Notas sobre el galerismo de arte contemporáneo en España

by • 27 mayo, 2015 • Ensayos Absolut, Mercado del arteComments (2)5882


La profesionalización del sector del mercado del arte en España es un proceso en continua evolución que ha mantenido distintas etapas a lo largo de los últimos treinta años.

Estampa Matadero Madrid 2014

El número de galerías de arte contemporáneo en nuestro país ha ido creciendo gracias al ascenso cultural de nuestra sociedad y al desarrollo de su capacidad económica que, a pesar del desigual interés de nuestras administraciones en los sucesivos gobiernos, tiene que competir con la potente oferta de espectáculos de entretenimiento y aficiones deportivas con que la sociedad actual busca ocupar su tiempo de ocio y consumo.

Sin embargo, las circunstancias especificas de cada proyecto galerístico en nuestro mercado, -según las condiciones económicas y políticas de cada momento, y el distinto respeto y prestigio que la sociedad española ha concedido al arte contemporáneo-, han generado distintos comportamientos galerísticos que, o bien no han podido sostenerse por falta de capacidad de adaptación, sobreviviendo otros a las inclemencias de un mercado muy poco estable y sometido a caprichosos avatares que dependían de los proyectos culturales y educativos de nuestros administradores nacionales y locales y no, como sería de desear, de la sociedad civil, del interés y compromiso real del ciudadano.

En general, y desde el punto de vista de la demanda –factor poco valorado por los agentes del mercado del arte- podríamos decir que la consideración hacia los clientes de estos negocios ha dejado una actitud que oscila entre la mayor de las indiferencias y desconsideración al comprador y coleccionista privado (por la ausencia de inversión de tiempo, formación y generación de afinidades personales como de atención posventa y seguimiento de cartera de clientes) hasta la atención al coleccionista pequeño y medio, asesores, decoradores y comprador esporádico atendido y cuidado como si de cualquier otro tipo de consumidor se tratase en cualquier otro sector de consumo y fidelización de cliente.

Es cierto que, en determinados momentos, las compras fundamentales de nuestro mercado de arte contemporáneo han sido realizadas por encargo de las distintas administraciones públicas del Estado gracias a las partidas presupuestarias destinadas al apoyo al arte y a la construcción de colecciones publicas destinadas a dotar de contenido y sentido un gran numero de nuevos museos y centros de arte, que a lo largo de toda nuestra geografía han proliferado, proyectados y financiados por Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Gobierno Central.

Al calor de esta inyección de recursos financieros, un buen número de galerías, -fundamentalmente nacidas durante la década de los noventa cuando se fomenta un crecimiento y desarrollo de las industrias culturales en España-, optaron como estrategia comercial servir de proveedores únicamente a las colecciones publicas, creando y aportando las obras y los nombres que han contribuido a formar la historia reciente del arte contemporáneo español, constituyendo las referencias fundamentales para conocimiento y formación de la sociedad española y las generaciones más jóvenes, así como servir de enlace comercial para el arte procedente de otros países que ha ido incorporándose a nuestras colecciones.

Sin entrar a valorar la calidad, oportunidad y responsabilidad de nuestras colecciones publicas, que cuentan con valiosos proyectos de alcance nacional y también con iniciativa más cuestionables, construidas a través de las galerías españolas a en los últimos 25 años, si me gustaría llamar la atención sobre un hecho que ha generado parte de la frustración que nuestra sociedad percibe cuando les hablamos de arte contemporáneo.

Me refiero al descuido al coleccionismo privado, ya sea comprador esporádico, del coleccionista pasivo, como al pequeño coleccionista o coleccionista medio cuyos presupuestos no exceden de los 25.000 euros al año. Diríamos que en el momento del hundimiento de la actividad galerística en 2012, a partir de la quiebra del sistema financiero español en abril de aquel año, el sector despierta de una situación que yo llamo de doble ficción. Una doble ficción en la que estuvo viviendo los últimos veinte años: el dinero público y el dinero procedente de burbujas económicas gestionado por ciudadanos poco instruidos culturalmente y por lo tanto dados a un “coleccionismo” sin compromiso cultural, basado tanto en la inversión financiera como en la actitud superficial de apariencia social, muy poco sostenible desde el punto de vista de la fidelización de cliente y proyecto coleccionista a medio y largo plazos.

Con la desaparición de esta doble ficción coleccionista, de estas dos grandes fuentes de recursos financieros, el sistema se hunde y pueden mantenerse con grandes esfuerzos las galerías que o bien no dependían excesivamente de lo público y habían realizado un trabajo correcto con el coleccionismo privado por un lado, y por otro las galerías que se adaptan e incluso nacen en condiciones de crisis económicas, trasladando sus locales a zonas con alquileres más asequibles o con espacios más pequeños, adecuando sus estrategias y proporcionando sus producciones y gastos al jibarizado mercado. Y por su puesto, poniendo la atención en el cuidado y promoción de los coleccionistas privados.

Uno de los condicionantes que tiene la adecuada atención y cuidado al coleccionista privado, al comprador esporádico, incluso al coleccionista pasivo que puede despertar en cualquier momento, es su gran cantidad de horas de dedicación, de trabajo menos agradecido, menos lucido, comprometido con el horario comercial y atención al público, del cuidado de la posventa, al facilitar el seguimiento de los artistas y sus avatares por parte de los coleccionistas, de las condiciones de trabajo y precios de las obras, de la asesoría cultural y de mercado, y en general todo aquel trabajo que supone la adecuada atención a un consumidor exigente como es el del comprador y coleccionista de arte contemporáneo.

Según mi experiencia, para que un galerista proyecte sobre sus clientes (compradores y coleccionistas pero también sobre la critica, el periodismo especializado y los comisarios y directores de instituciones) y sus proveedores (artistas fundamentalmente, así como embaladores, transportes, montadores, proveedores de seguros y publicaciones) las garantías de profesionalidad, estabilidad y confianza que necesita su negocio para crecer, mantenerse y adecuarse a la realidad socioeconómica de cada momento, para que esto pueda suceder, el galerista necesita tres condiciones que forman parte indivisible de su carácter y personalidad, mantenidos al máximo nivel posible. Y son: el interés y formación cultural, la implicación y actividad social, y la responsabilidad de los resultados económicos y de estrategias de carácter empresarial.

El primero de los niveles, el cultural. Un galerista debe ser lo que entendemos en general como una persona culta. No solo conoce, si no que le interesan activamente la historia y actualidad de la creación literaria, de la música culta y sus derivas populares, de la creación contemporánea en general, estando atento a las interrelaciones de las distintas artes y el interés de los artistas contemporáneos con las relaciones entre ellas. No me refiero a erudición académica ni especialidades específicas –que deberían quedar en un lugar más personal- pero si de un gusto por la lectura y la escucha, por los estrenos, avances en sociología, estética, por poner ejemplos. Es decir, lo que en general entendemos por estar informado sobre la actualidad y análisis de la creación contemporánea.

El segundo de los niveles es el factor social. Un galerista debe estar siempre dispuesto a asistir a inauguraciones y convocatorias, participar en congresos, bienales, ferias y viajes, organizando y concitando cenas de relaciones públicas y almuerzos de trabajo con artistas, coleccionistas y especialistas de arte y cultura. Es tarea inicialmente muy grata hasta que la agenda empieza a desbordarse y comienza a ocupar el espacio necesario para el trabajo de reflexión y toma de decisiones que exigen tiempo detenido en solitario o en colaboración del equipo de la galería. Por eso la necesidad de una buena programación: no se puede ir a todo, hay que ir donde tienes que ir. La actividad social mantiene viva y de primera mano la información sobre nuestro medio y da al galerista una tensión y aproximación a la realidad del sector necesaria para su mejor adaptación e integración del proyecto empresarial en el mercado.

En tercer lugar pero no en último, el factor empresarial. Al galerista debe gustarle ganar dinero, ser motor económico y hacer ganar dinero a sus artistas y proveedores, manteniendo siempre saneadas las cuentas de su negocio. Hablar de arte y dinero es un reto que la sociedad española comienza ahora a superar con naturalidad pues la mitificación del trabajo tanto del artista como del galerista mantienen en una situación ficticia las áreas más prácticas del negocio del arte en la galería: la viabilidad y sostenibilidad de los negocios del arte.

Tres niveles que mantenidos en sus máximos posibles en cada momento de la vida de la galería, van a a dar a la imagen del proyecto y a su comunicación con los compradores y coleccionistas una sensación de solidez, confianza y estabilidad al proyecto, manteniendo la tranquilidad, credibilidad y seguridad del coleccionista cuyo objetivo –siempre hablando en líneas generales- será la de tener una relación satisfactoria con sus galerías, artistas y agentes del entorno de la galería y el medio en general.

Siendo muy conscientes de esta teoría de los tres niveles, para su comportamiento y actitud, el galerista tiene un gran número de herramientas y recursos para desarrollar adecuadamente su trabajo. Si además se implica con proyectos colectivos en asociacionismo y colaboración corporativa, obtendrá el reconocimiento de sus compañeros de profesión.

Quizá no haya una profesión más exigente y difícil que la del galerista de arte contemporáneo. Comprometida con nuestros creadores y con sus pequeños y grandes mecenas que son nuestros coleccionistas, nuestros conciudadanos que están dispuestos a implicarse con el arte contemporáneo por gusto, vocación y apasionamiento. Creo que es una de las labores más difíciles tanto desde el plano personal como profesional que existen hoy de entre todos los retos profesionales del ser humano. Quizá el más apasionante y completo.

Y esto es lo que tratamos de hacer en la feria Estampa: reunir galerismo de gran calidad y construir coleccionismo sostenible, generando actividad empresarial y de negocio a través de las relaciones sociales más interesantes, presididas por el interés cultural y tratando de mantener nuestras cuentas en el mejor punto de equilibrio. Evitando los excesos del discurso que promociona la compra de arte contemporáneo como inversión financiera y conduciendo nuestra propuesta hacia la inversión personal, la inversión social y trabajando para que el apoyo desde la administración a las actividades de mecenazgo, den el respaldo social adecuado para lograr una industria del mercado del arte contemporáneo cada vez más rica, fuerte y estable con agentes y profesionales solidos que muestren la fortaleza de la creación española y proyecten hacia nuestros vecinos europeos, anglosajones, iberoamericanos y orientales, la capacidad de nuestro potencial creativo, artístico, social y empresarial.

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Chema de Francisco Guinea. Director de Estampa Feria internacional de Arte Contemporáneo, director del programa Colecciona. Vocal de la junta directiva de la Asociación 9915 de Coleccionistas de Arte Contemporáneo.

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2 Responses to Notas sobre el galerismo de arte contemporáneo en España

  1. PepeAlvarez dice:

    Mantener los equilibrios.
    Genial

  2. […] Notas sobre el galerismo de arte contemporáneo en España – 27 mayo, 2015 – Chema de Francisco Guinea […]

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