Música y acción (1ªParte)

by • 8 noviembre, 2012 • Centros de arte, Exposiciones, GranadaComments (0)1462


Del 19 de octubre 2012 al 13 de enero de 2013. Centro de Arte José Guerrero, Granada.

A pesar de que el museo en sí es el espacio de la representación, como mausoleo expositivo por antonomasia, él y toda la maraña de intemporalidad que detiene presas a las imágenes de arte que suponen galerías, centros de arte e incluso las malnacidas rotondas urbanas, por naturaleza todos ellos “auras tan consolidadas que a veces creeríamos aceptar que por sí solas respiran, meriendan e insultan la soledad de nuestro deambular”, auras que se oponen al público que aúlla, que se rasga las vestiduras envejecidas en la primavera de su atravesado circundar su ombligo, que se oponen como un poema militante y por lo tanto militarmente rimado a la naturaleza de las flores y la expresión artística, a pesar de todo eso, es oportunamente jocosa la vez que el vivo mundo del diálogo de lo absurdo se torna barbirrojo dominador del territorio, como si, por una sola vez, la deriva lo hubiera llevado a hacer gala de su existencia ante el hipertérrito público y poner bajo sus pies de plomo la jugosa caricia del caldo oceánico.

En un acto de guiño carnavalesco, con toda la seriedad que la exhibición ante el público sacrosanto merece, pues ni siquiera los simpatizantes merecen el respeto del oficial de turno, no deja de resultar así de cómico, dícese, a tener en cuenta, que un centro de arte se atreva a exponer tiempo en estado puro. Y qué tiempo. Y si resulta cómico, si de ello encontramos la representación de una paradoja, en sí misma por naturaleza asesina de su existencia misma, es que la convocatoria es digna de visitar, aunque contemos de entrada con que esos espejos, negros como bromas pesadas, hagan deambular de tanto en tanto nuestras orejas con prometedores vértigos a los que para nada nos queremos sentir acostumbrados. No sea que ello nos retire del letargo y nos devuelva del deambular al descubrir.

Algo así es lo que pretende el centro de arte José Guerrero: jugar a marcar con un metrónomo la inconsistencia más del público asistente que de la “bóveda celeste” que el aura del arte impone al relicario llamado museo. O de los dos a la vez, aunque de lo último ya hemos oído hablar bastante sin la recompensa de la eclosión final.

Con la música hecha representación, haciendo toda una fanfarronada a la vetusta épica de la obra de arte total de Wagner, en forma de ritual descompasado que es como manejar la corrección política actual con zapatos de un oracular clown, se nos presenta a nosotros, las estatuas fríamente convertidas en sal (como si hubiéramos querido mirar atrás con ambición de regocijo), el pulso evidente a la vista del precipitar algún que otro huevo nada cósmico, como pelotas de golf, sobre el territorio mismo sobre el que pisamos. Y encima van y repiten su repiqueteo como pesadas campanadas de bronce. Como haciendo llamada a la nueva cruzada de oriente. […]



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