Entrevista a Ángela Jiménez Durán

by • 9 noviembre, 2020 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)1175

Ángela Jiménez (Madrid, 1996) hace parte de la nueva generación de artistas españoles interesados en las tres dimensiones. Sus propuestas revitalizan la técnica escultórica y sus límites.

Retrato de Ángela Jiménez Durán en la Instalación Veilleuses en ENSAPC

Esta artista reflexiona sobre ciertas sutilezas del paisaje, aparentemente irrelevantes como los charcos, las rugosidades, los baches; o aparentemente invisibles como los agujeros, los desniveles, etc. Ella los amplifica e hila hasta llevarlos a experiencias espaciales frescas y lúcidas.

Sus instalaciones inmersivas consiguen alejarnos de la realidad, y adentrarnos en ambientes donde se nos plantean experiencias que no percibimos de entrada. Asimismo, sus esculturas nos desafían; el rigor mismo en su ejecución y en la intención del material, funciona como un mecanismo de reflexión muy acertado, que nos lleva a pensar incluso en el objeto común, cotidiano.

La técnica meticulosa es una seña de identidad temprana del trabajo de esta artista, generando piezas leves y poéticas hechas de kilos de escayola, o contenedores de resina que parecen agua. Y no es de extrañar que el universo de Ángela beba no sólo de la ciencia, sino también de la ficción, porque su obra narra pequeñas historias con una alta carga sensorial.

Estos meses seguirá en Madrid culminando sus próximos proyectos antes de empezar una residencia en Francia. Seguiremos sus pasos.

Detalle Anomalía Temporal, 2020 – Instalación, Dimensiones variables – Arena, resina, mantas térmicas, fibra de vidrio, escayola, bidones, manguera.

Diana Velázquez – Ángela, ¿por qué decidiste estudiar Bellas Artes?

Ángela Jiménez – Tengo la suerte de que mis dos padres forman parte del mundo del arte y es algo que siempre me ha rodeado. Mi casa siempre ha sido una gran biblioteca y de alguna manera, esas palabras, pensamientos e imágenes se volvieron una vía más natural. Decidí estudiar fuera de España porque se me presentó la oportunidad y fue una experiencia intensa, pero muy enriquecedora.

D.V. – ¿Qué fue lo más valioso que te dejó la facultad?

Ángela Jiménez – Estudié en la École Nationale Supérieure d’Arts de Paris-Cergy. Es una escuela fundada después de mayo del 68 con la voluntad de proponer una enseñanza más libre. Para mí lo más valioso fue que todos allí trabajamos como si fuésemos artistas, desde el primer día. De manera repentina te hallas elaborando proyectos, colaborando con otros estudiantes e inventando todo tipo de locuras. Creo que una de las cosas más esenciales para trabajar es ese empuje y energía que te impulsa a empezar algo, y la perseverancia de llevarlo a su máximo potencial.

Detalle Anomalía Temporal, 2020 – Instalación, Dimensiones variables – Arena, resina, mantas térmicas, fibra de vidrio, escayola, bidones, manguera.

D.V. – ¿Qué diferencias hay entre la forma de trabajar en París y en Madrid?

Ángela Jiménez – Con el tiempo me he dado cuenta de que cada ciudad tiene su propio ritmo y personalidad, y París y Madrid son muy distintas. Yo diría que París es más diversa (en todo); esa diferencia y a veces violencia (como una de las grandes ciudades del mundo con mayores desigualdades) aporta muchas cosas al trabajo de un artista y a sus pensamientos. En cambio Madrid tiene un lado más amable, en el que simplemente hablar con la gente de tus proyectos se hace más natural y más fácil. Tengo la sensación de que es el momento de aprovechar esa naturalidad y generar más proyectos y más iniciativas que dinamicen y diversifiquen la ciudad.

D.V. – Muy tempranamente te has decantado por el estudio del espacio y las tres dimensiones.

Ángela Jiménez – Igual que nosotros existimos en un determinado lugar y momento, me parece natural que las obras de arte que pueda pensar y crear un artista existan para un lugar y un momento, con características y condiciones muy diferentes según donde y cuando se presenten. Me gusta trabajar «el volumen» (como dicen los franceses): proponer formas y eventos físicos que tienen un cuerpo, los cuales, además, trabajo con mi propio cuerpo. Cuando miro mis obras y las de otros, pienso en la escala y en el gesto: ¿Es más grande que yo? ¿Es de la talla de un edificio? ¿Se puede hacer con un par de manos? ¿Lo puedo coger en mis manos? ¿Lo puedo recorrer?

ECO 3, 2020 – Instalación. 1000 x 1100 cm. aprox – Mantas de mudanza, mantas térmicas, cola blanca. Foto cortesía de Juan Borgogni.

D.V. – Formalmente eres muy rigurosa.

Ángela Jiménez – Mis primeras aproximaciones a la escultura y a la instalación llegaron a través de los moldes y sus técnicas. Fue todo un descubrimiento el percibir la lógica distinta que se aplica, cuando buscas la forma y contra forma de algo. Te das cuenta de que casi todo lo que nos rodea está hecho con un molde, que de cada forma hay un negativo. Al trabajar, la manera y cómo se hacen las obras siempre es importante para mí. Hay veces que la técnica no es la más eficaz, pero tiene que hacerse así para existir con coherencia. Aunque la obra se tenga que romper para mostrarla, aunque pese el doble, aunque quede imperfecta, es importante realizar el gesto necesario, y no llegar a un resultado por artificio o a través de trucos y subterfugios.

D.V. – En tus obras vas más allá del límite del objeto, y tus esculturas generalmente están presentadas dentro de una instalación.

Ángela Jiménez – Me gusta pensar las exposiciones como experiencias o incluso como historias. En una narración, hay lugares, personajes, momentos, pero también elipsis, elementos que faltan y que por su ausencia nos hacen entender parte de la historia. Por ejemplo, Faro Adentro, la instalación que realicé para el espacio Alimentación 30 (Madrid) fue un ejercicio interesante de tomar un espacio muy peculiar (un antiguo escaparate de tienda de alimentación) y transformarlo por completo, generar un nuevo cuerpo que lo habitase y lo abriese a nuevos sentidos e imágenes. En este caso trabajé con la idea de un faro, pequeño y precario, casi contradictoriamente interior, que se encendió todos los días de 10h a 00h. Al caer la noche, la luz atravesaba la calle y se reflejaba en las ventanas del edificio de enfrente. Era como si la luz rompiese el espacio de exposición y lo abriese a la calle.

Detalle ECO 3, 2020 – Instalació. 1000 x 1100 cm. aprox – Mantas de mudanza, mantas térmicas, cola blanca.

D.V. – Relacionado con mi pregunta anterior, hay un componente muy bello en tu obra y es la posibilidad de hacer desdoblamiento de los materiales, que son capaces de sugerir incluso ideas casi ajenas al mismo, para mí son como trampantojos.

Ángela Jiménez – Es cierto que la duda, la sospecha o el misterio, aunque sean muy breves, aparecen en mis obras. Por ejemplo, en Anomalía Temporal, la instalación que presenté para la exposición Aragon Park (Julio 2020), esto ocurría con varios elementos de la sala, con los cuáles se dudaba si los había generado yo o si ya formaban parte del espacio. Esa mimetización con el lugar me interesa porque señala la frágil frontera entre lo que son las obras de arte y lo que podría ser el paso del tiempo en ese espacio.

En la instalación también había un charco, que yo llamo “el charco mojado que nunca se seca”: consistía en una lengua de arena en la que vertí resina, resultando en apariencia un charco de agua, pero sólido y seco. De hecho, por una reacción extraña e inexplicable, parte del charco se agrietó, generando lo que parecía una ruptura, una extraña agua sólida. Fue una bonita sorpresa, ya que la instalación intentaba imaginar un momento del futuro lejano, pasados miles de años, en el que los elementos han evolucionado y ya no obedecen a las mismas leyes físicas que conocemos. Un momento en el cual el agua ya no es líquida, si no sólida y rompible…

Faro Adentro, 2019 – Instalación para Alimentación 30. 75 x 92 cm – Cera parafina industrial, circuito de luz rotativa, temporizador.

D.V. – Me interesa mucho también la investigación paralela a tu quehacer, que muchas veces te lleva al terreno científico.

Ángela Jiménez – Es cierto que la ciencia ficción y los posibles futuros son pensamientos que tengo muy presentes. Hace poco, escuché una emisión de radio en la que unos científicos contaban que se habían asociado con unos escritores de ciencia ficción: se reunían todos en un bar, y dedicaban 1h a imaginar y escribir cómo sería ese bar dentro de 50 años, 100 años, 500 años después.

De pronto uno de ellos era geólogo, y sabía que la composición del suelo de París está en gran parte constituida por un mineral ligeramente soluble en el agua, así que el bar que él imaginaba era un bar acuático, rodeado de canales y barcas. Creo que el momento en el que vivimos nos está empujando a todos a imaginarnos nuestro futuro, incluso a empezar a construirlo. Algo clave que mencionaban los científicos en esa emisión, es el poder individual de la imaginación y la generación infinita de posibilidades que provienen de ella. Esta asociación entre pensamiento científico y empírico con el pensamiento creativo me parece muy poderosa.

Por otro lado, tuve la suerte de pasar un tiempo en Santiago de Chile donde estudié las bases de la electrónica con una maravillosa profesora, Mónica Bate. Ahí empezaron mis investigaciones ligadas a la temperatura y su influencia en los materiales, en nosotros mismos y en la propia generación de la vida. Una de mis obras en ese sentido es Agujero caliente, una escultura hecha de cera y escayola con un circuito de calor. Cada vez que la escultura se enchufa y se activa, se genera una nueva forma para el agujero, dejando así a la temperatura modelar ella misma el material.

Mangueras, 2018 – (en curso). Dimensiones variables – Resina epoxy, colorante.

D.V. – Hablando contigo, te decía que ese cuerpo formal tan poderoso es en sí el concepto mismo de tu obra.

Ángela Jiménez – Como decía antes, la lógica de los moldes, y la manera en la que se construyen las obras forma parte de lo que son, de cómo existen las obras en el mundo. Por ejemplo, en la serie Pausa(s), el proceso es clave. Se trata de unos moldes en escayola de papel de burbujas. La escayola se proyecta sobre el papel, y al secarse y ganar peso, el material va generando nuevos pliegues y ángulos, dando forma él mismo a la escultura. Una vez se ha aplicado la escayola y esta ha secado, se procede a darle la vuelta a la escultura, para poder retirar el papel de burbujas y “revelar” la contra-forma de lo que era visible. A veces, en este proceso de dar la vuelta, la escultura, la Pausa de material, se rompe en mil pedazos. Después de mucho pensar, esto no me suponía un problema: lo importante es que haya un momento en el que hay un gesto del material, único y pausado, grabando una forma concreta, en gran parte generada por él mismo.

Otra serie en la que el proceso es parte integral de la idea serían las Mangueras. Es un trabajo con el que estoy avanzando mucho últimamente, y que será presentado en la próxima muestra de Arte Joven en INJUVE, a finales de enero 2021. En mi trabajo me gusta acercarme a objetos potenciales, a objetos casi mágicos. Las Mangueras son unos de ellos, por su estado doble, de vacío o lleno invisible, de recorrido exterior visible pero camino interior invisible. Lo que hago es llenar estas mangueras de resina, utilizándolas como molde, para después pelarlas poco a poco y revelar su forma interior. La revelación que se opera por la propia naturaleza del material y del gesto me interesa muchísimo, acercándose a esa idea de un objeto mágico.

Detalle Mangueras, 2018 – (en curso). Dimensiones variables – Resina epoxy, colorante.

D.V. – ¿Qué otras áreas de conocimiento atraviesan tu trabajo?

Ángela Jiménez – Muchos ámbitos variados nutren mi práctica. Uno de ellos podría ser la literatura. Leo mucho, sobre todo ficción. Me gustan mucho los libros de Haruki Murakami: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o 1Q84 son de mis favoritos. Me gusta su manera de contar historias, de describir un mundo parecido al nuestro pero en el que hay pequeñas divergencias, donde de repente aparece algo casi del realismo mágico, y cómo reaccionan sus personajes. Hay un momento en el que miran al cielo, y ven dos lunas, y se preguntan si siempre ha sido así, o si no han mirado nunca con verdadera atención…

D.V. – Háblanos de la obra que realizaste para la Casa de Campo.

Ángela Jiménez – La instalación se llamó ECO 3, y se presentó para la exposición Edén del colectivo curatorial Casa Antillón, que nos propuso todo un desafío a los 20 artistas que participamos en esta expo justo en los primeros días de la desescalada en junio. Recorriendo el parque y pensando ideas para la muestra, llegué a toparme con una especie de agujero o de cráter. Los agujeros tienen un lugar importante en mi trabajo por sus características: son espacios dobles, se puede estar dentro y mirar hacia fuera, estar fuera y mirar hacia dentro. Son espacios de diferencia en los que pueden ocurrir otras cosas y puede haber otras reglas. Poéticamente, e incluso biológicamente, son espacios fértiles.

Mi propuesta fue habitar este cráter con mantas térmicas de supervivencia y pensar el agujero como un lugar de crash, donde algo se hubiese estrellado. Con las propiedades altamente reflejantes de las mantas y aislantes de temperatura, la instalación era en cierto sentido un evento de luz y temperatura. Al estar de pie en medio del cráter, se sentía calor y se estaba deslumbrado por la luz reflejada por el aluminio.

Fue al investigar este material, sabiendo que sus derivados eran ampliamente utilizados en diversas obras de ingeniería aeroespacial, que descubrí una misión de la NASA de los años 60, que consistió en poner en órbita unos enormes globos llenos de aire, y fabricados con un derivado del aluminio, muy ligero y altamente reflectante. ECO 1 y ECO 2 fueron los primeros satélites de comunicaciones, orbitando la tierra y haciendo rebotar las ondas de comunicaciones de un punto a otro del planeta. Quise imaginar un satélite estrellado, fundido, eco de sus antecesores, que aún así seguía transmitiendo de alguna manera, a través de la luz, de la temperatura, o algún tipo de onda invisible. Me gustaría trabajar otros satélites estrellados o fundidos, en lugares diferentes, cada uno ECO del anterior.

Pausa(s): Pausa #3, 2019, Espacio OTR. 170 x 250 cm – escayola, esparto. Foto de Mismo Visitante.

D.V. – En tu discurso me interesan mucho ciertas palabras como ‘fantasma’, idea que leo más bien desde lo positivo, como una caja llena de posibilidades.

Ángela Jiménez – La idea de fantasma no me parece negativa, como dices. Es más bien otro tipo de existencia, que vive en otro plano, con otras características y visiones. Me interesa qué pasa cuando imaginamos quiénes son esos fantasmas, cómo nacen, y qué pasa cuando nos encontramos con ellos.

Quizás los fantasmas no son presencias de antiguas existencias, sino más bien entes en sí mismos, o formas de vida de cosas que nosotros vemos inanimadas. ¿Cómo sería un fantasma-pared? ¿Un fantasma-cable? En Saco Fantasma, realicé un molde de un saco de dormir. El resultado es una cáscara semi-transparente, orgánica y algo monstruosa. Me interesan aquellos objetos con los que dormimos, o debería decir en los que dormimos, y la posibilidad de que estos se impregnen de nuestras imágenes y de nuestros sueños. Al final, los fantasmas también pertenecen a este mundo de los sueños y del inconsciente, donde las cosas ocurren sin que necesitemos entender a la perfección su razón de ser. En mi trabajo y en mi vida, intento aplicar el difícil ejercicio de aceptar ese misterio.

Otra obra en la que se toca ese misterio es Máscara de cuerpo, donde un performer activa una escultura, que se pone a modo de máscara, mientras mira a los visitantes de la exposición desde una esquina del espacio. De pronto, al dotar a la obra de unos ojos que nos devuelven nuestra mirada, esa obra se hace algo fantasma, inquietante, misteriosa, y a veces también, graciosa.

Detalle Pausa #3, 2019, Espacio OTR. 170 x 250 cm – escayola, esparto. Foto de Mismo Visitante.

D.V. – Los 3 últimos años han sido muy movidos en tu carrera, ¿qué viene para 2021?

Ángela Jiménez – 2021 es un año lleno de incertidumbres, después de un 2020 como el que hemos tenido. Pero si todo va bien, en marzo estaré inaugurando en la Galería Ocupa en Oporto, una instalación muy especial. Más tarde, inauguro también un proyecto nuevo, Faosceno, con una querida amiga comisaria, Sofía Corrales. Y finalmente, de abril a junio, estaré en París para una residencia de creación en la Abadía de Maubuisson.

Saco Fantasma, 2019, 150 x 70 x 50 cm, resina poliéster, fibra de vidrio, colorante.

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