EL LUJO, LA BELLEZA Y EL CUERNO DE LA ABUNDANCIA. Joana Vasconcelos en el Palacio de Versalles (1ªParte)

by • 26 julio, 2012 • Exposiciones, Instalación, ParísComments (0)1809


Hace ya tiempo que llegó la hora del historicista movimiento neobarroco; y, si nos quedaba alguna duda, el plantel de proyectos que inundan los programas artísticos actuales nos ponen de manifiesto su consolidación. Otra cosa es que alguna convocatoria en especial, sea por la original característica que sea, nos ponga además de manifiesto alguna proposición de la naturaleza del movimiento, lo cual la convierte también en un fenómeno crítico y potencialmente, histórico, si el público de sus espectadores lo sancionan. Esto es lo que sucede con la propuesta del Château Versailles y de la artista lusa Joana Vasconcelos.

Pero, antes de nada, aclaremos algo acerca de todo esto. Cuando hablamos así, es decir, de la consolidación del neobarroco como un movimiento historicista más en la dilatada diatriba de esta época historicista, se nos presentan dos consecuencias: por un lado, algo ya insinuado, parece confirmarse que esta post-moderna que llamamos no sea otra cosa que el fruto del traumatismo polifacético del decadentismo decimonónico (expresando la patología tras de la máscara de su tratamiento), lo cual convierte al arte hoy en el decadentismo del vigésimo primer siglo. Cosa que no es nada disparatada. El arte hoy entonces pondría de manifiesto su usufructo a través de fetiches comunicativamente inconclusos y altamente evocadores para los deseos particulares.

Por otro lado, la consolidación del estilo que acaso sea el más moderno, o el que mejor se mimetiza con el arte hoy: el barroco, dilatando su sintaxis más allá de la edad moderna y reproduciendo exactamente la relación cultural en el presente. Solo que el concepto religión ha ensanchado tanto su círculo que su moral se ha convertido en devoción autónoma. Pero, para todo lo demás, la coordinación de oficios distintos en una sola orquesta propia del barroco ha encontrado en la era televisiva, … espectacular, un campo abonado para sus experiencias inmediatas.

Y con la consolidación del estilo viene también la asunción del contenido de fondo de que se acompaña todo movimiento: paradoja, pues el caso este es el de la filosofía de la forma, puesto que el servicio que presta es bien distinto, esa que condiciona el modo de expresión o la exhibición del artificio como una razón trascendental, algo antagónico, y liquida toda causa de fondo por ser, estrictamente, un elemento sobreseido dada la dispensable obviedad en la práctica. En este caso, el arte global conjuga el mensaje oportuno, el de cada momento, ese que condiciona el servicio que se presta y que no pertenece en modo alguno a la subcultura del arte, a pesar de la discordia posible con la razón de fondo, y digamos, por tanto, con la construcción visual en base a las estrictas reglas de aquella oratoria. Nada más.



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