THE FUNERAL. C3A, el centro de arte que murió antes de nacer

by • 6 abril, 2017 • Centros de arte, Córdoba, ExposicionesComments (0)1510


The Funeral es la propuesta crítica que el pasado 1 de abril lanzaron desde el C3a de Córdoba nueve artistas andaluces: Antonio Blázquez, José Jurado, Juan López López, María Alcaide, María Cañas, Nano Orte, Rafael Chinchilla, Raquel Soto y Manuel Zapata. Este colectivo, compuesto por creadores de distintas edades e inquietudes, puso en marcha una intervención/ ocupación artística del C3a, poniendo de manifiesto las extrañas circunstancias que han rodeado al nacimiento de este centro.
The Funeral

El C3a de Córdoba abrió sus puertas el 19 de diciembre de 2016, presentando públicamente un ilusionante proyecto para nuestra comunidad: un espacio dedicado a la creación, la experimentación y las sinergias artísticas en pleno corazón de Andalucía. Una inversión de 30 millones de euros ha hecho posible el proyecto arquitectónico que supera con creces la escala humana, y que fue finalizado en 2012. La crisis económica fue el primer hándicap al que el C3a se enfrentó, permaneciendo cerrado sin posibilidad de dirección y programación durante 4 años. Sus primeros pasos tras la apertura tampoco han sido muy halagüeños. Lejos de dar el pistoletazo de salida con una dirección establecida y una programación anual detallada, el C3a comenzó sus andadas dependiendo administrativamente del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), convirtiéndose así en una especie de “cajón de sastre” en el que se han dado cita proyectos de desigual naturaleza e interés. El centro experimental que toda la comunidad artística andaluza anhelaba conocer, se ha ido desinflando progresivamente en sus primeros meses de vida. Esta es la situación que han evidenciado los nueve artistas de The Funeral.

The Funeral

Algunas de las propuestas han abordado directamente la situación del C3a, mientras que otras reflexionan desde una posición más genérica, entrelazándose en el discurso crítico. Las 17 Cajas de programación caducada (2017) del cordobés Antonio Blázquez plantean de manera unidireccional el fallo programático de los primeros meses de vida del centro. En una línea más documental, José Jurado presenta Inauguración (2017), una serie compuesta por imágenes del acto inaugural y algunos recortes de prensa en los que se anunciaba el feliz evento. El vídeo de Juan López López, The Emptiness (2017), también hace referencia al proyecto fallido a través de una sucesión de planos estáticos del interior del C3a, meses antes de su apertura, durante el largo letargo que lo mantuvo cerrado a cal y canto. En el vídeo de López no hay rastro humano, solo espacios y volúmenes. Las 59 tarjetas de visita de Raquel Soto, You are welcome DOLORE (2017) también ahonda en la herida a través de un formato que nos da la bienvenida y que a la vez es un muestrario de mensajes sumamente críticos. Y en relación a las visitas que recibe el centro (o que no recibe), cabría destacar una de las piezas que aportan los sevillanos Rafael Chinchilla y Manuel Zapata, quienes han creado un contador cerámico que recoge el número de habitantes de Córdoba en negativo, evidenciando así de la falta de visitantes locales al centro y por tanto, la desidia o desinterés. En una línea crítica más global quedan las piezas de María Cañas, Nano Orte y María Alcaide. La primera, veterana del grupo, lleva a cabo en Down with Reality (2006) una aproximación reflexiva y poco ortodoxa, en clave de falso documental, al mundo de los reality shows a través del arte contemporáneo y el amor al cine. Orte, por su parte, reflexiona sobre las dinámicas y procesos de selección competitivos a los que se someten los artistas, comparando esta realidad con el funcionamiento del mercado de valores (Sobre la concurrencia competitiva en las Artes, 2017). Por último, encontramos la intervención de María Alcaide quien ha sintetizado en un fanzine de 16 páginas una serie de lecturas relativas al fracaso (Pedrada. Lecturas sobre el fracaso, 2017).

The Funeral

Resulta interesante observar como los artistas han elegido la propia institución, el propio espacio del C3a, para emitir su crítica, generando una evaluación del funcionamiento del centro desde el propio centro. Este tipo de de acciones reflexivas, que en este caso han sido promovidas por agentes externos, deberían partir de la propia institución por el bien de su salud. La autocrítica siempre ha sido una actividad necesaria que nos permite crecer con fortaleza. En este caso, el análisis ha sido llevado a cabo por un conjunto de artistas ajenos al centro, cuyas carreras están, curiosamente, muy ligadas a propuestas de tipo relacional, es decir, proyectos colectivos que nacen de los propios y escasos recursos de sus participantes, y que se oponen de plano a los “grandes contenedores vacíos”. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve crear un centro de arte faraónico si no hay medios económicos para su programación ni interés humano en éste?

Por suerte, el C3a comienza a ganar cierta estabilidad con el reciente nombramiento de su nuevo director, Álvaro Rodríguez Fominaya, quien estará el frente de esta compleja empresa los próximos años y quien esperamos insufle vida al centro, convirtiéndolo en un espacio expositivo, de experimentación y de trabajo artístico referencial en nuestro país.



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