Veinticuatro paisajes que son el mismo

by • 23 abril, 2018 • Exposiciones, MálagaComments (1)1397

Los vecinos de Genalguacil todavía mantienen la antigua tradición del blanqueo de las fachadas de sus casas, lo cual convierte al conjunto arquitectónico vecinal en una gran masa nívea de volúmenes ortogonales y aristas que asciende por el Valle del Genal, un paraje forestal compuesto, principalmente, por alcornoques, castaños y pinos. Este paisaje, como podrán adivinar, nos ofrece una de las panorámicas más bellas de Andalucía, pero a la vez supone una importante barrera geográfica. Las enormes paredes boscosas del Valle han aislado geográficamente a los habitantes de este pequeño pueblo, quienes pueden deleitarse admirando su propio entorno, pero no ver más allá de la ondulante línea que describe la sierra. Éste aspecto ha forjado, como no podía ser de otra manera, un sentir y un carácter popular que es hospitalario con sus visitantes, pero diametralmente opuesto a la extroversión y el halago fácil. El paisaje en Genalguacil es, por tanto, algo más que un elemento agradable a la vista o un lugar de reencuentro con la naturaleza, llegando a determinar una identidad colectiva.

paisaje

Javier Palacios

Dada su importancia, parecía imprescindible y absolutamente pertinente dedicar una exposición al paisaje en el museo local de arte contemporáneo Fernando Centeno. Paisaje. Entorno y contexto ha sido la materialización de dicho anhelo, una extensa y variada muestra comisariada por el malagueño Juan Francisco Rueda (1977), e integrada por 24 artistas andaluces que de manera directa o indirecta trabajan sobre el tema del paisaje. La enorme variedad de mensajes y técnicas que presentan las obras en particular, así como los diálogos que el comisario establece entre ellas, pueden llegar a superar al espectador en un primer momento. Hablamos de una muestra muy rica y a la par compleja que requiere tiempo y espacio para ser digerida.

Aunque resulta enormemente estimulante descubrir los hilos argumentales que el comisario ha establecido, existe un espacio creativo para el espectador en el que puede generar sus propias conexiones e ideas sobre el paisaje. En la primera sala convergen, por ejemplo, cuatro artistas que trabajan en torno a la ficción en el paisaje desde distintos postulados. El primero de ellos sería José María Escalona, quien recreó en un invernadero de pequeñas dimensiones un paisaje conformado por plantas de convivencia incompatible. Acompaña a esta instalación una serie de fotografías que cristalizan en el tiempo los primeros momentos de coexistencia, cuando todavía no se habían destruido las unas a las otras. La fotografía se muestra, por tanto, como cómplice de la falsedad mientras la realidad reside en las plantas sin vida del invernadero. También sobre la dimensión teatral que adquiere la fotografía en relación al paisaje trabaja Noelia García Bandera, quien presenta en esta exposición dos instantáneas de dos telones de fondo comúnmente utilizados en los antiguos estudios de fotografía, los cuales enmarcarían al fotografiado en un ambiente de nebulosa abstracta. Javier Palacios, por su parte, se adentra en la construcción ficticia del paisaje combinando pictóricamente y sobredimensionando un conjunto de piedras que acaban convirtiéndose en grandes menhires, casi insignias del paisaje. El videomapping que José García Valles ha programado en su pieza Low Poly Mountain (2016) también describe un falso paisaje, una vista virtual que siempre es cambiante, y por tanto nos habla de una naturaleza inestable. Las metáforas paisajísticas que elabora el sevillano son especialmente potentes debido al hipnotismo que provocan los haces de luz sobre la orografía de cartón.

paisaje

Efectivamente, uno de los temas más relevantes de esta exposición es el carácter maleable del paisaje y el poder de alteración que sobre él tiene el hombre, convirtiéndose el primero en reflejo fiel del individuo y su mundo. Las fotografías de Antonio Navarro son un claro ejemplo de ello. Sus instantáneas inmortalizan los restos humanos que se generan tras los encuentros sexuales furtivos en ciertos espacios naturales. Dichos escenarios aparecen marcados por objetos o símbolos que delimitan y describen el sentir y las costumbres de un grupo social específico en una época concreta. Esa misma clave sociológica, aunque más política y crítica presenta la vídeo creación de Juan Carlos Robles, Catarsis (2013), la cual nos sitúa en el complejo y violento escenario provocado por la reciente crisis económica. El ciudadano es en la obra de Robles un animal de zoo que se ve obligado a cruzar una y otra vez por el aro. En éstas últimas obras el paisaje se desvela como un elemento capaz de contener y transmitir ideas culturales, políticas, sociales e incluso filosóficas. Ocurre así con la obra de Moreno y Grau, quienes con fotografías de pequeño formato han configurado un paisaje natural fragmentado en el que los contrarios propician el nacimiento de la vida, tal y como se describe en la filosofía oriental. El panorama marítimo que Javier Artero recrea en su vídeo se inspira en otra etapa filosófica, el Romanticismo, retrotrayéndonos a la clásica confrontación entre el pequeño individuo y la inconmensurable naturaleza. No podemos dejar de pensar en Friedrich y en su Caminante sobre el mar de nubes. Esa revisión del pensamiento y la creación artística también está presente en la obra de Julio Anaya Cabanding, quien recrea pictóricamente dentro y fuera del museo Vista del Castillo de Gaucin, una obra decimonónica firmada por Genaro Pérez Villaamil. El trabajo de Cabanding nos sitúa en un plano metapaisajístico que dialoga con la propia geografía del pueblo y que también reflexiona sobre la construcción del paisaje en la historia del arte.

En una línea más vivencial, alejada de lo puramente teórico, que pretende hablar del paisaje desde la experiencia humana, se sitúan las obras de Arturo Comas, Juan del Junco, Aaron y José Medina Galeote. El primero de ellos presenta un vídeo en el que el paisaje se convierte en el marco circunstancial de una propuesta de maquinaria absurda. Caminar por el medio natural con dicho artificio es, paradójicamente, la única manera de hacerlo funcionar y por lo tanto, de que adquiera sentido, al menos, como mecanismo estético. En los dos proyectos que presenta Juan del Junco, el vídeo El Mensaje y la serie fotográfica Buscando oropéndolas obsesivamente (2016), la búsqueda que el artista emprende para encontrar ciertos escenarios o ciertos ejemplares de ave se convierten en la razón de ser del proyecto artístico y, por tanto, del paisaje. También existe una exploración sistemática del medio en la obra de Aaron, fundiéndose el artista con el entorno y registrando cómo éste se transforma, convirtiéndose en un lugar en proceso como su propia obra. Medina Galeote, por su parte, experimenta con el espacio más sagrado para el artista, su estudio, llevando a cabo un frottage del suelo del mismo que se convierte en una nueva cartografía de un paisaje desconocido, inexistente.

paisaje

Esta visión del paisaje como medio de confrontación, indagación y experimentación del espíritu humano es relativamente contemporánea, sin embargo, la representación pictórica del paisaje arranca desde la era primitiva, es por ello que la pintura de paisaje, en sus diversos lenguajes y formas, debía tener una presencia fundamental en esta exposición. Los paisajes abstracto geométricos de tintas planas que construye el sevillano Ramón David Morales conviven con el espíritu “matisiano” de Matías Sánchez, encontrándose en esa misma línea más lírica que exalta el ingenuo pero exquisito monte de Cristina Lama. Los pequeños óleos de Francisco Javier Valverde también muestran una apariencia geométrica, sin embargo, se trata de una pintura de concepto: el artista se aproxima tanto al detalle del paisaje que pierde su perspectiva general, convirtiendo una panorámica completa en pequeños fragmentos abstractos. En un ámbito más figurativo se encuentran las obras de Antonio Montalvo e Irene Sánchez Moreno, las cuales hacen alusión al carácter inhóspito de la naturaleza. Montalvo lo hará desde la oscuridad y densidad de un bosque absolutamente desacogedor, mientras que las masas rocosas de Irene dibujan la fuerza destructiva de la misma. Pero, sin duda, el maestro del paisaje desapacible y funesto será Francisco Peinado, quien a pesar de pertenecer a una generación pictórica anterior, no abandona ese lenguaje expresivo plenamente moderno y rupturista. Otro diálogo interesante se establece entre la atmósfera acuosa de Miguel Gómez Losada, la ventisca con temperamento barroco de Jesús Zurita y el lenguaje “camuflaje” de Medina Galeote.

Aunque la exposición presenta multitud de lenguajes y diversas formas de enfrentarse a la representación artística del paisaje, existe un trasfondo o leitmotiv que posibilita un discurso armónico: cada una de estas piezas habla de una percepción y comprensión concretas del paisaje, marcado quizá por la propia geografía o identidad andaluza, y a su vez, sostienen un diálogo permanente con el entorno natural de Genalguacil. En este sentido, las piezas instalativas de Paloma de la Cruz y Moreno Carretero pueden llegar a desvelar parte de ese hilo invisible. La primera lo hará a través de la construcción de un paisaje cerámico que es en realidad una especie de colcha plagada de encajes, dos labores éstas -la cerámica y el encaje- harto simbólicas en nuestra tierra. El segundo lo hará con la recreación de un paisaje montañoso a base de piezas de pizarra que nos remite al propio “envoltorio orográfico” del pueblo, aunque más explícita será su segunda instalación, en la que el artista recrea a pequeña escala un mapa geográfico de Andalucía que se sostiene sobre unas patas de mesa. En Paisaje. Entorno y Contexto existe, por tanto, un matiz intelectivo de nuestro medio natural -científico, sentimental o político- que ha conseguido conjugar la pluralidad de estos 24 lenguajes en un proyecto expositivo único.

Comisario: Juan Francisco Rueda
Fecha: hasta el 20 de mayo de 2018
Lugar: Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno (Genalguacil, Málaga)

Post Relacionado

One Response to Veinticuatro paisajes que son el mismo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *