Entrevista a Federico Granell

by • 9 septiembre, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (1)895

Federico Granell (Cangas de Narcea, Asturias, 1974) es un especialista en atmósferas, en ser testigo de instantes que no narran demasiado, dejando mucho a la imaginación. Eso sí, te acerca a una sensación que atrapa, hace que te detengas irremediablemente frente al misterio que hay en sus obras y las contemples.

Granell es un coleccionista en toda regla, que nos envuelve en momentos pertenecientes a un pasado ajeno o lejano, que como piezas de un puzzle son recogidas por el espectador para que las conecte, las reconstruya o les de un sentido.

Sus obras tan expansivas como preciosistas, dan fe de un pintor avezado que no tiene miedo a complejizar su mundo adentrándose en otras técnicas como la escultura de gran formato, que es tratada de manera instalativa, generando espacios sobrecogedores y enigmáticos, o sus cuadernos de viaje Moleskine, en los que inmortaliza lugares y personas anónimas que va encontrando a su paso.

Granell tiene una carrera profesional extensa, que le ha llevado a exponer en numerosas galerías españolas, de Europa y Suramérica, además de ferias y certámenes relevantes. Federico siempre se inspira en Asturias, emplazamiento de grandes artistas contemporáneos y produce desde su centro de operaciones en Oviedo. Su estudio, un lugar atemporal y ecléctico es una delicia para los sentidos y un lujo para apreciar la producción de este artista.

El 13 de septiembre inaugura en la Galería Gema Llamazares su quinta exposición individual titulada Vuelve conmigo a Italia, la cual podemos afirmar sin duda que será un éxito y merece una visita.

Retrato del artista en su taller

D.V. – Federico, ¿qué te llevó a dedicarte al Arte?

F.G. – Lo que me llevó a dedicarme al Arte fue, sobre todo, el querer decir algo, contar cosas con los medios que tenía a mi alcance. Disfruto pintando o dibujando, para mí es casi una terapia y es un placer ver que lo que haces tiene una repuesta en el espectador, a veces distinta a la que tu pensabas, pero siempre interesante.

D.V. – Eres un artista polivalente, te mueves muy fluidamente en distintas técnicas. ¿Con cuáles te sientes más cómodo?

F.G. – Me siento más cómodo en el dibujo. Tengo cuadernos de dibujo con ideas, con sueños que apunto, con bocetos de esculturas, con imágenes que me inspiran canciones… es muy relajante y gratificante sentarse y dibujar. Lo disfruto mucho. Podría pasarme el día dibujando, creo que es la base de todo. La pintura también me relaja aunque menos, el óleo tiene muchas posibilidades y me encanta explorarlas. Lo más complejo con diferencia es la escultura. Me encanta, pero requiere mucha energía por lo que hago pocas obras escultóricas a lo largo del año. Necesito encontrarme fuerte para enfrentarme a ello.

De la serie ‘La vida imaginada’. Hans en suspensión. Óleo / lienzo, 73x100cm, 2016

D.V. – En tu obra hay una intención narrativa, en muchos casos con la idea de mantener vivo aquello que ya no está, pero que existió. El pasado es tu baza.

F.G. – Eso es, me interesa mucho lo narrativo, lo cinematográfico, lo que el paso del tiempo nos ha dejado. Esto me lleva a otra serie que expuse en la galería Utopía Parkway de Madrid: Los últimos veranos. En ella se podían ver casas de Indianos abandonadas en Asturias. Mi objetivo era representar la belleza en la decadencia, ese esplendor pasado pero que aún conserva dignidad. Me gusta la pátina del tiempo en las casas, en los objetos, en las fotografías.

De la serie ‘Los últimos veranos’, Villa Excelsior. Óleo/lino ,73 x 60 cm., 2014

D.V. – Efectivamente, en tu obra el recuerdo es esencial. Sin embargo, luego, nos damos cuenta que los hechos no han sucedido sino que planteas un simulacro.

F.G. – El recuerdo es una de las bases de mi trabajo, me gusta la idea del Arte como un gran juego de espejos, de imágenes que se van conectando. Tienes razón con el concepto de “simulacro”. En la serie La vida imaginada, por ejemplo, que expuse en la Galería Gema Llamazares de Gijón y, más tarde, en la galería parisina Nivet-Carzon, trabajé a partir de un álbum alemán de los años 30 con textos pero sin fotografías que me encontré en un mercadillo de París. Una página tenía escrito Olympiade 1936 y mi cabeza empezó a volar. Me pareció interesante inventarme una familia, con Hans, un niño del sur de Alemania como protagonista. Recreé una vida idílica en el campo con sus padres y amigos en el periodo de entreguerras y dejé a propósito la historia sin terminar para que la gente la completara. Este mismo año he expuesto en Argentina, en Granada Gallery, una especie de continuación titulada La vida imaginada, Giulio y Luciano, dos niños también nacidos en los años 30 del S XX en Roma. Con esta muestra me planteé otra manera de jugar con los personajes. Ellos existieron y tenía algunas imágenes con sus visitas a Villa Borghese o a Venecia en un álbum y esta circunstancia me hizo plantearme por qué no representarlos viajando a más lugares de Italia. Así que esos dos niños visitaron en mis cuadros ciudades como Florencia, Pisa, Nápoles, Pompeya… Con lo que pude hacer un pequeño homenaje a un país que me tiene enamorado.

Serie ‘La vida imaginada’, Hans y tiempo. Resina, fibra de vidrio,
escalera y relojes, 2016. Foto Cortesía Galería Gema Llamazares

D.V. – Tal como lo dices, tus obras exploran la inquietud. Plantean instantes entrecortados y es el espectador quien tiene que conectarlos a su manera. Es interesante el interés por la elucubración, tanto de las vidas ajenas en las que urgas, como de quien mira tu obra y es llamado a elucubrar.

F.G. – Me gusta lo que comentas, que el espectador es quien tiene que conectarlos a su manera, prefiero no dar toda la información. Un cuadro tiene que guardar cierto misterio.

D.V. – También existe un afán de reconstruir, de no dejar el pasado atrás pero de traerlo de otro modo, transformado por tu ‘intrusión’.

F.G. – Claro, se reconstruye en forma de juego.

D.V. – Tienes una técnica impecable, pero esa técnica va de la mano de unos intereses muy contemporáneos. Fundes la forma y el fondo, en una obra consecuente y muy cuidada.

F.G. – Muchas gracias por considerar mi técnica impecable, siempre intento mejorar, no repetirme, no aburrirme, evolucionar, trabajando en temas que me interesan pero siempre buscando aportar mi visión personal. Me gusta que la técnica esté al servicio de la idea, me interesa la pintura en la que aparecen personajes, con ciertos toques cinematográficos, narrativos, pero con un punto de misterio. Entre mis pintores favoritos se encuentra Hopper, gran retratista de la sociedad de su época. Yo intento representar mi tiempo aunque para ello tenga que viajar al pasado.

Serie ‘Las canciones que vienen al caso’. Acuarela en cuaderno
Moleskine, 2018.

D.V. – ¿Qué hay en el pasado que no tenga el futuro?

F.G. – El pasado genera unas energías que todos entendemos, favorece que nos identifiquemos con él. Los futuros distópicos también me parecen un tema muy interesante y no descarto trabajar en ello en más adelante, pero por ahora estoy más a gusto trabajando en la recuperación de las cosas pasadas, de la memoria, la familia, la infancia… todos ellos son temas que me obsesionan.

Serie ‘La Vida imaginada de Giulio y Luciano’. Página del álbum,
tinta sobre papel, 2018

D.V. – ¿Quiénes han sido las personas que más han marcado tu formación y tu carrera artística?

F.G. – Principalmente el apoyo familiar ha sido muy importante siempre. Mauro Álvarez, mi primer profesor de dibujo y modelado, fue quien animó a mis padres viendo que tenía potencial a presentarme al examen de ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca. Allí casi se aprendía más de estar en contacto con otros compañeros que de los profesores. Éramos muchísimos alumnos por curso y, poco a poco, vas avanzando y encontrando amigos que comparten tus inquietudes. En un curso de Litografía en Gijón coincidí con Sandra Paula Fernández y, desde entonces, somos inseparables. También mi amiga Catalina Rodríguez Villazón ha sido un revulsivo en mi forma de trabajar; con ella he empezado a llevar el cuaderno de dibujo conmigo a cualquier sitio, pues salir del estudio viene muy bien de vez en cuando. Otra amiga, Natalia Alonso Arduengo, que ha comisariado varias exposiciones en las que he participado es, igualmente, crucial en mi desarrollo como artista. Mención especial merecen mis galeristas Gema y Diana Llamazares, cuyo apoyo ha sido vital para exponer mis ideas por locas que fueran.

No me puedo olvidar de mencionar el panorama artístico que se respira en Asturias, una comunidad que puede que, por estar un poco aislada, se haya mantenido fiel a la tan traída y llevada pintura. Aquí hay grandes pintores como Miguel Galano, Chechu Álava, Melquiades Álvarez, Reyes Díaz, Juan Fernández, Isabel Gil, Faustino Ruiz de la Peña, Helena Toraño, Rebeca Menéndez, Mónica Dixon, Luis Rodríguez Vigil… Todos trabajando en el campo de la figuración contemporánea desde puntos de vista muy personales.

In paradisum, obra en colaboración con la Escuela de Arte de Oviedo.
Fibra de vidrio y resina, tamaño natural, 2017.

D.V. – Sigues trabajando en Oviedo. ¿No te han entrado ganas de irte a Madrid o a algún lugar de Italia?

F.G. – Voy con frecuencia a Madrid y a Italia tanto por razones profesionales como por el placer de viajar, y además tengo allí buenos amigos. Pero estoy muy a gusto en Oviedo, donde dispongo de un buen estudio y mi centro vital, y de momento no me planteo ir a vivir a otro sitio. Asturias es una región maravillosa.

D.V. – ¿Cuál fue el momento en que tu carrera empezó a evolucionar, y empezaste a tener visibilidad en el circuito artístico? ¿Fue una obra en concreto, una serie de casualidades, el encontrarte con alguien que te impulsó?

F.G. – Creo que hubo una conjunción de todos esos factores. Mi carrera artística empezó nada más terminar la universidad. Tuve la suerte de exponer muy pronto en Asturias y en Madrid, con muy buena respuesta por parte de la gente y de la crítica. También pude exponer en México, Santo Domingo y Argentina al poco de empezar a trabajar, y luego las exposiciones en Paris fueron un salto importante en mi carrera y una experiencia muy enriquecedora. Los premios de la Junta General del Principado y en el Certamen de Luarca contribuyeron mucho a la visibilidad y prestigio en el mundo artístico. También fue una suerte encontrar buenas galerías, es de vital importancia que haya buena sintonía entre artista y galerista.

Serie ‘La vida imaginada’. Hans y Amelie con calavera. Óleo/lino,
100×100 cm., 2016.

D.V. – ¿Cuál ha sido hasta la fecha el aprendizaje más importante que te ha dejado el día a día en el circuito artístico?

F.G. – Considero que, con esfuerzo y el trabajo bien hecho, uno puede conseguir resultados que no se espera. Suelo elaborar temáticas unitarias para cada exposición y, mientras avanzo en el estudio, cada cuadro es una aventura. Todas esas obras al llegar a la galería tienen una fuerza distinta, se potencian. Es curioso porque muchas veces soy yo el primer sorprendido de ver el trabajo terminado y presentado.

D.V. – ¿Qué proyecto hasta la fecha, ha sido de los más complejos en tu carrera?

F.G. – Creo que el más complejo ha sido La vida imaginada, pues supuso una manera muy distinta para mí de afrontar un trabajo. Siempre había pintado a partir de fotos que yo mismo hubiese realizado y aquí el reto es que las fotografías tomadas por otros parecieran cuadros míos, como si esas imágenes ajenas hubieran estado esperando a que yo los pintase. Fue un salto al vacío.

También una escultura yacente que realicé en colaboración con la Escuela de Arte de Oviedo fue otro gran reto para mí. Es la escultura que más me gusta de todas las que he realizado hasta el momento y también es la más inquietante.

Serie ‘Las canciones que vienen al caso’. Acuarela en cuaderno
Moleskine, 2019.

D.V. – Has expuesto en varias ocasiones también fuera de España. ¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Tu trabajo es visto de manera diferente?, ¿la manera de trabajar es diferente?

F.G. – Creo que mi obra es percibida de modo igual dentro que fuera de España, tal vez porque expuse en países próximos culturalmente como Italia, Francia o Argentina. Desde luego yo no hago distinción a la hora de concebir y desarrollar la idea de la exposición. La verdad es que en esos países me siento como en casa, muy bien acogido y comprendido.

D.V. – ¿Qué proyectos vienen en 2020?

F.G. – En septiembre inauguro Vuelve conmigo a Italia, mi quinta exposición individual en la Galería Gema Llamazares de Gijón. Es un proyecto que me hace mucha ilusión. Se trata de un repaso a todos los viajes que hice a Italia desde que, en 1999, estuve por primera vez en Milán con una Beca Erasmus. Es un homenaje al pasado y al presente italiano, un Grand Tour desde un punto de vista actual.

En noviembre estaré en Santiago de Compostela como ponente de Compostela Ilustrada, además realizaré mi primera exposición individual en la Galería Metro que se va a titular De Viaje. También, a final de año, se presentará un libro con doscientas ilustraciones “Las doscientas canciones que vienen al caso”, un proyecto de edición de libros de arte en tiradas reducidas creado por Rafa Doctor y, sin duda, una genial manera de despedir un año muy productivo

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