Entrevista a Alejandro Bombín

by • 24 mayo, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)656

Hablar de Alejandro Bombín es trazar su carrera como el pionero del Glitch art; considerado casi de manera unánime como uno de los pintores jóvenes con mayor proyección en el circuito del arte español. Su obra requiere de algoritmos pedagógicos como ejercicio de iniciación, todos ellos, en un acto de aproximación que obliga al espectador a moverse entre lo inescrutable y el hallazgo neo pictórico. A finales del 2019 está programada una exposición individual del artista en la Galería Tournemire en Madrid.

Alejandro Bombín en la Galería Tournemire junto a una de sus obras. Fotografía: Deniz Rules

PAC – ¿Está el Glitch Art de moda?

Alejandro Bombín – Desde luego. Antes de empezar a utilizar la distorsión producida por el movimiento de un documento durante el escaneado, busqué durante una temporada para comprobar si alguien ya lo estaba utilizando y no encontré nada. Y sin embargo de unos años a esta parte puedes encontrar ese efecto de desdoblamiento en el diseño de cada cartel. La producción es tal que hace difícil la comparación entre los ejemplos a la hora de distinguir el aporte genuino del plagio.

PAC -Todo usuario digital ha presenciado un glitch, pero en atención a aquellos que no estén familiarizados ¿Podrías dar una definición?

Alejandro Bombín -En el entorno técnico se define como la diferencia entre la predicción y el resultado. Es cierto que como usuarios todos los conocemos: estamos ante una pantalla y la reproducción se interrumpe, dejando ver el código de traducción que verdaderamente compone la imagen. Acostumbrados a la copia digital perfecta de nuestros aparatos, la interferencia nos sorprende. Son irrepetibles, generados sólo para nosotros, casi íntimos. Sin embargo al ser casi siempre subliminales, no suelen ser compartidos con los demás.

PAC – ¿Qué le da importancia este error tecnológico?

Alejandro Bombín – Tiene difícil respuesta. Ulrich beck dijo aquello de que el progreso es el substituto del cuestionamiento, una especie de aceptación previa de unos fines y consecuencias que no se conocen ni se mencionan. Más que nunca la mediación tecnológica es más fuerte que el sujeto. Las corrientes icónicas tienen un enorme poder de uniformización ideológica a nivel planetario. Vivimos en una ficción autorreferencial, construida a nuestra imagen y semejanza, en la que el simulacro mental se construye a partir del simulacro tecnológico y el paisaje mecanizado. La intimidad es extimidad.

Digamos que en un mundo en el que el determinismo tecnológico es muy real, el glitch es un paréntesis de la reproducción incuestionada, una singularidad en el sistema que permite sacudirse el aturdimiento, una catarsis. Encarna estéticamente la insuficiencia, el error y la corrupción que implica toda codificación de la realidad.

Alejandro Bombín

PAC – Te hago estas preguntas porque a pesar de que la materialización final de tus obras es estrictamente pictórica, se te considera un referente dentro del Glitch Art. ¿Te gusta la etiqueta?

Alejandro Bombín -Sí, la tomo como positiva. El glitch viene en sí mismo de medios de reproducción técnica, por lo que es natural que sea dentro de ese mismo entorno tecnificado donde el artista pueda emular la complejidad característica de este fenómeno. El tratamiento de la mediación digital por parte de la pintura, instalación… exige adaptación, otro tipo de mediación. Lo que puede ser incluso beneficioso para aportar tono poético.

Alejandro Bombín

PAC -Los medios se complementan…

Alejandro Bombín -Eso es. Tan absurdo es defender su pureza como la pureza genética. El mismo origen de la historia del arte implica hibridación. Cuando el neandertal, iluminado por el fuego, aprovechó los volúmenes de la roca para multiplicar el impacto sensorial, ya estaba generando policromía escultórica. Más tarde el Homo Sapiens acabó con esta especie, no sin apropiarse de su arte y adoptar sus medios.

La relación entre medios suele verse como algo vampírico, un préstamo creativo que permite alargar la vida del medio moribundo. Pero, haciendo referencia a Ricardo González García, diría que es más bien una relación de interferencia entre ondas, que permite la mutua amplificación.

Difícilmente el pintor puede alcanzar la libertad de presentación de los nuevos medios si no utiliza sus herramientas. El instrumento utilizado obsolesce y desaparece, pero sus implicaciones permanecen implícitas en el objeto artístico.

Alejandro Bombín

PAC -Tu iconografía parece venir del pasado. ¿Te interesa la historia?

Alejandro Bombín -Casi todo lo que hago parte de imágenes cercanas a lo que veía de niño, mi programación visual. Elijo documentos con alteraciones propias del tiempo transcurrido. Pienso que administrar lo olvidado (las imágenes del álbum, postales, libros de divulgación basados en ciencia caducada) da más perspectiva. También las uso porque son herencia analógica. Son físicas, siguen por ahí.

La historia de uso común no me interesa mucho. Se utiliza para simplificar y construir un deseo de lo que pasó, para enquistar el odio, crear distancia entre nosotros y los otros, la incomunicación. La religión, el especismo, la soberbia económico-cultural, la creencia en los imperios y en las fronteras del dinero, se apoyan en la “historia” para justificar un privilegio, un poder adquirido de forma injusta. Esto nos impide generar la empatía necesaria para utilizar las herramientas que tenemos y revertir los problemas que nosotros mismos generamos: la destrucción del nuestro ecosistema, el aniquilamiento de la biodiversidad…

PAC -¿Alguna otra característica común a todos tus proyectos?

Alejandro Bombín -Creo que fue Adorno quien pronosticaba un futuro en el que el arte se fundamenta en introducir lo arbitrario en lo mecánico.

A todos mis proyectos les une la falta de control de los resultados. Son muy procesuales y se basan en la constante traducción de códigos. Los errores se suman, creciendo como una bola de nieve rodante. Esto es para mí un fenómeno creativo que permite un cambio de sensibilidad.

Entre las características que me gustaría alcanzar es que las obras tengan el aspecto de una revelación silenciosa, siempre polisémica. Entre otras cosas que no sabría expresar porque, aludiendo a F. Bacon: Si puedes decirlo, para que pintarlo.

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