Crear tras la Universidad: intransit

by • 14 julio, 2016 • Laboratorio, Madrid, PremiosComments (0)2839

Cada año se gradúan en Bellas Artes un sinfín de alumnos que, más o menos conscientes, caminan hacia un abismo. El sistema educativo decimonónico que tenemos nos impide aún ver con claridad, más aún en el caso de las “enseñanzas inútiles”. Una cuando empieza a estudiar en el campo de las humanidades, se cree su rol y justifica su necesidad. A medida que el tiempo avanza y se conoce el funcionamiento de la propia Universidad, una va dejando de entender, reacción que, al terminar, se convierte en una total pérdida de rumbo -el ¿y ahora qué? se repite como un eco-.

Una de las claves más claras está en el aislamiento y la “funcionarización” de la Universidad. Son escasas las facultades que mantengan un diálogo fluido con su contexto -esto lo saben hacer mucho mejor las privadas- y menor es aún el número cuando focalizamos en este ámbito de lo improductivo. No hablo de dirigir la educación pública hacia el mundo de la empresa -construyan otro concepto de mí-, sino de dirigir la mirada hacia el afuera y de establecer compromisos con la sociedad. Filosofía, Historia, Humanidades, Historia del Arte, Bellas Artes, … suficientemente dura es la caída al enfrentarse a la incomprensión de un mundo mercantilizado como para que no tengamos algunos apoyos que suavicen el golpe y legitimen nuestra actividad.

En el caso de las Bellas Artes además, se suma el peso de viejas escuelas ya centradas en el dominio de las técnicas clásicas por encima de los discursos conceptuales. Ya saben que no es lo mismo estudiar en Salamanca o Sevilla que en Madrid o Cuenca. No es sólo cuestión de periferia: es cuestión de métodos y objetivos.

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Haré dos excepciones: por un lado el proyecto recogido en Universidad sin créditos. Haceres y artes, un manual a propósito del programa desarrollado por el Vicedecanato de Extensión Universitaria de la Facultad de Bellas Artes UCM en el período 2010-2014 y editado por Selina Blasco, Lila Insúa y Alejandro Simón; por otro el caso de la facultad de Bellas Artes de País Vasco.

El primero supone un cambio de poderes y de metodologías que abrió vías de interacción con profesionales y con instituciones de Madrid, generando un cambio desde dentro de la institución académica sin precedentes y posibilitando un diálogo real para los alumnos: redibujar una genealogía del arte expropiada, releer con mirada crítica, activar la investigación basada en la práctica artística y articular teoría y práctica son algunos de sus pilares. El segundo no es sino una red abierta de interacciones y colaboraciones movilizada desde la universidad y abierta a la ciudad de Bilbao, que evita el aislamiento y el coscorrón de los estudiantes y les permite habitar la institución de otra manera.

La primera semana de julio, siguiendo esta estela y abriendo temporada estival en formato laboratorio, ha tenido lugar la 5ª edición de intransit. Se define como una “plataforma experimental de formación especializada dirigida a universitarios licenciados/graduados en los últimos 5 años residentes en el Estado Español”. Aclaremos: no es un taller ni una exposición; es un espacio para la puesta en común de prácticas, problemáticas y líneas de investigación. Pretende ser un puente entre la universidad y el mundo profesional para todo tipo de creadores, si bien se centra más en artistas visuales. Para ello se conforma como una plataforma de debate abierto, colaboración e interacción con otros artistas y profesionales que permite intercambiar ideas, reflexionar juntas sobre las dificultades que atraviesa el panorama y proponer alternativas. Para ello, la organización de Pista 34 a instancias de la Universidad Complutense de Madrid, invita a gestores, comisarios, críticos, programadores y creadores independientes que imparten charlas en las que los creadores seleccionados debaten con estos agentes. A ellos se suman otros perfiles quizás más ajenos a la cultura, y pertenecientes al mundo de la innovación o los movimientos sociales, por ejemplo; que ofrecen nuevas miradas a los creadores.

 

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“Fisuras” para abrirse en canal sin saber muy bien hacia o desde dónde ni cómo, “Activas” para “hacer con otro”, encuentros “On the road” para conocer el rodaje de algunos como la Galería Herrero de Tejada, “Speedarting” para hacer networking directo con gente como Gloria G. Durán o Javier Martín-Jiménez, “Voces” para escuchar testimonios de grandes como José Manuel Costa y “Construyes” desde la colaboración y el intercambio como el que proponen Smart Ibérica. Además visitas a INJUVE y a la Casa Velázquez y entrevistas a cada creador para dejar constancia de su perfil e intereses. Frenético. Y todo sin que nadie presente su dossier, aquí se va a cuestiones más concretas (aunque quizá una pequeña contextualización no sobre).

intransit es pues un excelente pulso no sólo a la creación más contemporánea -que no necesariamente joven ni tampoco emergente (¡qué palabro!)-, sino también a unos nuevos modos de hacer (imprescindibles actitud proactiva, rigor y pensamiento crítico, además de buenas prácticas y enfoque transversal) tambien desde la gestión cultural.

Los proyectos seleccionados este año repetían 3 nodos de reflexión: los nuevos medios y el mundo digital, el estado del arte contemporáneo y sus exigencias de éxito, y la reescritura histórica e identitaria. La frescura abrumadora de los trabajos de Helena Goñi, Mar Cubero, Colectivo Supernenas, Jorge Anguita, Tino Varela, Gloria López, Irene Mohedano, Colectivo Mae, Antonio Ferreira, Andrés Carretero y Saúl Alonso, Miriam Martínez, Ro Caminal, Irati Santos, Jordan Morton, Abel Jaramillo, Federico García, Sofía Porto, Mawatres, Carlos Martín y Carles Angel Sauri; unida a su calidad, responden a un mundo hostil con el que hay que entablar conversación. Valientes todos.

 

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Problemas con el statement y con las lógicas de relectura de nuestro imaginario -últimos coletazos de una posmodernidad mutada-, la dificultad de abrir la institución o entrar al juego del mercado galerístico y editorial, la organización y formulación de las becas y ayudas a proyectos, la invisibilidad de la periferia o la exigencia del uso de las redes sociales son algunas de las preocupaciones que se comentaron en esta edición de intransit, unidas a otras como la necesidad de hacer historia de los espacios de creación independientes, repensar el concepto de galería de arte o proponer nuevos modos de negocio para no empobrecer más al sector.

Aquí faltó, como siempre, el público; hubo quizás un exceso de actividad y se necesita un planteamiento más transversal aún. Pero los creadores salen de intransit cansados del esfuerzo (sinónimo de trabajo duro) y contentos, satisfechos de haber hablado de sus fisuras, haber compartido éxitos, haber visibilizado su trabajo y entablado conversación con ese afuera al que, ya sea desde la literatura o desde la arquitectura, a veces parece muy complicado de acceder, porque no se abren las puertas adecuadas. Y, sobre todo, de haberse conocido, porque parece que la generación de comunidades cohesionadas es lo que más falta nos hace sobre todo al acabar la colectividad de la  Universidad (si no nos juntamos nosotras, quien nos va a reunir), porque todo parece mejor si lo haces con amigos (eso nos enseñó Barrio Sésamo a los que alcanzamos a verlo) y porque “la amistad es la manera de salir de la explotación actual” (como dice Bifo).

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