Entrevista a Aurelio Ayela

by • 3 enero, 2018 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)562


Aurelio Ayela (Alicante, 1970). Técnico Superior en Artes Plásticas y Diseño por la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoy (1995). Su trabajo parte de la observación de lo fenomenológico en relación con la evolución del imaginario cultural. Tiene como propósito revisar la exacerbada confusión entre realidad y signo, evidenciar e intentar resolver su conflicto de sustitución.

Aurelio Ayela

PAC – ¿Qué te impulsa, básicamente a crear?

Aurelio Ayela – Crear es un impulso común en el ser humano, una necesidad innata, en mi caso conserva bastante de su mecánica primordial; es una consecuencia de la exploración fascinada del entorno a través del juego como forma intuitiva de aprender a interpretar y relacionarme con la realidad, de medir mi capacidad para influirla o incluso generarla.

Junto a la experiencia adquirida en el juego están las emociones, y los sentimientos que se relacionan con las sensaciones que la exploración y el juego nos proporcionan. Para mí la ensoñación forma parte fundamental de ese proceso. Todo eso nos da herramientas para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás: yo empecé a hacer cosas creativas, que no sé si llamaría arte, para probarme, como retos de habilidad o retos de paciencia o retos de expresividad (ver qué más puedo hacer con lo físico que he experimentado o si puedo hacer físico lo que he soñado), por ver qué pasaba. Y creo que esa es una de las formas que todavía tengo de hacer, también en lo de desentenderme de si lo que estoy haciendo es arte o no lo es.

Así que, por un lado, un primer motor es mi propia curiosidad y experiencia retroalimentándose, la excitación de la prueba experimental, la aventura que supone el intentar hacer cosas cuyo resultado no puedes prever. Luego también se mantiene el componente afectivo, el hacer algo por amor a uno mismo, a algo o a alguien, el hacer arte como un regalo.

Por último, creo que también me impulsa el tener una intensa relación de amor-odio con la cultura: por un lado me siento inspirado y agradecido por todas aquellas personas (artistas, artesanos, científicos, sabios, o lo que sean) que han ayudado a enriquecer la experiencia de estar en el mundo, y quiero contribuir y formar parte; por otro lado, detesto cuanto de inercial, prejuicioso y demagogo hay en la cultura oficial, en los medios de comunicación o en el pensamiento académico. Siempre hay algo sectario en los círculos de influencia cultural, porque determinan la corrección política y la censura a todo lo que no secunde el discurso que defiende su posición de privilegio. Por eso encuentro necesario prestar especial atención a las sensibilidades y actitudes que la cultura oficial ignora o menosprecia y cuestionar la categorización moral que hace de los términos.

 Aurelio Ayela

PAC – Revelas que te mueves entre el tajantismo existencial de Porky, (“Ésto es todo amigos”) y el optimismo trascendente de Super Ratón (“No se vayan todavía, aún hay más”). Ello denota que lo pop (popular) es de una gran influencia. ¿Crees que la cultura de masas ha dejado de ser denostada para reconocer que todos estamos bajo su poderosa influencia?

Aurelio Ayela – Lo que creo es que ha ido desapareciendo la concepción clasista y estanca del hecho cultural. Continúa lo elitista pero solo en el sentido de que la oferta cultural es tan grande y heterogénea que hay de todo para todos, e incluso lo más específico y raro se ha vuelto muy accesible a través de unas redes sociales hiperactivas en las que los gustos más excéntricos se aglutinan en comunidad y se difunden muy rápidamente.

De cualquier forma todo se refleja en todo desde siempre, aún de modo inverso o complementario. Veo la cultura erudita influyendo de alguna forma en el diseño de un objeto cotidiano del “todo a 100” o a una imagen de comic que forma parte de la memoria colectiva sirviendo de vehículo rápido para conectar con la idea profunda o el pensamiento sutil.

A mi las frases más conocidas de Super Ratón y Porky me sirven para expresar muy gráficamente mis contradicciones de tipo trascendente restándoles dramatismo. Así gracias a ese metalenguaje todo el mundo me entiende mejor pues la forma elegida deja claro además el tono de mi afirmación.

 Aurelio Ayela

PAC – Los títulos de tus obras, sobre todo, nos dan la pista. Te mueves entre el humor negro, la ironía, los juegos verbales, los guiños eruditos. Da la sensación de que te imbuye la diversión, huyes sobre todo de lo que parece convencional o estar bajo control.

Aurelio Ayela – Las personas tendemos a ampararnos bajo paraguas conceptuales que justifiquen nuestra comodidad mental, o nuestra incomodidad inercial, ya que muchos de los paradigmas en los que justificamos nuestra existencia, nuestros valores, son heredados y no necesariamente nos hacen sentir mejor, simplemente están hay desde hace mucho y tengo la sensación de que para la conciencia lo de “más vale malo conocido que bueno por conocer” rige con patente de corso en nuestra conducta. Es un modo de seguirse la corriente a uno mismo para no acometer el esfuerzo ni someterse al estrés de hacer un “traslado” de nuestros trastos mentales y tener que hacer limpieza.

La libertad siempre nos parece un concepto positivo pero lo cierto es que asumir permanentemente ese nivel de responsabilidad sobre nuestras decisiones resulta agotador y paradójicamente una tiranía.

Me parece necesario forjar tu propia ley pero al mismo tiempo testar a menudo su vigencia con pequeños ensayos conscientes y medidos de auto-traición que revelen si se trata en realidad de una mera postura contingente o algo central y perdurable.

Los guardianes de lo importante normalmente no entienden la seriedad del juego y del humor. A menudo los considera mecanismos escapistas pueriles o frívolos. La diversión está culpabilizada dentro de la cultura del sacrificio, es un vestigio de nuestra herencia judeocristiana el considerarla incompatible con la profundidad de espíritu y de valores.

Reiniciar el juego interpretativo y actualizar los significados supone vigilar tanto a los “ambiguadores” como a los carceleros del lenguaje.

Decir que esto o aquello me importa es una bagatela, en la base a todos nos importa algo muy parecido, lo crucial es cuestionar cómo nos relacionamos con lo que nos importa, o con lo que no, pensar si podría ser distinto.

 Aurelio Ayela

PAC – Pareces contar fragmentos de un relato, aunque afirmas que no quieres ilustrar un pensamiento. No te gusta dar una lectura determinada, prefieres que el espectador aporte su propia interpretación.

Aurelio Ayela – Sencillamente la obra no termina en mi concepción de ella, es una realidad en sí misma y además es distinta en cada mirada. Esa polisemia es enriquecedora y se ampara en lo potencial incompleto que para mí ha de existir para tener resonancia en los demás.

Ilustrar un pensamiento no me resulta tan atractivo como el reto de dejar que la acción se libere de apriorismos y hable por sí misma. Su significado tiene que ver sobretodo con cómo es mi relación con el hecho de crear.

En cuanto a la apariencia de relato fragmentario o de narratividad de cualquier tipo en mi trabajo, no estoy muy seguro, desde luego no es intencionado. Puede que lo que necesite solo sea la descripción de un detalle concreto de una historia, sin contexto, para enfatizarlo como signo y realidad al mismo tiempo, para, utilizando la terminología matemática de René Thom, resaltar su complejidad, manifestada a la vez en la oscuridad de su sentido y en la sensación de no arbitrariedad que nos sugiere su belleza. Como si poseyera un centro organizador de gran codimensión que, aún alejado de las estructuras del pensamiento ordinario, remitiera a las grandes estructuras afectivas o genéticas latentes en nuestra mente consciente.

 Aurelio Ayela

PAC – Tus trabajos pictóricos se encuentran en un territorio híbrido entre el dibujo y la pintura sobre papel. Este país no valora suficientemente la obra plástica en papel. Considerado como una técnica menor. Sin embargo el papel ofrece al artista unos márgenes de libertad que rara vez encuentra en otros soportes. Tú además reivindicas el dibujo, no como parte del proceso que conducirá a una obra mayor, sino como obra artística con identidad propia.

Aurelio Ayela – Está claro que es un criterio bastante trasnochado atribuir valor a la obra de arte según cuál sea su soporte. Aunque es precisamente esa tradición cultural de valorar especialmente la obra pictórica sobre lienzo lo que te libera de la sensación de “responsabilidad histórica” sobre cualquier otro soporte menos “noble”, al menos en occidente. Keith Haring decía que le costaba mucho ser tan osado al pintar sobre un lienzo como ante una lona plástica comercial. Pero son cosas que van perdiendo peso, no digo que de chaval no me pasara, pero yo creo que a estas alturas actúo con la misma frescura y rigor delante de un lienzo que de una tapa de yogur.

En cuanto al dibujo y sus límites, nunca me paro a pensar si estoy dibujando o pintando o haciendo escultura, el proceso de trabajo me lleva a veces más cerca de la idea purista de una disciplina o de la heterodoxia más disruptiva. Sencillamente no sigo un programa hasta que me doy cuenta de que en el rastreo de posibilidad estoy aplicando algún tipo de metodología no cifrada de antemano.

PAC – Sobre todo en tus instalaciones, vemos que te sirves de elementos comunes, reciclados, sencillos. Potenciando lo simple, la esencia, huyendo de lo convencional, lo superfluo. Parece de una improvisación muy controlada, una austeridad sofisticada.

Aurelio Ayela – Captar lo esencial es complicado, supongo que sucede por eliminación más que por certeza. Trato de identificarlo dentro de lo banal para no perderme en el fango cultural de “lo importante”, “lo útil” o “lo necesario”. Paradójicamente es en esa impureza de los signos donde un gesto rápido, sencillo y enérgico, agita lo suficiente la tensa superficie del reduccionismo que llamamos “realidad” para dejar ver lo que está más allá del lenguaje y del pensamiento. Paradójicamente, esa llamada a la entropía se produce desde una acción muy precisa, que de un modo ideal debería actuar con la violencia necesaria de una fuerza telúrica, que reconfigura el mundo desde un movimiento no normalizado por el hombre.

 Aurelio Ayela

PAC – Proyectos que estás desarrollando ahora…

Aurelio Ayela – Siempre trabajo a la vez en muchas líneas de exploración distintas, en un proceso abierto que tiene algo de circular y traslatorio, así que no sé si son muchos proyectos o es todo el mismo. Lo que sí sé es que se está abriendo aún más el círculo, cada vez tengo más necesidad de trabajar fuera del taller, aunque no por eso el trabajo es menos intimista, pues son los paseos por el campo, en solitario o con mi perro, los que han sacado los procesos internos a pasturar.

También sigo investigando el dibujo térmico, formas alternativas de estampación directa, en difuminar más si cabe la frontera entre lo escultórico y lo gráfico de mi trabajo, en involucrar más explícitamente la acción y el movimiento en la naturaleza de la obra.



Articulos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *