Las pulsiones más bajas del ser humano

by • 14 junio, 2018 • Córdoba, Dibujo, Exposiciones, Galerías de arte, Millennial Artists, PinturaComments (0)798

Lo que nuestra sociedad normalizada consideró y sigue considerando hoy día como “bajezas del espíritu humano”, fueron los temas favoritos del cineasta italiano Pier Paolo Pasolini. Éste retrató la violencia y sexualidad practicadas sin principios, a modo de experiencia primitiva y animal, desde una visceralidad inusitada, candente y resuelta a poner en crisis la mirada del espectador. En un acto político, Passolini consiguió sacralizar el material más profano de la existencia humana, haciendo relucir los puntos muertos de nuestra existencia: la vileza y la degradación.

El cacereño Julio Díaz Rubio (1984) presenta en la Hormiga Galería (Priego de Córdoba) “Adoratori di Feticci”, un proyecto que se nutre de esa filosofía passoliniana para explorar las dimensiones expresivas más opacas e irracionales del individuo. Dibujos y pinturas de pequeño y mediano formato se trenzan generando un discurso plagado de referencias a una violencia y sexualidad desmedidas, las cuales son construídas desde una perspectiva puramente surrealista.

Julio Díaz Rubio
Inteligentemente, Díaz Rubio ha sabido conjugar su interés por la obra del cineasta italiano con algunas de las bases expresivas del Surrealismo. En pinturas como “Oscuro Objeto de Deseo I y II” o “Arcadia contigo, sin ti” (2018) encontramos una clara influencia de este movimiento, descontextualizando u omitiendo el artista distintas partes del cuerpo femenino, lo cual nos remite a obras como “Retrato de Roma” de Óscar Domínguez (1933) o “La Violación” de René Magritte (1945). Otro de los fundamentos propios de este “ismo” que podemos observar en la obra de Díaz Rubio aparece referenciado en algunos de los títulos de sus obras, esto es, la omnipresencia y protagonismo del Deseo. Para los surrealistas, el deseo era la auténtica y profunda voz del ser humano y un camino hacia la exploración personal, pero sobre todo, una expresión del instinto sexual y, de una forma sublimada, del impulso amoroso. Qué duda cabe que esta percepción del mismo resuena desde una perspectiva más moderna y quizá más truculenta en el pensamiento de Pasolini, recogiéndola Díaz Rubio y traduciéndola finalmente al dibujo y la pintura. No comulga el artista, y esto es destacable, con la visión pasiva de la figura femenina que ofrecía el Surrealismo, el cual describía a la mujer como una “compañera de ruta”, “objeto” (nunca sujeto) de estudio, un ser que había llegado al mundo para “ser descubierto” por los varones, “enigma” por descifrar. En la obra del cacereño la mujer es, efectivamente, un ser incógnito para el hombre, pero nunca pasivo, más bien lo contrario, un personaje cargado de fuerza expresiva, sexualidad y violencia, cuya energía y atractivo sobrepasan y empequeñecen al varón, incluso cuando éstas son víctimas y objeto de forzamientos y abusos. Qué duda cabe que este modelo femenino es más cercano a las féminas castradoras de Willem de Kooning o la Brigitte Bardot de Saura que a la etérea figura de Gala en la obra de Dalí. Ese potencial femenino absolutamente destructivo aparece retratado en “Biología de un deseo” (2017) o “Cincuenta y siete” (2016), siendo el contrapunto masculino “Autorretrato con una sombra y un amanecer” (2018) en el que el artista se autodefine como un hombre abatido y cabizbajo, atormentado por la perturbación femenina.

Julio Díaz Rubio

Con respecto a la técnica, cabría apuntar que aunque la obra de Díaz Rubio siempre se ha caracterizado por su práctica concienzuda de la figuración, el artista se va deshaciendo poco a poco de la exhaustiva narratividad en pro de otras fórmulas pictóricas, como la experimentación e inclusión del ensayo abstracto, el cual le permite crear una pintura que obliga a la expresión y la intuición. Otro aspecto interesante de la muestra sería la constante tensión que existe entre el dibujo y la pintura. La experiencia de Díaz Rubio como joven copista en el Museo del Prado refleja un dominio extraordinario del dibujo, y de una paleta cromática puramente académica, muy cercana a las tonalidades verdosas y grisáceas empleadas por Morandi. Lo más destacable en este sentido sería la presentación del dibujo, no como boceto o previo de la pintura, sino como obra finalizada e independiente, capaz de establecer diálogos extraordinariamente sugestivos con el resto de óleos. De hecho, la fuerza que adquiere el dibujo en la obra de Díaz Rubio, la sobriedad y potencia expresiva de su trazo, así como la selección de los temas para esta técnica, supera en muchos casos a las pinturas de mediano o mayor formato. Quién sabe si algún día el artista decida trasladar el dibujo a dimensiones mayores, regalándonos a los espectadores la experiencia del buen dibujo a gran escala.

En “Adoratori di Feticci” Julio Díaz Rubio traslada sobre el papel o el lienzo tres mundos que convergen y generan una atmósfera única, o mejor dicho, tres elementos que finalmente son el mismo: la brutalidad realista de Pasolini; la pulsión, sexualidad y muerte descrita por el Surrealismo y la austera pero grave presencia del dibujo. Cabe reconocer, por tanto, la audacia del artista a lo hora de seleccionar y trenzar estos tres componentes que desconectados por la historia, el tiempo y los compartimentos del arte, confluyen exitosamente en esta humilde pero contundente muestra.

Artista: Julio Díaz Rubio
Fechas: Hasta el 30 de junio de 2018
Lugar: La Hormiga Galería (Priego de Córdoba)

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