‘Vírgenes para vestir’. Chelo Matesanz en Galería Espacio Olvera.

by • 13 febrero, 2018 • Dibujo, Escultura, Exposiciones, Galerías de arte, Pintura, SevillaComments (0)1938

El pasado 3 de febrero se inauguraba en la galería Espacio Olvera (Sevilla), ‘Vírgenes para vestir’, la primera exposición individual de Chelo Matesanz (1964, Reinosa, Cantabria) en Sevilla. Una exposición que se nutre de la figura barroca de la virgen de candelero (muy presente en la semana santa sevillana) y de la representación zurbariana de la virgen (representación austera y sobria, donde el claroscuro otorga un carácter místico). ‘Vírgenes para vestir’ es una constatación más de la madurez artística de Chelo Matesanz, donde su trayectoria le ha llevado, no sólo a la maestría en el uso de las diferentes técnicas utilizadas, sino a la capacidad de transmitir mediante la sencillez de sus trabajos.

Chelo Matesanz

Esta exposición (como su propio nombre indica) parte de la ausencia y la carencia. De forma literal y haciendo referencia a la virgen de candelero, la ausencia y carencia de ropajes o prendas, lo que deja ver una desnudez que presenta otras ausencias y carencias, como la del propio cuerpo o la sexual.  Matesanz subsana estas carencias llevando a cabo un juego donde lo ausente parece volverse presente, procurando a estas vírgenes tejidos con los que arroparse, de atributos sexuales con los que percibir nuevas sensaciones…  ¿Respeto, irreverencia? Chelo Matesanz muestra una superación del solipsismo moral al que la sociedad somete toda acción, todo hecho, toda palabra. Una superación que pretende dejar atrás juicos cargados de puritanismo e hipocresía y encauzar el discurso en torno a las entrañas artísticas de la exposición.

Chelo Matesanz

En ‘Vírgenes para vestir’ destaca un fuerte componente escenográfico. De entre un lóbrego juego de luces (que podría evocar a la oscuridad teatral lorquiana y su carácter premonitoriamente trágico), emergen cinco trabajos de Matesanz. Una llaga sinuosa y sangrante es palpada sobre un lienzo de lino, que a su vez es abrigado a medias por un jersey negro. Un candelero sin virgen sobre el que se posa una argamasa de barro policromado y dorado, del que surgen formas genitales. Un relieve dorado (parece extraído de un retablo barroco) en el que se confunden figuras carnales femeninas entre la vegetación. Una virgen de candelero, colosal, sin candelero, cuyo trágico rostro y brazos de madera están cosidos mediante retales a un gran paño de lino teñido de negro que cae del techo y se extiende por el suelo. Por último, una virgen pespuntada en una tela negra, sin vestir y cuyo candelero, de madera rosada, está rodeado por una falda de oscura transparencia.

Chelo Matesanz

Según la propia Chelo Matesanz, en la entrevista que le realizó Bea Espejo para el catálogo de su exposición ‘Degoteo’ en la Sala de Arte Robayera (Miengo, Cantabria), “si no hay fibra emocional, no hay nada”. Una declaración radical que sigue cobrando un valor fundamental en esta exposición. ‘Vírgenes para vestir’, lejos de contagiarnos de una emoción manifiesta y evidente, es capaz de transmitir una emoción de contención. La sensación de encontrarse en el justo instante anterior al enardecimiento y la conmoción del alma, sin ser capaz de categorizar el suceso venidero. Justo ese instante en el que el pecho conserva todo el aire posible, como con miedo a expulsarlo ante la duda de lo que vendrá.

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