con un futuro más que incierto. El Domus Artium de Salamanca lleva más de una año en esta situación de olvido. DA2, también ubicado en la antigua cárcel de la ciudad (aunque esta no se ha conservado en su totalidad como la de Vigo) viene realizando exposiciones muy interesantes y atrayendo tanto a un público local como foráneo. En el mes de junio de 2011, Javier Panera, responsable de la creación del centro hace diez años, bajo la fundación Salamanca Ciudad de Cultura 2002, no fue renovado como director. Fue una decisión política que tuvo bastante que ver con la situación económica. A finales del año pasado dos de los tres coordinadores de actividades del DA2 fueron despedidos y desde entonces el centro de arte contemporáneo de Salamanca funciona sin dirección y prácticamente sin personal. Permanece abierto y con una programación continua gracias a la colección que la Fundación Coca-Cola tiene depositada para exponer de manera permanente desde 2007. Y no es la única institución que funciona bajo mínimos en Castilla y León.

No cabe duda de que la situación es contagiosa y están en duda la continuidad de actividades e incluso que se mantengan abiertos centros y museos -algo que se extiende a otros ámbitos culturales. Nuestra sociedad no puede permitirse el lujo de prescindir de la cultura, pero ¿hasta dónde pueden llegar los actuales modelos de gestión pública que parecen ser ya insostenibles? Durante los primeros años del 2000 se creó una especie de burbuja cultural. Toda ciudad inauguró sus museos y centros de arte contemporáneo sin límites. Se tomó como referencia el ‘modelo Guggenheim’: revitalizadores urbanísticos y culturales de las ciudades. La fórmula se ha ido repitiendo hasta la saciedad. Parecía una competición entre ciudades bajo el amparo de los hoy arruinados ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas. Se construyeron contenedores con presupuesto disparatado sin tener un proyecto claro de programación y sin planificación de lo que costaría el personal y el contenido para hacerlos funcionar. Ahora este entramado cultural se hace insostenible. Aquella misma clase política que diez años antes se fotografiaba inaugurando museos ahora está tratando de hacerlos invisibles.

Es el momento de hacer una reflexión crítica, que directores, gestores y políticos tomen responsabilidades y lo más importante, repensar los modelos. El Museo Reina Sofía, institución que también viene sufriendo considerables recortes, recientemente ha presentado sus fundación bajo la cual y la ley de autonomía del año pasado, pretende reconducir la financiación y las relaciones entre instituciones, principalmente con museos y coleccionistas de América Latina bajo el proyecto de la Red de Conceptualismos del Sur. Aunque tiene sus detractores (y no es para menos dada la naturaleza de la colección del Reina Sofía y su titularidad) se trata de una alternativa de gestión para hacer posible el desarrollo de proyectos expositivos y de investigación.

Lamentablemente es inevitable la reducción de presupuesto en MARCO y otros centros. Es probable que tengan que reducir su actividad y prescindir de personal, se perderán visitantes y esa posición en el mapa cultural que se pretendía alcanzar. La supervivencia a esta crisis, que no sólo es económica, será posible gracias a las nuevas herramientas de comunicación, los canales de información que ofrece la web 2.0 y las redes sociales, que democratizan el mundo del arte en ese museo imaginario del que hablaba Malraux. Visitantes reales y visitantes virtuales en un mapa de intercambio global.



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