Woman Art House: Marina Abramovic

by • 6 abril, 2018 • Woman Art HouseComments (0)1630

Esta semana el hilo de #womanarthouse está dedicado a la artista serbia Marina Abramovic, una de las pioneras de la performance e icono del arte contemporáneo mundial. Aguantad la respiración porque… ¡empezamos!

Marina Abramovic

Nacida en Belgrado en 1946, hija de guerrilleros yugoslavos comprometidos con el régimen, se formó en la Academia de Bellas Artes de Belgrado. Sus estudios se convirtieron para ella en una inagotable herramienta de rebelión contra las restricciones culturares que sufrió en el contexto de posguerra.

Comenzó su trayectoria en los años 70, pese a los obstáculos que la rodeaban. Sus primeras obras se centraron en instalaciones de sonido. Poco a poco su incursión en la performance, que permitía llevar su cuerpo al límite, explorar los límites de lo psíquico y mental y buscar nuevos caminos hacia la libertad.

Abramovic apostó por utilizar su propio cuerpo como una instalación viva, en la línea del emergente “body art”. Sus acciones comenzaron a servirle de ritual de purificación, encaminado a liberarla de su pasado.

Marina Abramovic

En este sentido, la manera más directa y catártica que encontró para derribar los muros psíquicos y emocionales del pasado fue llevar el momento presente hasta el extremo. El aquí y el ahora se hacen brutalmente presentes cuando se siente dolor o peligro, en plena exposición a los agentes externos al propio yo. Por ello en sus intervenciones públicas se inflige dolor físico, se somete a estrés y sufrimiento psíquico y se lleva a sí misma hasta el agotamiento absoluto, mediante performances de larga duración. Para ella, el peligro y la incertidumbre son la única vía hacia la transformación emocional y espiritual, aunque eso implique dañar su propio cuerpo durante el proceso.

Una de sus primeras y más polémicas obras fue “Rhythm 10” (1973). Usó 20 cuchillos para apuñalar rápidamente los espacios entre sus dedos abiertos y, cada vez que atravesaba su piel, seleccionaba otro cuchillo de los cuidadosamente colocados frente a ella. Todo esto era filmado; así, tras media hora, comenzó la emisión en diferido de la primera mitad de la actuación, utilizando el sonido de los cuchillos que golpeaban el suelo, y su mano, para repetir los mismos movimientos, cortándose al mismo tiempo.

Por otro lado, además de buscar sus límites físicos y psíquicos, interroga y evidencia también los del público. En sus obras atestigua su dolor ante la mirada ajena y crea un punto de disrupción al ceder al espectador el poder de concluir sus obras, mediante la intervención espontánea.

Marina Abramovic

Fue “Rhythm 0” (1974) la performance que más polémica despertó entorno a su arte. Se situó en medio de la Galería Studio Mora en Nápoles y abrió la puerta al público. Carteles en la pared advertían “Yo soy el objeto. Durante estas seis horas, tomo completa responsabilidad.” Los espectadores tenían para escoger entre 72 objetos (sal, látigos, tijeras, plumas, libros, miel, etc) con los que interactuar libre e impunemente con el cuerpo de ella, inmóvil. Esta provocación a la acción manifestó a dos tipos de espectadores: aquellos que trataron de dañarla (incluso llegando a cortarla, pincharla y apuntarle a la cabeza con una pistola cargada) y aquellos que trataron de protegerla (secándole las lágrimas). Tras seis horas inmóvil, los segundos instaron a parar la obra, pues los actos de los primeros se volvían cada vez más violentos.

“Después de exactamente seis horas, según el plan, me levanté y empecé a caminar hacia el público. Todos escaparon, evitando un enfrentamiento real”, dijo la artista. Declaró: “El público puede matar. Pero tienes que ir con el corazón lleno de esperanza. Si no, te quedas en casa o en la habitación del hotel pensando qué puedes hacer.”

“Art must be beautiful, artist must be beautiful’ (1975) al igual que la serie “Freeing… “ (Freeing the Body, Freeing the Voice and Freeing the Memory ( 1976), no trata sobre el dolor físico, sino del estado mental al que se puede llegar a través del dolor. Peina su cabeza con un cepillo y un peine, repitiendo “el arte debe ser bello, el artista debe ser bello”.

Su trabajo se ha desarrollado en un mundo (el artístico) dominado por los referentes masculinos. Sin embargo, ella no se reconoce feminista, sino que asume, en sus propias palabras, que el arte no tiene género. Declara: «Nunca he sentido que haya sido suprimida por ser mujer –siguió–, pero hay un hecho: hay más artistas varones que mujeres por una simple razón, las mujeres no están preparadas para sacrificarse por el arte tanto como el hombre, por el hecho de que la mujer quiere tener una familia, un amor y el arte y la mala noticia es que no se puede. Tenemos una sola energía».

Entre 1976 y 1988 colaboró con el artista alemán Ulay, que se convirtió en su compañero profesional y sentimental durante décadas. Sus impactantes performances juntos exploran los parámetros del poder y la dependencia dentro de la relación triangular entre ambos y los espectadores. Les interesaban las dicotomías mente-cuerpo, pasividad-acción, hombre-mujer…

En algunos proyectos involucraban al público incluso a la fuerza, como en “Imponderabilia” (1977), donde se miraban desnudos en un pasillo muy estrecho justo en la entrada del museo, lo que provocaba que los asistentes terminaran rozando sus cuerpos totalmente desnudos al pasar por allí.

Especialmente impactante fue “Rest Energy” (1980), parte de la serie “That Self”. Abramovic se exponía apuntada por una flecha, directamente al corazón. Entre ella y Ulay sostenían el arco tirante cargado, con sólo la fuerza de sus cuerpos manteniendo la tensión. Micrófonos grabaron la respiración y el pulso acelerados de ambos.

Vuelve a exponer el concepto de poder entre sexos, el círculo de violencia, maltrato y el dolor físico sufrido por parte de la pareja en “Light/ Dark”, donde, como en una especie de lucha descontextualizada, es abofeteada y ella abofetea de un modo cada vez más virulento y apresurado.

Marina Abramovic

Entre 1981 y 1987 Abramovic y Ulay hicieron una serie de performances acerca del mundo titulada “Nightsea Crossing”, en la cual se instalaron como “tableaux vivants” en museos. Su último trabajo conjunto, “The Lovers: The Great Wall of China” (1988) es su despedida como compañeros sentimentales. Caminaron 2.000 km a lo largo de la Gran Muralla China, comenzando cada uno en los extremos opuestos, encontrándose en el medio. Tardaron tres meses, y cuando lo hicieron, se despidieron para siempre.

Tras la separación le fue muy difícil volver a trabajar. Decidió contar su biografía en una obra de teatro, “Vida y muerte de Marina Abramovic”,cada seis o siete años. De esta manera conseguía crear una distancia entre sí misma y el dolor de su vida privada. Como ya hiciera con objetos o armas, en esta ocasión cedió su biografía al público, en un acto de entrega absoluto para que éste pudiera proyectarse en ella y usar esta confesión autobiográfica a su antojo o necesidad.
Desde principios de los noventa, se centró en instalaciones objetuales que ella definió como Transitory Objects. Al incorporar a sus acciones materiales naturales como piedras semipreciosas, huesos o imanes, Abramović no buscaba en ellos una función autónoma sino como materiales generadoras de experiencia y energías en simbiosis con la de ella y la del público.

En la instalación Balkan Baroque (1997) denunciaba las innumerables muertes ocurridas en los Balcanes. Sentada sobre 1.500 huesos de vaca, vestida de blanco, pasó cuatro días lavando los huesos ensangrentados, mientras al fondo se proyectaban imágenes de su familia. Este acto de denuncia era también un acto de homenaje a las víctimas, pues intenta limpiar uno a uno sus huesos, tarea imposible como lo es también el borrar la vergüenza de la guerra.

 

The Hero (2001) rinde homenaje a la figura del héroe de guerra, basada en su padre. Sobre un caballo blanco, con una bandera y mirando al horizonte, con un himno popular de su país como música de fondo, simboliza el utópico deseo de reconciliación entre pueblos.

En 2003 recibió el Bessie por “The House with the Ocean View”, una actuación de 12 días en Sean Kelly Gallery de NY, en que pasó doce días sin comer, escribir o hablar. Podía caminar entre las tres habitaciones, pero las escaleras que llevaban al piso tenían peldaños hechos de cuchillos de carnicero. Con el sonido de un metrónomo, Abramović ritualizó las actividades de la vida cotidiana, centrándose en el yo y la simplicidad, al tiempo que eliminaba todos los aspectos de la narración y el diálogo. Ella vio esta pieza como un acto de purificación y de crítica al sistema actual en que lo cotidiano se transforma en ritual inhibidor de lo novedoso.

En 2005, Abramović presentó Balkan Erotic Epic en la Fundación Pirelli en Milán, Italia y en Sean Kelly Gallery, Nueva York. Esta serie incluye vídeo y fotografía en la que indaga en torno a la relación entre el sexo y la muerte. Lo hace investigando los antiguos rituales paganos que todavía hoy perviven en la Serbia cristiana.

Fue galardonada con la obra “Seven Easy Pieces” por el Guggenheim en su International Gala en 2006 y por AICA USA con el premio “Best Exhibition of Time Based Art”.

Marina Abramovic

El documental “La artista está presente” registra el momento de Abramovic mientras se prepara para el gran momento de su vida: una gran retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). Permaneció en la misma posición durante 716 horas y media en el MoMA, sin hablar, sólo mirando a los ojos a cualquier espectador/a que se le sentara delante. Esta propuesta estaba basada en su mera presencia. La única idea, el único material, es el público y el momento presente, “la presencia” de ella y otras personas en el mismo espacio-tiempo. Se trata de una concepción tan radical como estimulante del arte que desvanece todos los límites, incluyendo los que separan y delimitan el trinomio artista-obra-público. Para ella fue la oportunidad de cuestionar una de las grandes preguntas, en tono de juicios de valor poco favorables, a las que se ha visto sometida como artista y como mujer durante toda su trayectoria: “Pero… ¿por qué esto es arte?” Durante esta actuación su inesperado reencuentro con Ulay, que intervino como público, dio la vuelta al mundo. Ella afirmó “El amor duele. No el amor en sí, sino perder el amor.” Podéis ver el reencuentro en vivo aquí.

“Back to Simplicity” (2011) es una de sus series más originales. Incluye fotografías tomadas durante un retiro de diez días en el sur de Italia para descansar después de los tres meses de intensa actividad en la exposición retrospectiva en el MoMA en Nueva York.

Aún en activo, mucha gente la acusa de haber perdido la radicalidad de antaño en sus acciones que, sin embargo, aumentan en durabilidad temporal. Como ella dice, si de joven se autodenominó “la abuela de la performance”, ahora sería más bien una “soldado de la performance”, por el esfuerzo que requiere a su edad el continuar realizando shows vertiginosos y cada vez más largos.

Marina Abramovic

Para la artista en este momento prima la concepción del acto performático como un estado mental; un proceso de oxigenación de la sociedad mediante la pausa y la introspección de nosotras mismas.

Pese a que durante sus primeros años sus performances no pasaban de los 40 espectadores, en 2014 fue nombrada el quinto personaje más influyente en el arte contemporáneo de 2014, según la lista de ArtReview. Actualmente vive y trabaja en Nueva York.

Y hasta aquí el hilo de esta semana de #womanarthouse dedicado a algunas de las principales aportaciones de Marina Abramovic, un icono de la performance.


La próxima semana en Woman Art House se hablará de la artista Yayoi Kusama de la mano de Sara Torres (@saratorressif) y siguiendo el hashtag #womanarthouse, ¡os esperamos!

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