Despojado de todo me refugio en ti

by • 17 septiembre, 2020 • Dibujo, Exposiciones, MadridComments (0)607

Asistimos actualmente a grandes cambios que van de la mano de profundas modificaciones de nuestra sensibilidad y conciencia. La incertidumbre asociada al virus ha sincronizado, en un mismo horizonte, desafíos sin resolver que ponen en crisis los modelos económicos de desarrollo, cercanos al colapso medioambiental, que amenaza además los cimientos sobre los que descansa el concepto de sociedad, ya de por sí poco resilientes… 

Vista de la Sala 1. Obras: Bocetos preparatorios, 2007-2020, Carlos Garaicoa, al fondo Bunker (blueprint), 2010, Carlos Garaicoa. Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

Capturar el mundo implica entonces, en algún nivel, establecer con él una barrera, una distancia efectiva. Y cuando la realidad nos conduce a esta nueva fase, ominosa y desconocida, que nos obliga a confinarnos en la intimidad del hogar, descubre el arte un cauce natural. Sobreviene un encuentro inusitado entre el artista y su obra, sin mucho más añadido que la mesa de trabajo -sino la mesa de casa-, papel y lápices… El arte exige expresarse en época de crisis, parece casi una perogrullada, pero algunas de las obras más hermosas han nacido de contextos extremos, catárticos, casi apocalípticos. 

El dibujo, ya sea por su origen primitivo, por la efectividad de su inmediatez o por su condición primera de bosquejo, ha sido el lenguaje idóneo cuando el artista ha debido desenterrar una idea con premura, también cuando ha tenido el alma apretada. Porque dibujar es aprender a ver, a ver de la forma correcta, que no es el mirar simplemente con los ojos. Alejandro Campins y Carlos Gariacoa han contemplado el mundo de la forma correcta, no porque exista una forma homogénea de mirar, mas bien lo opuesto, porque han configurado la suya propia, expandida o agudizada – ya veas a un lado o al otro- y lo han hecho a través del dibujo. Han reunido así en una exposición, cuyo título condensa la esencia misma de la creación, un grupo de obras que nacen de la voluntad del confinamiento y que terminan por agazaparse con apuntes pretéritos. Podría decirse entonces que Dibujos es también una muestra retrospectiva de lo que bajo este velo técnico han producido ambos creadores. 

Vista de la Sala 2. Dibujos de la Serie Modelos C, 2020, Carlos Garaicoa. Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

Sin embargo, y sostengo que en ello reside la magia de esta unión, asistimos a dos maneras diferentes, sino encaradas de entender el dibujo. Y creo que es lo primero que debe confesarse. Tal vez por ello nunca un espacio expositivo se adecuó mejor, porque izquierda y derecha establecen una clara separación que no da chance a la contaminación. Conviven así formas simples de un lado junto a formas complejas, formas rectas y ortogonales junto con formas de clara vocación expresionista lanzadas al papel espontáneamente. Aquello que posee la textura de la tierra, de la piedra, el cielo, incluso el aire se funde entre una ensoñación geométrica y un trazo en apariencia apresurado que no por ello deja de ser premeditado y reflexivo. 

Luego está lo que formula el artista a través de esas formas. Al recorrer la exposición no puedo sino pensar en aquellos espacios heterópicos concebidos por Foucault, esos espacios que tienen dentro de sí poderes, ideas, regularidades o discontinuidades, que abren incluso la posibilidad de crear nuevos lugares con sus propias lógicas. Y una vez más Campins y Garaicoa se separan. El primero verifica la existencia de un tipo de arquitectura que configura una nueva ciudad con la llegada del virus como trasfondo, el segundo prefiere evadir esa realidad inmediata para viajar –y no solo metafóricamente- a lugares distantes, paisajes en los que el tiempo se ensancha y adquiere una dimensión que sobrepasa lo humano. 

Vista de la Sala 3. Dibujos de la Serie Modelos C, 2020, Carlos Garaicoa, a la izquierda el díptico (S/T) Malenkeando, 2019, Carlos Garaicoa. Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

Al centro de la discusión destaca la serie de bocetos y dibujos Modelos C de Carlos Garaicoa, un conjunto de estructuras habitables concebidas por el artista durante el confinamiento y que constituyen una suerte de metáfora de la condición de reclusión padecida y de la que aún no quedamos eximidos. Espacios imaginados, para nada lejanos a su materialización, que añaden una nueva capa a las heterotopías contemporáneas. Escribía Da Vinci que es el dibujo esa forma insustituible en la que arte y ciencia logran expresarse conjuntamente. Modelos C bien ilustra la concreción de este criterio donde Carlos encarna el papel del artista que estudia simbólicamente un espacio-tiempo y lo hace mediante un dibujo casi matemático. Sus apuntes nos convidan a no sucumbir a un sentimentalismo impulsivo para, en su lugar, comprender que lo que antes era imposible ahora podría incluso concretarse bajo el manto de una racionalidad evidente. 

Dibujos y video de la serie Tibet, 2019-2020, Alejandro Campins. Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

Se exponen también sus ya célebres dípticos fotografía-dibujo de los años 90 y sus más recientes fotografías con hilos, en cuya convivencia surge la arquitectura inventada o aquella imagen alternativa que termina por completar el vacío y la ruina; estrategia que le valió de joven para mirar al cielo y verlo azul y transparente o incluso distinguir entre lo mínimo y lo minimal cuando de economía de medios se trata. Carlos encuentra otro régimen de visibilidad que logra articular un discurso crítico al tiempo que poético en el lenguaje del dibujante, un refugio incluso personal que no ha permitido que la manipulación de los elementos técnicos ahogue la frescura de sus trazos. 

Dibujos y fotografías polaroid de la serie Tibet, 2019-2020, Alejandro Campins . Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

Cruzando el pasillo llegamos a su antípoda. Para Campins dibujar es como hacer un gesto expresivo con la ventaja de la permanencia; y es que le obsesionan aquellos espacios que se prolongan inertes, estratificaciones de lugares distantes que luego reinventa o transfigura persiguiendo los recovecos de sus subjetividades. Apela primero al viaje, al contacto directo con el paisaje, lo empalma para luego llevarlo al papel, más tarde al lienzo. Extraño encontrar un proceso de trabajo tan meticuloso, Campins rencarna el papel del artista viajero del siglo XIX, pero como creador contemporáneo invierte la ecuación a capricho. Si antes el dibujo correspondía al primer paso para plasmar lo visto con inmediatez, ahora el dibujo es resultado final en sí mismo, es boceto y es obra terminada, no hay discriminación en ello. Y antes de llegar al dibujo se sirve entonces del video y la fotografía, trastoca el orden de los factores para conferirle el protagonismo que este lenguaje merece. Así quedan inmortalizadas las ruinas de los monasterios del Tíbet antes arrasados por la Revolución Cultural China o las imponentes colinas del Desierto Pintado de Arizona, espacios mistificados donde la realidad se oculta tras velos de ilusión que terminan incluso por ser velos ideológicos. Estos dibujos evocan la forma de un paisaje desolado, una naturaleza despoblada, post-humana que termina por ser armoniosa e incluso seductora, espacios donde detenerse a reposar el cuerpo y la mirada. 

Dibujos de la serie Band Lands, 2019-2020, Alejandro Campins. Cortesía Estudio Carlos Garaicoa.

El dibujo en Campins discurre íntimamente ligado a ciertas metamorfosis estilísticas, parecieran estar hechos con destreza y torpeza al tiempo. La línea se redondea o se marca con enojo, también se simplifican los contornos o se enaltecen los volúmenes, como si lograra ir sin esfuerzos del gesto infantil a la sapiensa del dibujante consagrado. Por eso cuando estamos frente a sus bocetos no podemos sino mirarlos fijamente, imantados por una necesidad imperiosa de encontrar vida propia en el papel. Es difícil saber a primera vista si cada uno de sus dibujos es una obra independiente o si solo hay una obra, que es el conjunto de todas las demás y que aún está por terminar. En cualquier caso, se agradece la invitación abierta al próximo paso, quizás un nuevo viaje, una pintura… 

Es probable que la inercia social nos haga volver al punto previo de partida. Esto sería trágico, pues el futuro puede deparar situaciones más graves que requieran de acción concertada. No obstante, algo bueno revelaremos siempre de ello, espero que para ese entonces Carlos y Campins vuelvan a refugiarse en el dibujo. 


Fechas: Hasta el 25 de septiembre de 2020
Lugar: Estudio Carlos Garaicoa (Calle Puebla 4, Local Bajo Derechas), Madrid

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