“Todos tenemos derecho a ser honestos” en la galería Espacio Mínimo

by • 9 abril, 2014 • Exposiciones, Galerías de arte, MadridComments (0)2579

Del 6 de abril al 17 de mayo de 2014. Galería Espacio Mínimo, Madrid

Enmarcada dentro del programa de a3bandas encontramos la exposición “Todos tenemos derecho a ser honestos” en la madrileña galería Espacio Mínimo. Una colectiva comisariada por Luisa Fuentes Guaza que cuenta con los artistas José León Cerrillo, Yasmin Hage, Byron Mármol, Fitzcarraldo y Efraín Recinos.

La comisaria de la exposición nos explica así el proyecto:

A través de un recorrido por puntuales producciones cinematográficas y arquitectónicas, proponemos una reflexión sobre cierta “ideología regenerativa” responsable de generar espacios heroicos, excéntricos y carentes de una aparente utilidad, que superan el “laissez faire” propio del tardo capitalismo.

Esta “ideología regenerativa” evidencia el fracaso de una espacialidad fragmentada cuyo horizonte tiene como objetivo el desarrollo de geografías jerarquizadas que facilitan los procesos de adoctrinamiento ideológico.

Esta muestra revisa investigaciones puestas en marcha en México, Guatemala y Perú, las cuales a través del uso de una aparente linealidad formal ponen en crisis los mecanismos insertados por ciertos sistemas político-sociales para construir una espacialidad fragmentada que genere un tejido social homogéneo.

La muestra recoge el trabajo de cinco creadores que nos invitan a reflexionar sobre gestos cuya interpretación no está sujeta a una lógica –rescatando los rasgos propios del pensamiento débil de Gianni Vattino “Frente a una lógica férrea y unívoca, necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una política monolítica y vertical, necesidad de apoyar a los movimientos sociales trasversales”- .

Estos gestos tienen la particularidad de utilizar cierta linealidad jerarquizada, a nivel ideológico y formal, para ponerla en crisis y abrir nuevos procesos de construcción de identidades diferenciadas.

Cada unas de la obras, y documentación, insertas en el ritmo de la muestra genera una doble tensión interpretativa. Por un lado, evidencia el “fracaso” de la espacialización fragmentada alejada del pensamiento integrador y flexible (Ricardo Lagos en “Hacia una ‘tercera vía’ latinoamericana). Y por otro lado, cómo este fracaso abre nuevos espacios caracterizados por su excentricidad, heroicidad y aparente inutilidad. Los cuales evidencian procesos de construcción social únicos e intransferibles. Como señalaba el maestro Efraín Recinos la única forma construir es guatemaltecalmente.

Nos encontramos en el recorrido con “Aldea modelo, pequeña historia (1984)” (2007-2010). Investigación realizada por la artista Yasmin Hage (Ciudad de Guatemala, 1976) sobre un programa de construcción implementado en los años ochenta por el Ejército de Guatemala en comunidades remotas, como laboratorio de experimentación de estrategias militares. Cuyo objetivo era establecer un escudo humano en contra de la guerrilla. Este experimento social construyó un asentamiento civil en la ribera del rio Usumacinta que fue gradualmente abandonado por sus habitantes.

José León Cerrillo (Ciudad de México, 1976) a través de la intervención temporal “Lugar ocupado por cero” (2008-2014), nos precipita a un nuevo trazado del espacio expositivo cuestionando la distribución “racional” del espacio construido. Esta estructura obstaculiza el tránsito para evidenciar la obsolescencia del pensamiento arquitectónico fragmentado; un pensamiento alejado de la espacialidad heterogénea contemporánea marcada por relaciones de flexibilidad y la multiplicidad de capas.

Confrontada con esta estructura temporal, encontramos un episodio determinante de la producción cinematográfica “Fiztcarraldo” (Alemania-Perú, 1982. Werner Herzog). Esta captura visual, de apenas 2 minutos, nos sumerge en la aventura puesta en marcha por un excéntrico irlandés, Brian Fitzgerald «Fitzcarraldo», ambientada en el siglo XIX. Cuyo objetivo es la construcción de un teatro de ópera en plena selva amazónica peruana. Para ello se embarca en la titánica tarea de transportar un enorme barco por el río y atravesar una pequeña montaña con la ayuda de los indios locales. La tozudez de Fiztcarraldo es un canto utópico, e idealista, hacia construcción de nuevas sociedades no “lógicas” que integraban el supuesto “progreso” europeo del S. XIX con la belleza e infinitas posibilidades del paisaje amazónico.

La documentación del edificio Teatro Nacional de Guatemala (Año Proyecto: 1971 – 1978) del arquitecto Efraín Recinos (Ciudad de Guatemala, 1928-2011) junto al retrato hecho por Byron Mármol (Ciudad de Guatemala, 1984) del propio Recinos, nos hablan de una arquitectura hecha “guatemaltecamente”. Símbolo de la “guatemalidad”. Este edificio, se considera una pieza fundamental del proceso de construcción de la identidad arquitectónica guatemalteca, considerado como un ejercicio de heroicidad que integra parte del discurso del maestro Recinos: “¿Por qué tenemos que construir una plasta cuadra como hacen en Europa y EEUU? Nosotros somos un país colorista, textil. Debemos armonizarnos con el paisaje, con los volcanes y con el cielo de Guatemala. Nada que ver con la escuadra europea-gringa”.

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