CUCUCU, nueva exposición de Little

by • 16 septiembre, 2022 • Exposiciones, Fundación, Galerías de arte, ZaragozaComments (0)312

El artista cordobés Pablo Rodríguez, conocido como Little, inaugura la exposición CUCUCU en la Fundación Cai de Zaragoza. La muestra, comisariada por Olga Julian y Juan Cruz, está realizada en colaboración con Di Gallery.

Guillermo Amaya escribe en el texto que acompaña la muestra: «Hablar del trabajo de Little, no es exactamente hablar del trabajo de Pablo J. Rodríguez (Córdoba, 1989). Little es un álter ego, puede que necesario, no sólo para Pablo J. Rodríguez, sino para toda una generación, la denominada generación millennial. Nacidxs entre los años 80 y mediados de los 90, se le presuponía ser una generación con un futuro prometedor, inundado de posibilidades. Finalmente, truncada por diferentes crisis de diferentes índoles, le ha tocado ser una generación que viva peor que la anterior, rompiendo con la evolución lógica. A pesar de ser la generación más y mejor formada académica y profesionalmente, esto no se ha visto reflejado en una mejora de la calidad de vida, sino todo lo contrario: precariedad económica y laboral y por tanto, un futuro incierto. Además, y por si esto no fuera poco, ha sido una generación tratada con recelo y desconfianza por las generaciones anteriores.

Es inevitable que en el estudio se produzca una lucha de poder entre Pablo y Little, una disputa de concesiones entre uno y otro. Un conflicto que se resuelve a través de un equilibrio (presente en el trabajo de Little) entre lo adulto y lo infantil, entre la madurez y la ingenuidad, como si de una montaña rusa de sensibilidades, entre lo uno y lo otro, se tratase. Y es que, los dibujos de Little se describen a través de líneas trazadas desde una sencilla intuición de supervivencia en un complejo sistema de artificios, una espontaneidad que se desborda de los guiones preestablecidos. Little, así, consigue acercar a Pablo a su propia identidad emocional, transformarlo en un ser más sincero consigo mismo.

Little ha conseguido, en definitiva, generar una iconografía propia y, lo que es aún más asombroso, capaz de que un público considerable se sienta identificado con ella. Desde esa sincera y espontánea sencillez,
tomando esos momentos y lugares cotidianos de diversión y felicidad, ha construido unas trincheras en las que refugiarse cuando no todo va bien, o cuando parece que esos ritmos estrepitosos en los que vivimos son demasiado irritantes, o simplemente, cuando se necesita escapar de todo y entregarse al deleite de uno/a mismo/a. Y es que, ¿quién no ha necesitado un refugio así en algún momento?

Es común (a la par que lógico) que cuando un artista utiliza un pseudónimo, el espectador se pregunte por la distancia que separa al artista de la persona. Una dualidad que a veces resulta un tanto extravagante o excéntrica, pero que sin embargo no deja de responder a esa necesidad que tenemos todos de adaptarnos a diferentes entornos en una sociedad que cada vez se vuelve más compleja.

A día de hoy y considerándome amigo de Pablo J. Rodríguez (Córdoba, 1989) desde hace ya un tiempo, no sabría definir qué distancia lo separa de Little. No sabría decir con exactitud si se trata de un alter-ego o de un simple pseudónimo. Es complicado, porque Pablo no es sólo Little en su estudio, también lo es cuando va con su patinete eléctrico de un punto a otro de la ciudad; o cuando charla con otros artistas en una inauguración; o cuando se toma una cerveza con unos amigos; o cuando liga una noche con un desconocido; o cuando, entre lágrimas, cuenta algún problema a sus padres.

Ya dije una vez de Little que es como la mirada de un niño, que se embelesa de presente y se despreocupa de futuro. Puede que Little no sea más (ni menos) que esto, una excusa para legitimar esa mirada, una mirada que socialmente no debería corresponder a la de un treintañero. Una mirada que se convierte en refugio, que rehúye las actitudes y aptitudes adultas que aburren a Pablo, un espacio en el que poder seguir siendo niño. Asimismo, por su naturaleza, es un refugio desbordado por la sensibilidad, por lo que se vuelve permeable y cualquier coyuntura es vivida con desmesura (tanto lo positivo como lo negativo).

Esa actitud casi naif de Little se fue canalizando poco a poco y sin la intención de ser algo público (cuando aún no se consideraba artista), desde la intimidad, a través del dibujo. Una técnica que le ha permitido la fluidez y espontaneidad propias de la infancia, tanto en un plano formal como narrativo. Y es que en los dibujos de Little queda latente esa tensión entre el hombre y el niño; entre Pablo y Little; entre la realidad adulta del primero y el modo en el que la representa el segundo. En el dibujo de Little (o de Pablo, ya no sé a quién me estoy refiriendo) la sencillez de un simple trazo delimita y encierra figuras que conforman una narrativa más compleja.

Más tarde Little llegaría a la cerámica, una técnica que también le permite una maleabilidad fluida que se adapta a su trabajo anterior y que a día de hoy conforma parte esencial de su obra. No obstante, Little no se considera ceramista, pues lo que busca en la cerámica es seguir dibujando, pero en este caso a través del volumen, dibujar en 3D. Actualmente Pablo busca su propio camino pictórico, encontrar un lenguaje personal en la pintura.

En definitiva, podríamos decir que en su obra Pablo y Little juegan, uno a ser un adulto pequeño y el otro a ser un niño grande (como él suele describirse). Uno busca expresar los problemas de un treintañero y el otro sólo quiere divertirse. Y así, a través de este juego, surgen unos dibujos trazados desde la intuición de un adulto y la técnica y gestualidad de un niño, carente de prejuicios y rebosante de libertad.

Fechas: Del 15 de septiembre al 5 de noviembre de 2022.
Lugar: Fundación Cai. Sala i_10. Centro Joaquín Roncal, C/ San Braulio, 3-5. Zaragoza.

Post Relacionado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.