Boris Torres

by • 26 noviembre, 2020 • Acuarela, Collage, Dibujo, Nueva York, PinturaComments (0)613

Una vez Narciso que se gustaba acercó su boca y la pegó al espejo y se embarcó el solo en la aventura hasta el final. Invisible como los dioses griegos, apoye mis labios en los suyos e imité sus gestos. Nunca supo que, en vez de reflejarle, el espejo actuaba, estaba vivo y le había amado.1
Jean Cocteau

Perseguir la forma, alcanzarla, poseerla hasta comprenderla y abandonarla, podría definir la trayectoria de Boris Torres (Piñas- El Oro – Ecuador -1976) desde sus piezas mas tempranas, mostradas por primera vez en el Gay and Lesbian Center de Nueva york en 2010, hasta su última exposición: Rebels I Know, presentada este mismo 2020 en el espacio ChaShaMa de la misma ciudad, en la que también reside el artista.

“Queer Family Portraits- Trac, Forrest and Scott,” by Boris Torres_ oil on linen, 16×20 inches, 2020

Hay algo de melancólico y a la vez revolucionario en ese abandono que parte de una energía primordial creadora y se transforma, vibra con un sentimiento líquido. El arte es como una ventana sobre el caos: lo muestra a la vez que trata de enmarcar su deforme fluir. El arte se diferencia de la religión en que no niega la realidad del caos ni pretende enmascarar su presencia2.

Morning, by Boris Torres_ oil on canvas, 4×6 inches, 2010

La emergencia del deseo desborda cauces y se filtra a través de anuncios clasificados, flyers de saunas o bares gays, artefactos mediáticos utilizados para esbozar cuerpos que se ofrecen desinhibidos y que el artista doma, actualizando el desnudo desde los márgenes. Torres manipula con la devoción de un miniaturista aspectos de la sexualidad considerados sucios por una sociedad decadente, para desde la línea, la mancha o el recorte legitimarlos, darles valor.

“Flex,” by Boris Torres_ ink on paper, 18×24 inches, 2018

Y tras la epifanía, llega la meditación que inevitablemente se materializa en forma de retrato. Alejado de la grandilocuencia de los personajes célebres y sus vanidosas estampas, el artista decide contarnos otra historia, la no oficial, la de aquellas personas anónimas que desde su cotidianeidad han hecho baluarte a través del inconformismo y la resistencia y para las que los actos mínimos cuentan.

“Caterpillar,” by Boris Torres_ collage, 72×52 inches, 2018

Rechazando el ornato y lo accesorio, el artista se detiene en lo esencial para en esa reflexión tratar de encontrar la verdad del modelo. No es el ojo, en cuanto instrumento anatómico aislado el que ve; es nuestro ser unitario, el ser humano como un todo el que ve al otro ser humano, y los distintos sentidos no son sino canales por los que pasa el flujo de la fuerza perceptiva total de nuestro ser3. Por ello el retrato se entiende como un “encuentro”, que debe ser físico, en el que compartir y comunicar de manera bidireccional, un acto de enriquecimiento personal a través del otro. Convierte lo que seria convencionalmente una simple toma de apuntes del natural en casi una obra de arte relacional de la que queda su impronta.

“Portrait of Pamela Sneed” by Boris Torres_ acrylic on paper, 18×24 inches, 2019

Pulcro y certero el trabajo de Boris Torres transita por senderos que circunvalan lo explícito, desde la absoluta carnalidad del deseo disidente, para desembocar apacible y sereno en un costumbrismo ascético, con la certeza de saber que hacer lo privado, público, es una manifestación de rebeldía incondicional, es un acto político.

  1. COCTEAU, Jean – El libro blanco – Ed.: Cabaret Voltaire – Madrid – 2010.
  2. BAUMAN, Zygmunt – Arte, ¿líquido? – Ed.:Sequitur – Madrid – 2015.
  3. SIMMEL, Georg – El rostro y el retrato – Ed.: Casimiro – Madrid – 2015.

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