Entrevista a Eduardo Infante

by • 30 octubre, 2017 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)2128

Eduardo Infante (Girona, 1973). Vive y trabaja en Alicante. Técnico Superior en Artes plásticas y diseño (1997) por la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoy. Pintura y dibujo, creación y experimentación desde la más absoluta libertad generando lábiles fronteras.

 Eduardo Infante


PAC – Finalizada tu etapa formativa, junto a Aurelio Ayela, David Delgado y Ester Ferrándiz, fundáis el
Equipo Gloria, en 1997. ¿Qué os guió a su formación? ¿Cuál era su filosofía? ¿Qué pretendíais cambiar o mejorar? Háblanos un poco de la trayectoria del grupo. ¿Sigue latente el grupo o se disolvió?

Eduardo Infante – Al volver de Alcoy, donde los cuatro habíamos estudiado, decidimos poner en práctica lo que durante los años de formación habíamos ido esbozando. Ya habíamos expuesto juntos antes y éramos muy fans unos de otros, teníamos una actitud gamberra pero muy sofisticada, todo nos gustaba entonces menos lo que considerábamos la solemnidad rancia de la cultura oficial. Eran los noventa, no había internet, no corría la información, no teníamos ni idea de que otra gente en el mundo estuviera haciendo algo ni remotamente parecido a lo que nos proponíamos. The Royal Art Lodge, Superflat etc. tenían idearios parecidos. Nosotros entre todos teníamos unos grandes conocimientos de la historia del arte pero que llegaban hasta el arte de los primeros ochenta y luego ya el contacto contemporáneo era con lo local o lo súper mediático. Éramos muy jóvenes y el grupo se disolvió relativamente pronto tras varias exposiciones. Recuerdo con mucho orgullo «Por qué lo llaman arte cuando quieren decir Walter», aquello fue un exceso, un delirio de macro instalación con cerca de mil dibujos en el Centro 14. Uno de los tag-lines de la expo era “El dibujo es pintura sin maquillaje”. En el intento de reinventar la pólvora aprendimos muchísimas cosas juntos, yo creo que la influencia de aquellos años, “lo gloriesco” perdura en nosotros.

 Eduardo Infante -

PAC – Tu obra se caracteriza por sostener una doble mirada. Los opuestos, la dicotomía, los límites, la deconstrucción, la paradoja. Cómo en toda exploración, ¿Cuál consideras que ha sido tu conquista o no ha habido?

Eduardo Infante – He estado más pendiente siempre de la obra que tenía delante que de “hacer arte” y muchísimo menos de hacer “que parezca Arte” No sé si esto es una conquista, pero es un mérito propio que no me da pudor reconocer. Considero la pintura una creación colectiva, damos y recibimos continuamente lenguaje, he intentado siempre que mi trabajo no fuera algo cerrado, no guardo lealtad a un estilo determinado. Para mí la coherencia es una asunto de cohesión interna no un rasgo epidérmico. Cuando el estilo cristaliza creo que se parece mucho a un trastorno de la personalidad.

PAC – ¿Crees que hay un arte integral? ¿Lo practicáis los artistas que componéis bajo la denominación Transpop?

Eduardo Infante – Transpop es integral en el sentido de integración de lo popular en el caudal de la historia del arte. El termino lo inventó Antonio Blanco, cual moderno Huysmans, para referirse a un grupo de artistas muy variopinto y multidisciplinar que no encajaban fácilmente en ningún lado porque utilizaba los mitos, actitudes y en general toda la cultura de masas sin cita ni distanciamiento irónico , sin intención postmoderna. Artistas plásticos, fotógrafos, grupos de música, guionistas y dibujantes, directores de cine y escritores que somos amigos y compartimos esa visión no académica del arte.

 Eduardo Infante -


PAC – Has definido tu propio trabajo, desde lo físico y lo artesanal, como la tensión entre crear imágenes y destruirlas. Esto define a un demiurgo ¿Te sientes más platónico o gnostico? ¿Reñido con lo conceptual?

Eduardo Infante – Hay mucho de platónico en mi trabajo, pero más en la dialéctica de la metodología de trabajo que uso que en la fidelidad a la idea como arquetipo. Casi todos los creadores de inspiración platónica o mejor dicho, neoplatónica, de alguna manera proyectan o precipitan su obra en una suerte de viaje descendente de la idea que se encuentra en un plano elevado hasta su plasmación en el mundo de la forma. Un creador de inspiración gnóstica, por su parte, entendería la creación como un acontecimiento real en tanto que afecta a la realidad del espíritu, pero producido en un mundo virtual, como cuando Neo en Matrix aprende a pilotar un helicóptero. Yo por mi parte creo más bien en una confluencia o colisión de planos de realidad, no necesito una teoría unificada de la física para saber que está operativa, aunque no haya sido formulada. Aquí estamos ¿no? Entiendo la obra de arte como una coproducción desde diferentes niveles simultáneos de realidad, algunos operan dentro de los límites de lo cognoscible y otros no tanto o directamente para nada.

Por eso me gusta tanto la pintura, es una actividad en la que las fronteras y tensiones entre forma y vacío, representación y potencialidad se difuminan en un plano que es simbólico y matérico a la vez. Los medios de la pintura son limitados pero la enorme cantidad de variables, los convierten en algo googleliano que al fin y al cabo y para la experiencia humana, que es de lo que se trata, son percibidos por su magnitud como posibilidades infinitas.

 Eduardo Infante -

PAC – En el aspecto formal, afirmas pertenecer a una generación que ha interiorizado completamente oriente como algo no ajeno y que se alimenta, sin distanciamiento irónico, de alta y baja cultura. En concreto, y por tus constantes referencias al cómic, ¿haces referencia al manga, más actual, o a una corriente más tradicional como el ukiyo-e?

Eduardo Infante – La gran presencia de la televisión en nuestra infancia marca una diferencia generacional importante así como el contacto con las series de dibujos japonesas de los que fuimos niños entre las décadas de los setenta y ochenta con respecto a las generaciones anteriores. Todos quedamos fascinados por esa iconografía del manga, Mazinger Z era el tema habitual no ya mío, sino de todo el colegio durante las sesiones de “dibujo libre”, simplemente no he hecho nada para librarme de esa influencia. Guardo mucha lealtad a los “yo mismo” que he sido y eso incluye al niño que fui. El cómic fue mi primer amor y sigo siendo un ávido lector. Con respecto a la pintura oriental es imposible entender el arte contemporáneo sin la enorme influencia que tuvo en la eclosión de las primeras vanguardias, la enorme influencia de la estampa japonesa en los impresionistas y postimpresionistas y sobre todo y lo más importante: La pintura oriental no hace la más mínima diferencia entre lo que en occidente llamamos dibujo y pintura. Esta concepción de la pintura es lo que más me ha influido del arte oriental.

Eduardo Infante -

PAC – El término manga combina los kanji o caracteres han correspondientes a informal ( man) y dibujo ( ga). Se traduce, literalmente, como «dibujos caprichosos» o «garabatos». Los japoneses llaman también al manga «imágenes insignificantes». ¿Tu trabajo aspira a dignificar las imágenes?

Eduardo Infante – Tengo siempre muy presente que en momentos muy críticos de la historia de la pintura como por ejemplo el siglo dieciocho, son actitudes muy poco académicas como por ejemplo las de Goya y Watteau las que vienen a salvar los muebles de todo un siglo estéril en genio y sumamente aburrido ¡Un montón de cuadros de señores con peluca! La fantasía, el erotismo, el humor, la diversión en general, son anatema para un arte que pretende ser “importante” La pretensión de ser tomado en serio tiene un recorrido muy corto siempre. Hay mucho miedo al ridículo y eso es malo para todo. Más que dignificar las imágenes aspiro a liberarlas de complejos.

 PAC – ¿Cómo debemos entender tus imágenes? Desencríptanoslas.

Eduardo Infante – Nunca he pretendido ser críptico aunque reconozco que a veces las cosas que hago desconciertan un poco, yo soy el primer desconcertado y la mayoría de las veces no se ni qué pensar sobre mi trabajo. Me gusta estirar por un lado la belleza de las imágenes hasta acercarme peligrosamente a lo cursi y por otro lado reconozco que me gusta ser sacudido por lo chocante, por lo difícil de procesar. En el fondo utilizo la regla de oro de tratar a los demás como me gustaría ser tratado. A mí me gusta que me deleiten y sorprendan.

PAC – Tu obra es una explosión muy emotiva de historias íntimas contadas a pedazos. ¿Pareciera que el arte contemporáneo sólo se puede entender desde la fragmentación?

Eduardo Infante – Creo que todos los momentos de transición históricos tienen ese mismo sabor, esa misma sensación de rotura, de decadencia, de fin de la historia. La fragmentación postmoderna la percibimos como algo horizontal, estanco, precisamente porque estamos en medio de ese bosque. El arte contemporáneo ha renunciado al juicio de la historia, pero la historia sigue y juzgará sin duda, cribará, destruirá y hará su síntesis de lo que es el arte de nuestro tiempo. Yo si pudiera elegir, personalmente querría de mi obra para el futuro, que pudiera seguir siendo disfrutable, por delante de que fuera “representativa de su época” un piadoso eufemismo para lo disecado y amojamado, para lo rancio.

 Eduardo Infante -


PAC – ¿Cuál y cómo es tu relación con el
sistema del arte?

Eduardo Infante – El sistema, o mejor dicho Los circuitos del arte son algo gigantesco a nivel mundial, se aprecian como un cuello de botella, un obstáculo al enorme caudal creativo cuando se contemplan de forma fragmentada y muy localista. Los artistas sufrimos por no encontrar nuestro lugar en el sistema, pero la buena noticia es que ese temido sistema no existe. Perdemos la perspectiva por empecinamiento y búsqueda de aprobación por parte de un ente inexistente. Es un gran baile de galerías que abren y cierran, comisarios de moda y caídos en desgracia, éxitos y fracasos, sistemas que emergen y otros que pasan desapercibidos. Da igual, hay tanto donde elegir y los sistemas son tan inestables y tan volubles que a pregunta pertinente sería: ¿y yo qué coño quiero? Por lo tanto mi relación personal con el mundo del arte es algo sujeto siempre a continua actualización.

PAC – ¿En qué proyecto estás ahora enfrascado?

Eduardo Infante – Tengo que decir que yo no soy artista de proyectos, yo entiendo mi vida como una práctica continua, práctica en el sentido de constancia y disciplina sobre un grupo de intereses que no decaen y a los que se van sumando nuevos. El cuerpo de trabajo que me ocupa ahora tiene mucho que ver con la música y los mitos del romanticismo.

Son pinturas y dibujos donde la abstracción es muy envolvente y la narrativa muy épica, con muchas conexiones con la espada y brujería y el ocultismo decimonónico. Flores y truenos. Para variar, no sé muy bien lo que me traigo entre manos, solo tengo claro que quiero mucha belleza y mucha fuerza, que sea algo muy desbocado. Me interesan las fuerzas irracionales, creo que son éstas y no las ideas, el verdadero motor del progreso.

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