Editar con los cinco sentidos

by • 8 octubre, 2014 • Ensayos AbsolutComments (4)4056


Editar en papel, hoy en día, parece un acto casi mágico, loco o fuera de contexto, la era digital nos invade, los catálogos en plataformas como «issuu» o los mail con un adjunto en pdf parecen copar el mundo de la edición pero, editar, es, en pleno siglo XXI un acto de rebeldía, respeto y de conciencia que va más allá de la reproducción de textos e imágenes acompañándose mutuamente. Dentro del terreno profesional que nos atañe, el del Arte, considero que la edición en papel es casi una necesidad que ha empezado a caer en desuso y que hasta los más acérrimos defensores del ahorro espacial, económico o si me apuro ecológico, echan de menos. El encuentro físico con un libro ya nos habla de lo que encierra dentro de sí, el libro se convierte en un objeto que nos presenta con su forma, su diseño, su estilo y su maquetación una intención, es por esto que la edición es una obra en sí, no sólo digna de respeto sino también con una función vital en el campo del arte.

La biblioteca de Alejandría (el san google de otros tiempos)

El trabajo editorial no consiste sólo en publicar, consiste en elegir con coherencia elementos diversos y conjugarlos: tipografías –obras de arte en sí– diseñadas con una intención, con una personalidad y expresión propia, imágenes, autor, tema… no son elementos triviales, el enfoque, la dimensión, formato, la extensión, tampoco lo son. Pero realmente hay muchas partes de esta labor que no tienen visibilidad por si misma pero que afectan tremendamente al resultado final.

Recientemente han surgido propuestas muy personales, algunas de muy limitada edición en las que se incluye o se aporta algo más que hace entender esa capacidad de los libros de ser «únicos» y que inevitablemente se está tornando necesaria ya que, entender la objetualidad de los libros, el valor de un libro «por si solo», se ha ido desdibujando en el tiempo.

El por qué de esta terrible situación que asola en cierta medida el panorama editorial es debatible, aunque sin duda, algunas reflexiones rondan la cabeza de muchos de los que nos sentimos en la llamada de «editar», de «hacer libros». En mi caso la reflexión fue muy contundente, privar a un sector del arte de toda esa parte reflexiva, teórica o ese soporte que ayuda a consolidar y a acercar los discursos de los creadores escudados en la crisis es erróneo. Para llegar a entender el estado actual del mundo editorial –en torno al arte–, deberíamos reflexionar sobre lo acontecido en nuestro mundo profesional en los últimos diez años. El valor de las publicaciones –editoriales–, ha sido en cierto modo devaluado por una abundancia de patrocinios y subvenciones que dotaban de gran calidad técnica a cualquier catálogo o publicación por mínima que fuese su trascendencia, pero, para muchos, los contenidos teóricos se vieron afectados, en ocasiones, en la calidad por la producción en masa y la forma de remuneración, que ha hecho que en muchas ocasiones se confunda el valor de un catálogo con el de un libro y esa producción de textos de forma casi compulsiva, en algún momento pasado, fuera en perjuicio de la conciencia crítica, filosófica o reflexiva que merecen los artistas y su obra. Otro de los factores es el desconocimiento real de la profesión en algunos campos, en los que hay que alabar la misión de los galeristas, que tan heroicamente producían catálogos –y algunos siguen haciendo–, pero que en ocasiones se llevaban a término con tiradas extensas que ahora permanecen en estanterías, sin ISBN, sin traducción, sin poderse comercializar y que a la larga quizá no tuviesen la relevancia del esfuerzo que invirtieron en ellos pero que, a mi juicio, siguen siendo de vital importancia para la trayectoria de un artista. Sin registro físico, solo con las publicaciones «on line» estamos acercándonos al precipicio del «vacío registral».

Las leyes editoriales son claras en cuanto ciertas estructuras económicas, descuentos, autoría de los textos, pero la rueda cultural paralelamente originada y legitimada, ha generado una cultura de consumo que dista mucho de las posibilidades reales que rigen el mundo y mercado editorial, poniendo a las editoras en el punto de mira y en un desequilibrio y desigualdad intensos en el terreno de juego.

Las editoriales dependen tremendamente de la aceptación del público sobre la publicación, es decir, el autor se la juega con su trabajo, consciente de que debe estar bien hecho para ser atractivo y la editorial se la juega con su apuesta por ese producto y con su buen hacer en el objeto en sí, su estructura, su concepto y posteriormente con las distribuidoras de comercialización y asumámoslo, en cierto modo de las ayudas culturales, tan escasas en estos momentos.

Los consumidores de papel en nuestro campo profesional, también se han ido acostumbrando al recibir de forma totalmente gratuita catálogos de exposiciones sin reparo, creyendo de este modo que el arte, la cultura, y casi todo lo que lo rodea: es gratis. La reflexión por lo tanto va más allá de la edición, recientemente ante mí alguien comentaba sobre este mismo tema como otros agentes del sector se veían tremendamente apaleados por esta creencia: «la gente piensa que el arte es gratis y no repara en el gran engranaje personal y profesional que hay tras él, artistas y galeristas deben comer, tener una sala abierta cuesta dinero, llenarla de trabajos, también».

Retomando el título de este texto, me gustaría hacer una reflexión final más amable, en la que realmente se tome conciencia y artistas, galeristas, editores, críticos, comisarios, consumidores… todos, pongamos los cinco sentidos y valoremos en su justa medida la labor del editor, la labor de quien respeta un libro como obra en si misma, como algo necesario para los cinco sentidos, como algo matérico y corpóreo a lo que recurrir y porque, realmente, la fisicidad de los libros, que podría parecer que los hace más efímeros que los nuevos y modernos formatos, que jamás se queman, se mojan, o teóricamente se pierden con la misma facilidad, realmente es lo que los convierte en eternos y útiles, también porque posicionarlos en el mercado es posicionar lo que contienen. Estamos abducidos por un mundo tecnológico y del mismo modo que es impensable que una obra nos emocione en la pantalla de un dispositivo móvil, me gustaría que se recuperase ese encuentro con las letras impresas en un papel, cuyo proceso ha necesitado de creatividad y humanidad. En un mundo de seres desconectados de lo esencial, es importante recuperar aquello que contiene “la esencia de las cosas” y apoyar todas las iniciativas, por pequeñas que sean, que llenas de creatividad y esfuerzo pretenden aportar todo aquello que algunos olvidaron, también me permito alabar la calidad, creatividad e innovación con la que muchos nos esforzamos por reinventar el libro, el objeto, añadiéndole valores como obras originales, reproducciones únicas… hace escasos días, en la presentación del segundo libro monográfico de artistas contemporáneos de la editorial, Nico Munuera y José Luis Serzo describían como habían recibido la noticia de la existencia de una editorial que entendía la necesidad del artista del papel, del libro, y la diferencia tremenda que eso significaba en sus trayectorias, porque un catálogo, alude a un momento concreto que no se va a recuperar y eso es fantástico, necesario, pero los libros, por lo general, aluden a algo más, entroncan con la creación del artista a un nivel más profundo y les conceden un espacio diferente, si todos sentimos esa necesidad, si todos entendemos el valor de un libro, es de locos pensar que el mercado se esté extinguiendo, es imposible creer que no se lucha por conservar una de las ramas vitales de nuestra profesión y también de nuestra existencia humana y cultural. Explicar el proceso creativo de un artista, cederle la palabra, adentrar al espectador en la obra y que eso genere una fidelidad a la esencia creadora o a una trayectoria, debería ser una de las finalidades principales de una publicación de arte. El libro, al final, queda convertido en obra en sí mismo, y para muchos, es un objeto vital que añade legitimidad, valor y permanencia a su trabajo. Es por todo esto que deberíamos empezar a mirar los libros dentro del arte contemporáneo con la magia con la que miramos una nueva exposición y entender todo este movimiento editorial, por pequeño que sea como uno de los actos de mayor valentía dentro del Arte Contemporáneo.

Hacer libros no «es fácil», no consiste en encargar un texto y volcarlo en un ordenador que lo llevará a una imprenta; hacer un libro lleva implícito mucho más junto con toda esa magia que existe en el proceso, esa magia que se produce cuando uno de los autores o artistas es publicado, toda esa esencia es la que contiene ese objeto que llega a nuestras manos, abre nuestras mentes y nos sumerge siempre en algún espacio diferente del que seguro, algo, prenderá en nuestro interior. Ese objeto físico, al que tras su lectura le daremos otro valor añadido, el de las sensaciones que entre sus páginas nos haya despertado. Un libro, finalmente es un objeto de respeto, pero quizá estemos en el punto en el que termine convirtiéndose en un objeto de culto.

*IMAGEN: La Biblioteca de Alejandría (el san google de otros tiempos)

_____________________________________________________________________________________________________

Noemí Méndez. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y máster en iconografía e imagen. Tras una larga trayectoria profesional vinculada a la dirección de arte, acaba de cerrar una etapa de ocho años como Redactora Jefe y coeditora de la Revista de arte internacional Arte y parte en la que ha firmado más de 400 artículos de artistas y exposiciones, para así fundar su propia editorial de monografías de Arte Contemporáneo, en edición bilingüe y con marcado carácter Internacional, bajo la firma de NOCAPAPER BOOKS & MORE, S.L., que además de las publicaciones, gestiona proyectos contemporáneos de ámbito nacional e internacional. Subdirectora de la Feria de Arte Contemporáneo CASA//ARTE para la edición de 2014, colabora habitualmente con el portal digital Masdearte y revistas como 967 Arte o Beis o prensa como El Diario Montañés. Ha comisariado exposiciones para el Festival Miradas de Mujeres 2014 con Ruth Montiel Arias, Deva Sand y Laura Salguero y artistas contemporáneos como María Bueno Castellano o José Luis Serzo entre otras.

ABSOLUT



Articulos Relacionados

4 Responses to Editar con los cinco sentidos

  1. dolores lata dice:

    Te felicito por lo que estás haciendo

  2. […] Editar en papel, hoy en día, parece un acto casi mágico, loco o fuera de contexto, la era digital nos invade. – Noemí Méndez en Editar  con los cinco sentidos […]

  3. […] (Ensayo ABSOLUT para PAC, publicado en Octubre 2014) […]

  4. […] Editar en papel, hoy en día, parece un acto casi mágico, loco o fuera de contexto, la era digital nos invade. – Noemí Méndez en Editar con los cinco sentidos […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>