¿No se olvida de algo el mercado del arte?

by • 14 febrero, 2017 • Mercado del arteComments (0)1701


En los últimos diez o quince años, el volumen de ventas de arte en España ha crecido en torno a un 70%. El mercado español suponía, ya en el año 2013, un 1% de las ventas a nivel mundial y ocupaba la sexta posición de la Unión Europea, con una cuota de un 2% de sus ventas. Según los últimos datos, el mercado español del arte da vida a cerca de 3.000 empresas, y emplea directa o indirectamente a más de 40.000 personas. Se puede decir, por tanto, que nuestro mercado de arte se ha convertido en un sector maduro y asentado.

Sin embargo, el mercado español del arte y las antigüedades adolece aún de una evidente falta de conciencia sobre los riesgos legales más típicos a los que se enfrentan quienes operan en él. Muestra de ello es la bajísima proporción de las ventas en las que las partes se preocupan de redactar un contrato. Algo que resulta muy sorprendente, si tenemos en cuenta que todos acostumbramos a celebrar contratos hasta para nuestras transacciones más triviales: la compra de un vehículo de segunda mano, la apertura de una cuenta bancaria o la contratación de una tarifa de telefonía. Sin embargo, en las transacciones de obras arte –incluso en aquellas en las que la obra de arte tiene un precio considerable– los contratos prácticamente brillan por su ausencia. En la mayoría de los casos, lo único que el comprador suele exigir al vendedor cuando adquiere una obra de arte es un Certificado de Autenticidad, o a lo sumo una factura. ¿Por qué?

Minimal secret, Voluspa Jarpa (Fotografía: Alfredo Sánchez Romero)

Como abogado, la verdad es que me cuesta encontrar una respuesta razonable. Lo lógico, en cualquier transacción, es que las partes traten de evitar riesgos y se protejan de los problemas que puedan surgir en el futuro. Además, la venta de una obra de arte suele ser una operación de cierta importancia económica para las partes, lo que refuerza más aún la importancia de la prevención. Especialmente si tenemos en cuenta que el coste del asesoramiento necesario para preparar un contrato no suele ser alto, sobre todo en comparación con el precio que se paga por algunas obras de arte. ¿Entonces, cuál es el motivo para que en este sector prácticamente no existan los contratos? Esta ausencia de visión legal, parece responder más bien a una cuestión de cultura o tradición del sector del arte y las antigüedades. Sencillamente, se desconoce lo mucho que puede marcar la diferencia el simple hecho de redactar un contrato cuando se realizan transacciones de arte.

Pero, concretamente, ¿por qué merece la pena redactar un contrato cuando compramos o vendemos una obra de arte? ¿En qué nos puede ayudar? A continuación, explico las razones más importantes.

En primer lugar, un contrato es la mejor prueba de la existencia de la transacción. Como es lógico, ante cualquier problema que pueda surgir tras la venta lo primero que hará falta será acreditar que efectivamente hubo dicha venta. Si, por el contrario, las partes se limitan a cerrar la operación con un apretón de manos, la prueba de esta relación contractual se complica. Ello podría traernos importantes problemas cuando, por ejemplo, queramos plantear una reclamación contra el vendedor o cuando tengamos que acreditar la venta ante la Agencia Tributaria con motivo de una inspección fiscal.

Además, en el contrato se especifican las condiciones de la transacción. Nuevamente, si estas condiciones no quedan por escrito, en el futuro será muy difícil probar cuáles fueron, con los consiguientes perjuicios que puedan derivarse de ello. Un ejemplo muy común es que en el contrato suele establecerse quién se hace cargo del transporte de la obra así como de los posibles daños que ésta pueda sufrir en el traslado. Si sólo se pacta verbalmente, no queda claro quién es responsable de los daños sufridos por la obra, lo que podrá aprovechar la parte perjudicada para generar un conflicto o una reclamación.

Por otro lado, en el contrato las partes dejan constancia del estado de conservación de la obra de arte y del grado de certeza sobre su autenticidad. Ello impide que, en el futuro, estas circunstancias puedan utilizarse en nuestra contra. Otro ejemplo típico es el de aquél que vende una obra de arte cuyo estado de conservación no es óptimo, pero hace una rebaja en el precio de la obra precisamente por esta razón. El comprador podría aprovechar el mal estado de conservación de la obra para intentar resolver la compra y pedir la devolución de lo pagado, lo que se impedirá si se ha reflejado por escrito que el comprador ya conocía estas circunstancias antes de comprar.

Por último, el contrato es el lugar idóneo para anticipar soluciones a problemas que puedan surgir en el futuro, lo que a la larga nos puede evitar conflictos, discusiones e incluso costosos pleitos. Por ejemplo, al adquirir una pieza de cuya autenticidad dudamos, podemos establecer en el contrato que la validez de la venta quedará condicionada a que se certifique la obra de arte por un experto y que en caso contrario se tenga que devolver el precio pagado o condicionar la comprobación al criterio de un determinado experto.

En definitiva, con un contrato dejamos constancia de una transacción y de sus condiciones, nos protegemos de los riesgos de la misma y anticipamos soluciones a problemas futuros. Mediante un contrato, contribuimos a que nuestras transacciones en el mundo del arte sean seguras, lo que permitirá que todos (artistas, instituciones, coleccionistas, etc.) disfrutemos de nuestras obras con la tranquilidad de saber que estamos debidamente protegidos. Por eso, y con más razón dada la madurez que empieza a alcanzar nuestro mercado del arte, hagámoslo bien: no nos olvidemos de los contratos.

Imagen: Minimal secret, Voluspa Jarpa (Fotografía: Alfredo Sánchez Romero)

* Todos los datos económicos y del mercado han sido extraídos del Informe “El mercado español del arte en 2014”, elaborado por Clare McAndrew y editado por Arts Economics (Disponible en la página web de la Fundación Arte y Mecenazgo: www.fundacionarteymecenazgo.org).
* Enlace a los derechos sobre la imagen: https://www.flickr.com/photos/alsaarom/8262459246/.



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