Entrevista a Kribi Heral

by • 26 marzo, 2015 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)3259

Kribi Heral (Biar, 1967). Estudió en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoy y Valencia. Un año fugaz en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández de Elche, que abandonó para formarse de manera autodidacta y libre. Su obra plástica se centra en la experimentación pictórica, en constante diálogo con otras técnicas como la escultura, la fotografía, el vídeo, la performance y la instalación; tomando como soporte y materiales principales el metacrilato y el aluminio, sobre los que transmite y proyecta todo lo que tiene dentro. Le interesa abordar la pintura desde lo constructivo, lo espacial y lo expandido, tomando como referencia el ser humano y sus extrañas reacciones, y sobre todo de cómo la ciencia y los avances tecnológicos, van generando cambios radicales en la sociedad, la civilización e incluso en nuestra especie. Su otra pasión, la música, con un proyecto llamado Dream Motherfucker.

©Inés Villeparisis

PAC.- Tus trabajos están poblados por entes, figuras humanas, a veces en sus formas abreviadas -que rozan la abstracción-, personajes posthumanos, mutantes, que has denominado entys. ¿Advertencia?, ¿cinismo?, ¿humor?, ¿melancolía?, ¿distanciamiento?

K.H.- Los entys son consecuencia del trabajo que llevo realizando desde hace ya unos años. Surgen cuando descubrí la nanotecnología. La ciencia es algo con lo que disfruto y me interesa. Aunque no sé nada de ciencia, siempre me ha gustado, y divertido, leer sobre sus avances y su historia. Vivimos en uno de los momentos más importantes para el ser humano, como especie. Los últimos avances de la ciencia y la tecnología dan visos de un futuro radicalmente diferente, en todos los aspectos. Incluso afectarán a cuestiones existenciales: como cuando llegue el momento de preguntarnos si somos humanos o máquinas. 1989 fue un año importante, por la caída del muro de Berlín, pero lo realmente importante ese año fue conseguir la manipulación del átomo, la base de todo de lo que vemos y somos. La nanotecnología, la mecánica cuántica y otras disciplinas, están ofreciendo una amalgama de posibilidades increíbles. Tengo la sensación de que todo está por rediseñar. Es lo que intento transmitir con mis trabajos. Vivimos momentos apasionantes, en constante evolución.

PAC.- Los entys son individuos fronterizos y bastardos, desubicados, extraños, sin un paraíso posible ¿metáfora de nuestra situación (o la de El otro) o fábula de la que debemos aprender? ¿Han venido para aleccionarnos?

K.H.- Los entys son una de las líneas de trabajo de un proyecto más basto que se llama «Enty Nnotech World» y que trata de crear hipótesis de trabajo, con los que experimento plásticamente, en base a las posibilidades que nos sugieren la nanotecnología y otros avances científicos.

Los entys, en concreto, recrean una próxima especie que, por supuesto su procreación no será biológica y tampoco habitaran la tierra, pero que en su polimorfismo aún mantiene formas humanas, conscientes de sus predecesores los seres humanos. Es como un ejercicio de arqueología y cierta nostalgia extraterrenal.

Puede parecer ciencia-ficción, aunque paradójicamente no soy un gran amante del género. Intento reflejar la apasionante proyección que se nos ofrece y hasta donde seremos capaces de llegar.

PAC.- El metacrilato, material difícil, frágil y costoso. Con múltiples denominaciones comerciales, es también llamado vidrio acrílico. Técnicamente, tú pintas meticulosamente desde atrás (desde el revés) y con aerógrafo, lo que le confiere mayor dificultad a la ejecución de tus piezas: contemporáneos vitrales o vidrieras policromadas. Al igual que en las catedrales, como “vidriero” contemporáneo, ¿la didáctica es importante para ti? ¿Buscabas esa solemnidad, esa luz que rezuman tus obras? ¿Cómo le confieres esa calidez a un material aparentemente frio?

K.H. – El plexiglás es un material que se adecua perfectamente a mi planteamiento de trabajo, que por encima de cuestiones conceptuales y de discurso, principalmente se trata de experimentar, y por extensión, de aprender y entender. Me interesa de este material su transparencia, que permite crear distintos niveles. Crear un interior con el que me abre un extenso campo para jugar con la fotografía, el dibujo, texturas, video… Tienes que aprender a manejarlo, como cualquier otro medio. Interesante tu referencia a las antiguas vidrieras de las catedrales, porque siempre lo he vinculado más a ese reflejo cotidiano que inunda nuestras vidas, como pantallas de ordenador, televisión, carteleras, etc. A pesar de ser un material que surgió en la primera mitad del siglo XX, está muy presente en nuestro entorno y con el que me siento muy a gusto.

PAC.- La etiqueta define, delimita, diferencia. Se te ha etiquetado habitualmente como pop, surrealista, y hasta postpop, tal vez por el uso de los media, el color, y ciertas técnicas afines al estilo. Quizás estés más cercano al expresionismo. ¿Qué define mejor tu trabajo?

K.H.- No sé si está bien decirlo. Descubrí el arte con doce años. Ha formado gran parte de mi trayecto vital. Muy apartado de los centros artísticos. He trabajado al margen de etiquetas y siguiendo mi propia intuición. Entiendo que, en mis obras, se puedan observar ciertas referencias, como en la mayoría, pero es una cuestión accidental. ¿Qué define la obra? ¿La técnica, la estética o el contenido conceptual? ¿Es Duchamp un vendedor de sanitarios por su «Fuente»? A poco que se profundice, en mis obras, se pueden encontrar otros significados, que podríamos llamar como existenciales. Más que desde un punto de vista filosófico y transcendental, provocados por dichos avances tecnológicos y sus efectos en la especie humana. La intención del arte es la contemporaneidad y sus claves. Estas corrientes surgieron cincuenta o sesenta años atrás, y las podemos disfrutar, estudiar, aprender, pero simplemente era otro momento, otra visión, la creación artística siempre mira hacia delante. No puede ser de otro modo.

PAC.- ¿Cómo se sobrelleva la exigencia del sistema del arte de tener que ser la “eterna novedad”?

K.H.- No percibo, ni concibo ninguna presión de búsqueda de novedad o exigencia, más que mi propia búsqueda de sensaciones. Es de lo que se trata el acto estético. Si tuviera alguna presión de este tipo, posiblemente dejaría de pintar.

Es una cuestión de curiosidad, de tener la mente abierta, de conocer, de experimentar, de observar. Como diría San Agustín: «de maravillarte». Esto hace que el trabajo evolucione, es un estado constante.

PAC.- ¿Te resulta muy difícil mantener tu resistente coherencia en estos tiempos tan volubles?

K.H.- La libertad, como individuo, es algo que tengo muy presente. El arte es el único espacio donde realmente me siento libre, y desde aquí experimento con la vida y siento que es mi lugar, para lo bueno y lo malo. Vivir del arte es extremadamente complicado y más en este país. Pero la necesidad del arte es superior. Como diría Dream Motherfucker: «El camino hacia la muerte no tiene nada de trascendente si te eligen el camino los demás». No sé si esto es ser coherente o no. Cada uno es dueño de su destino.

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