El tiempo de la pintura

by • 6 junio, 2017 • Centros de arte, Exposiciones, Granada, PinturaComments (2)2960

Resulta que Cristina Megía (Valdepeñas, 1977) es una pintora figurativa, lo que significa que las imágenes que elabora cuidadosamente con su pincel son reconocibles -éste es el motivo por el cual, su última exposición, El espectador. Museum hours en la Madraza de Granada, ha tenido gran aceptación y buenas críticas por parte de tantos visitantes-. Pero Cristina podría no ser una pintora figurativa, y practicar por ejemplo, la abstracción. ¿Saben qué ocurriría entonces con su obra? Quizá la acogida del público no sería tan grata, pero sin duda, sus creaciones conservarían la esencia última, su razón de ser: ese proceso pictórico lento y reflexivo en el que la artista construye sus piezas y se construye a sí misma.

Cristina Megia

Y digo “se construye a sí misma” porque en el desarrollo de esa técnica tranquila y sopesada, Cristina se está definiendo como una artesana de la pintura, una creadora que trabaja la imagen no solo desde lo manual y lo temporal, sino desde el pensamiento. Las obras de Cristina son inicialmente fotografías tomadas por ella, posteriormente pasan a formar parte de una nebulosa de imágenes, fuente de inspiración con la que la artista trabajará de manera anárquica: tomando algunos referentes de aquí y allá, combinándolos en la cabeza y el lienzo, borrándolos, repintándolos… un proceso que ésta ha querido remarcar y evidenciar en la instalación de bocetos situada justo en la entrada de la exposición. Del ojo al cerebro, del cerebro a la mano, y de la mano al lienzo… esta sucesión de acciones se recombina de mil maneras posibles en el ejercicio de su pintura. Megía defiende el oficio del pintor y lo define, no como una labor obligadamente virtuosa y cercana al hiperrealismo, sino como un trabajo del pensamiento que nos enseña algo nuevo. Por tanto, cuando hablo de “artesanía” en la obra de Cristina no me refiero a esa costumbre técnica que a base de ser machacada no llega ni a ser procesada por el cerebro (la labor de los antiguos canasteros y su famoso dicho “quien hace un cesto, hace cientos”), sino a un trabajo que es tan manual como intelectual, esto es, alimento para el pensamiento, puro aprendizaje interior. Y la buena noticia es que no solo resulta revelador para su creadora sino también para quienes tenemos la suerte de enfrentamos a su obra. Por ello, si ustedes se detienen ante su pintura descubrirán detalles técnicos fascinantes: en Mr. And Mrs. Arias (2016), por ejemplo, la construcción pictórica del espacio arquitectónico es detallada y rica en matices lumínicos, llegando a ser una muestra de lo que he denominado “estudios abstractos mínimos”; algo parecido ocurre en los pequeños paisajes marítimos de Venecia y Mallorca, pero en este caso la artista se ha sumergido en distintas soluciones pictóricas básicas, casi naif, consiguiendo unos efectos coloristas y de perspectiva realmente originales. En cualquier caso hablamos de una pintura que ha sido digerida y disfrutada por Cristina y que ahora se nos ofrece generosamente. Pero ¡cuidado! Este plato ha de ser degustado con calma, sabiendo que el tiempo de la pintura (el del creador y el del observador) es pausado.

Cristina Megia

Después de este largo comentario podría parecer que la temática en la obra de Cristina es algo que, personalmente, me parece secundario o intrascendente, y no es así. Al principio les invitaba a imaginar a la artista como a una pintora abstracta, pero la realidad es que Megía es – coherentemente- una pintora figurativa. Los personajes que aparecen en su obra, esos con los que tantos visitantes se identifican, están esperando en un sillón, tumbados al sol, observando obras de arte en un museo o mirándonos fijamente. Consumen su tiempo mientras fijan su mirada en un punto concreto. Muchos dirán que la obra de esta artista se aproxima a la pintura de Edward Hopper, y efectivamente quizá existan ciertos paralelismos en sus composiciones, pero en ningún caso está presente la tristeza de los personajes y de las escenas del estadounidense. No hay aflicción ni melancolía en estas personas, pero sí un movimiento mental, un bullir de ideas: reflexionan en silencio como si estuvieran aprendiendo algo sobre su entorno o sobre sí mismos. Esos personajes son, tal y como la artista apunta en el título, los espectadores, y a su vez, somos nosotros mismos. Si nos detenemos frente a cualquiera de sus pinturas, no importa el formato o el tema (un paisaje, el interior de un museo o una escultura) nos descubriremos como espectadores también, iguales a los observadores de sus obras aunque en un plano distinto (¡claro está!). Cristina nos ha situado a todos, a los ficticios y a los reales, en un espacio propicio para la introspección y el pensamiento, y ahí nos deja trabajando, imbuidos en nuestras propias ideas. No resulta descabellado pensar que toda la exposición es en sí un dispositivo instalativo producido por y para que los visitantes se conviertan en los pensadores activos de sus cuadros. La artista incluso llega a incluir unos bancos de museo para sentarse a observar las obras, articulando una estrategia “metapictórica” que es movida, sin duda, por su preocupación de detenerse largo tiempo frente a la pintura para poder “saborearla”.

Cristina Megia

No podemos entender la obra de Cristina sin tener en cuenta el proceso pictórico, o mejor dicho, el tiempo del proceso pictórico, un tiempo que parece no tener principio ni fin, de aristas difusas y que contiene la evolución de las ideas, la experimentación, el aprendizaje, el amor y el arrepentimiento, y en definitiva, la vida. Cristina hace hincapié en la importancia del mismo incluyendo en la exposición una serie inconclusa, acompañada por algunos bocetos, que representan el interior de un museo con algunos visitantes. Percibimos ese espíritu conflictivo o indeciso que espera pacientemente a ser resuelto y en el que se entremezclan pictóricamente imágenes fotográficas que ésta tomó en la Scottish National Gallery, fragmentos inventados, personajes todavía sin identidad, la construcción de unas luces apropiadas para una atmósfera de pensamiento… el desenlace será seguro producto de la maduración de la pintura.

Artista: Cristina Megía
Fechas: hasta el 25 de junio de 2017
Lugar: sala de exposiciones de la Madraza (Granada)

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2 Responses to El tiempo de la pintura

  1. Maria José dice:

    Tengo la suerte de disfrutar a menudo está exposición, de haberle oído hablar, a Cristina, de sus procesos y de su “estado mental” ante un lienzo elegido entre otros muchos y colgado en la pared, esperando ser atravesado por una luz precisa y generosa.
    Enhorabuena, Cristina!.

  2. […] El tiempo de la pintura. Crítica de Regina Pérez Castillo en PAC (Plataforma de Arte Contemporáne…. […]

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