“Barrokitsch” de Jorge Rubert en Mr Pink

by • 22 noviembre, 2013 • Dibujo, Exposiciones, Galerías de arte, Pintura, ValenciaComments (0)2634

 Del 22 de noviembre al 12 de diciembre de 2013. Galería Mr. Pink, Valencia

Más allá de la evidente parasíntesis de la palabra Barroco-Kitsch, la obra expuesta nos deja ver múltiples significados auspiciados por una reflexión sobre el hecho pictórico en sí. Curiosamente, Rubert plantea siempre preguntas incisivas y nunca nos ofrece respuestas a lo planteado. Tal vez sólo busque este intersticio en donde el acto de preguntar solapa la reflexión de la misma pregunta, donde el concepto indeterminado aporta el conocimiento válido para cerrar la experiencia estética de la obra expuesta… como asevera el proverbio zen “cualquier realización completa es decepcionante”.

Esas preguntas son las “que me hago a mi mismo sobre esta sociedad y sobre los círculos sociales más íntimos, de los individuos y nuestra manera de actuar, de responder.” Es evidente que el diálogo de los cuadros entre sí salpican al espectador, haciéndole partícipe tras viso de esta conversación.

Por otra parte, Rubert se desprende de la obsesión técnica y formal con el objetivo de buscar “en mis cuadros una experiencia estética íntima, como hubiera hecho un pintor renacentista.” El enorme celo técnico que siempre ha demostrado es desplazado por la obsesión por una realidad tamizada. “Realidad de realidades. El modelo ya estaba fijado, las expresiones en marcha y ahí estaban frente a mí, estas obras que tenía que apartar de la fotografía para crear capas, detalles y veladuras de historia. Fijándome en Madonas e imágenes (católicas) intenté acercarme con ojos limpios a mi creación. Buscar preguntas…buscar.”

En cualquier caso, toda esta tramoya expositiva nos conduce a un discurso crítico e irónico. Por ejemplo, Rubert –en referencia a la obra “La Medusa”– nos confirma que “ es –La Medusa– una de las obras que más me impactó de joven cuando era aprendiz de pintor. Esperando entender que mi medusa pudiera ser tan Kitsch como la de Caravaggio en su tiempo. Aún así parecía sacado de una película de serie B”. Y es que lo anacrónico siempre conduce irremediablemente a un regusto Kitsch. Según afirmó Broch, “es la necesidad de mirarse en el espejo del engaño embellecedor y reconocerse en él con emocionada satisfacción”.

Rubert nos confirma que “entre sí, mis cuadros son espejos de humanidad. La condición humana del rechazo propio, del sueño eterno de la juventud. El ser humano quiere estar a la última, negando todo aquello que está “pasado”. Creando un falso futurismo de nueva onda. Pasando por falsas pubertades para sentirse joven. La estética de lo mínimo, el minimalista y lo conceptual se ahogarán en su propia teoría, Ahí donde está la fe, uno puede encontrarse.”

En conclusión, podemos afirmar que Barrokitsch es un Belén, un idílico acuario moderno, una jaula de jaulas o un Zoo con ecosistemas recreados. Mundos Kitsch pintados y creados para nuestra felicidad. Rubert me confiesa: “Nunca olvidaré el Biopark de Valencia… Lloré junto a un gorila y me lo contó todo”.

Texto de Javier Marisco con motivo de la exposición ‘Barrokitsch” de Jorge Rubert.  (Estas líneas han sido escritas desde la perspectiva que me da haber seguido el proceso de creación durante meses, de la que he sido testigo de su evolución)

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