El Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, ya es una realidad

by • 2 marzo, 2021 • Cáceres, Coleccionismo, MuseosComments (0)649

Cáceres es ahora el hogar de la Colección Helga de Alvear. Así, el que antes fuera el Centro de Artes Visuales Helga de Alvear, pasa ahora a denominarse Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, una institución cultural que permite cumplir el sueño de su impulsora: acercar el arte contemporáneo a la sociedad actual y a las generaciones venideras. Este edificio de nueva planta diseñado por el premiado estudio Tuñón Arquitectos, es un espacio creado a medida para albergar la Colección Helga de Alvear, considerada como una de las colecciones de arte contemporáneo internacional más importantes de Europa.

Ai Weiwei. Descending Light (2007).  © Joaquín Cortes / Helga de Alvear Museum

La exposición inaugural que ocupa el nuevo edificio desvela el carácter de la Colección Helga de Alvear y pone de manifiesto la vocación del Museo por facilitar una pluralidad de experiencias en torno al hecho artístico. El recorrido ofrece una visión de una parte de la creación contemporánea a través de la cual es posible dilucidar la idiosincrasia de nuestro presente.

Para esta muestra, José María Viñuela, patrono de la Fundación Helga de Alvear, conservador de la Colección y comisario general de los actos inaugurales, ha seleccionado alrededor de 150 obras, aproximadamente un 5% del total de la Colección que Helga de Alvear donará a la institución. La muestra se distribuye en cuatro plantas y en ellas podremos ver esculturas e instalaciones de gran formato,así como pinturas, fotografías, dibujos y videoinstalaciones de más de 100 artistas procedentes de veintiséis países diferentes, con una presencia mayoritaria de artistas españoles –un tercio-, estadounidenses y europeos, pero también tienen presencia Venezuela, Sudáfirca, Vietnam, Corea del Sur, Hungría, Brasil o Suiza.

De las obras expuestas, más de un sesenta por ciento fueron creadas en los últimos 20 años, así, la mayoría de ellas, será la primera vez que se expondrán en una institución museística, como Faux Rocks(2006) de Katharina Grosse o Power Tools (2006) de Thomas Hirschhorn, que sólo estuvo expuesta una única vez en el Kunstmuseum Wolfsburg y ahora ha vuelto a ver la luz.

Thomas Hirschhorn. Power Tools (2007). © Joaquín Cortes / Helga de Alvear Museum

46 esculturas, 34 pinturas, 28 fotografías, 20 dibujos, 9 obras audiovisuales, 3 instalaciones y 3 obras gráficas muestran la variedad de formatosque ocupan las salas y la amplia diversidad de lenguajes que construyen la Colección, donde materiales más tradicionales como pinturas al óleo, acuarelas o dibujos en papel, conviven con elementos de nuestro tiempo (cristales, herramientas, plástico o pintura industrial), así como con formatos híbridos de interesante clasificación. Entre todo esto, nos encontramos una enorme imagen de Tacita Dean, entre el dibujo, la pintura y la fotografía, o un vídeo de William Kentridge, donde la pintura ocupa al mismo tiempo, papel y pantalla.

La muestra nos sumergirá también en un viaje que oscila entre lo sensorial y lo reflexivo. Los Caprichos de Goya se acompañan de material de consulta accesible mediante QR y rodeados de obras de otros artistas como Marcel Dzama, Arnulf Rainer o Slater Bradley, quienes encontraron en el maestro español una fuente de inspiración.

La icónica lámpara de Ai Weiwei que da la bienvenida al Museo se acompaña de fotografías en gran formato del alemán Frank Thiel y piezas de la colombiana Doris Salcedo.

Vista Gordillo, Campano, Oehlen.  © Joaquín Cortes / Helga de Alvear Museum

Yves Klein, Cy Twombly, Tàpies, Paul Klee, Lazlo- Moholy y Lucio Fontana son la antesala a un recorrido cargado de matices en los niveles inferiores, donde encontramos la magia de una instalación de Olafur Eliasson y una de las últimas adquisiciones de la Colección: Bay Area Blues (2017) de Larry Bell, Paper Moneda (2007) de Ignasi Aballí, o Bottari, Oct. 22 2000 (2000) de Kimsooja, se reflejan en las curvas translúcidas de una escultura de Dan Graham; mientras la obra de Carlos Bunga dialoga con una pieza de Ángela de Cruz, entre otros muchos ejemplos de piezas conceptuales y minimalistas creando nuevas intersecciones alrededor de la geometría.

En el siguiente nivel, propuestas de Nan Goldin, Louise Bourgeois, William Kentridge y Elgreen & Dragset dan paso a Pistoletto, Mark Manders o Dan Vö y su obra We The People (2011-2014), pieza que es parte de una reproducción a escala de la Estatua de la Libertad y que hermana al Museo con otras instituciones como el Guggenheim de Nueva York o el San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA), donde también es posible encontrar pedazos de esta obra fragmentada en un mundo globalizado.

En la planta baja, el recorrido se completa con obras de Juan Suárez, Carmen Laffón, Richard Long, Tomás Saraceno, Gordillo, Campano o Jiří Georg Dokoupil, entre otros muchos artistas que orbitan en torno al eje de la pintura y sus múltiples orillas.

La vocación didáctica y divulgativa queda patente en las herramientas y dispositivos educativos que acompañan la muestra: citas de los propios autores ponen voz a lo que vemos, una app ofrece explicaciones detalladas del recorrido, y el área de Mediación ha planificado actividades orientadas a todos los públicos en busca de exprimir la infinita potencialidad de la muestra.

Zhang_Peili. Expand Constantly (2000).  © Joaquín Cortes / Helga de Alvear Museum

Además de mostrar por primera vez la Colección en su nuevo espacio, el Museo retoma su programación de exposiciones temporales.

Durante este año, el Museo ofrecerá acceso gratuito, visitas guiadas, actividades accesibles y otras propuestas para acceder al arte contemporáneo a todos los públicos, respetando las medidas de higiene que garantizan una cultura segura.

La Colección Helga de Alvear demuestra que la actividad desarrollada por su creadora siempre estuvo más ligada al fin de conservar que al de poseer, y es ahora, mediante su exposición pública, cuando cobra un renovado sentido.

Entendiendo el coleccionismo como una actividad privada con vocación pública, Helga de Alvear no solo ha conseguido mantener la integridad material de las obras, sino también, mantenerlas con vida: una supervivencia que se materializa al ser compartidas, estudiadas y disfrutadas.

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