“Ceci ce n´est pas du cinema/ Esto no es cine” de Moisés Yagües

by • 8 marzo, 2014 • Centros de arte, Exposiciones, Ilustración, Instalación, Murcia, Obra gráfica, PinturaComments (0)2066

Del 3 al 31 de marzo de 2014. Centro de Cultura Contemporánea Puertas de Castilla, Murcia

Hasta finales de mes puede verse, dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Murcia – IBAFF´14, la exposición “Ceci ce n´est pas du cinema / Esto no es cine” del artista Moisés Yagües en el Centro Cultural Puertas de Castilla.

En la muestra encontramos el proyecto realizado por Yagües en el que las películas son las protagonistas, encontrándonos obras dispuestas a modo de cartel, otras que surgen de una frase, un fragmento o una imagen del cine que sirven como pretexto para crear la pieza.

A continuación podéis leer el texto “Naissance d´une nouvelle avant-garde, la camèra-stylo de Moisés Yagües” escrito por Jesús de la Peña:

Supe de Moisés Yagües mucho antes de que comenzara su trayectoria artística. Y su obra desde el principio trajo a mi mente la fotografía de Víctor Hugo en la roca de los proscritos velada por los guardianes del Museo de Orsay, que capta en toda su grandiosidad al Víctor Hugo del exilio: sentado en lo alto de una roca, su figura diminuta se perfila a semejanza del mismo peñasco inmenso de espaldas a un mar que se imagina infinito, el poeta parece estar confabulado con una naturaleza que decide elevarlo por encima de todo.

Esa fotografía es el reflejo mismo de la obra de Moisés cuya visión recuerda al viaje de Dante guiado por Virgilio y rememora a su vez paisajes inciertos dentro de la más pura abstracción donde el tema es la imaginación y el sueño, en su relación directa con la creación y la locura.


Dentro de este universo, los personajes se acercan a veces sin querer al del cuento del poeta romántico alemán Adelbert von Chamisso La maravillosa historia de Peter Schlemihl, en la que el protagonista, como un Peter Pan ya crecido, pierde su sombra a cambio de un saco de monedas infinitas, un objeto de mágicas cualidades que no es capaz de calmar el desasosiego sentido al haberse desprendido de algo tan preciado como su propia sombra, signo inequívoco de su humanidad.

En esta ocasión el cine en todo su ámbito y sus evocaciones a autores como Abbas Kiarostami, David Lynch, Fatih Akin, Kim Ki-Duk, Krzysztof Kieslowski, Alfred Hitchcock o Woody Allen entre otros, le ofrecen la materia para crear una obra de una rara belleza, en la que se encarnan el delirio y la alucinación junto a una lúcida comprensión de la vivencia onírica; y es aquí donde Moisés reafirma su condición de autor como ya lo hicieran los cahieristas propiciados por François Truffaut, el cineasta que impulsó la teoría de que el autor era quién aceptaba todas las responsabilidades de la obra realizada, frente al estudio, productora, etc., y era el único garante del contenido y resultado final de su dirección.

Moisés Yagües se convierte así en un creador alejado del pensamiento historicista que defiende la idea de que el artista tiene un desarrollo lineal de su carrera, lo que significa que siempre, el resultado de su trabajo es predecible en relación a sus realizaciones anteriores, a pesar de que esta teoría no es necesariamente cierta ni repetida en la mayoría de los creadores.


Y es precisamente aquí donde quería llegar para considerar a Moisés como un nuevaolista del siglo XXI, haciendo referencia directa a la publicación del crítico Alexandre Astruc en L’Écran français: Naissance d’une nouvelle avant-garde, la caméra-stylo, artículo-manifiesto en el que comparaba la cámara cinematográfica con la estilográfica del escritor, elogiando un cine que por fin se atreve a abordar, como hace la literatura, cualquier idea o pensamiento, por abstracto que sea.

En un mundo políticamente correcto como el de hoy, la obra de Moisés resulta más original y evocadora que nunca, ya que habla de algo fundamental, algo que algunos calificarían como básico en total consonancia con la maravillosa y excéntrica rareza de ese cine que se hace universal y que camina fuera de los cánones y abre nuevos caminos porque cuestiona los géneros, debate los límites y la manera de construir rompiendo el modelo narrativo tradicional mostrando una riqueza de matices fuera de toda discusión.

Las obras de Moisés nunca serán aburridas. Nunca serán discretas. Nunca serán anodinas ni vulgares. En un mundo de mediocridad, son y serán absolutamente profundas e importantes.

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