Entrevista a Luisa Pastor

by • 14 julio, 2014 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)4657

Luisa Pastor Mirambell (Alicante,1977). Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada (2001), Diploma de Estudios Avanzados [DEA] por la Universidad Miguel Hernández de Elche (2010). Sus trabajos se ha asentado básicamente en dos grandes líneas de investigación: el género y la ciencia. Becada por diversas instituciones y laureada en diversos certámenes, actualmente reorganiza sus cuarteles en estos tiempos convulsos para las artes y la cultura, a la vez que prepara su tesis doctoral.

PAC.- “Cosoypego”, tu alias, ¿es un poco signo de estos tiempos: arte, artesanía vs. practicidad, trabajo en serie, industrialización?

L.P. – “Coser y pegar” es una forma de “pintar sin pintura” e investigar el material y sus posibilidades plásticas. Una herramienta de reflexión extraordinaria, que me permite plantear la construcción de una idea, que es lo que realmente me parece importante.

Las herramientas de trabajo que utilizo se pueden encontrar en cualquier casa y no son las de una sociedad industrial y mecanizada. Mi forma de trabajar implica un trabajo manual, más minucioso, de mimo con el objeto y el soporte y, por supuesto, se aleja de los procesos de reproducción en serie. En esta sociedad llena de prisa, donde el tiempo pasa rápido, detener la mirada implica una ruptura del tiempo “cotidiano”: es un acto subersivo –marcadamente político–. A veces es el detalle de un objeto determinado el que consigue “detener” el tiempo, haciendo que el espectador abandone su día a día cotidiano y se adentre en el tiempo de la obra, en donde se inicia una especie de conversación íntima, hecha a base de miradas y silencios; otras veces soy yo la que busca objetos determinados que tienen posibilidades para crear ese juego de comunicación con el espectador. En ambas ocasiones, el material queda supeditado a un proceso de resignificación en función de la idea.


PAC.- Pienso en esos “chicos que bordan”: David Cata, Antonio Fernández Alvira y Francesco Vezzoli, por citar algunos, ¿coser es una labor de género o algo está cambiando?

L.P. – Durante siglos, el bordar y el zurcír siempre han estado ligados a la imagen femenina de la mujer en el hogar, al ámbito privado de la casa, a la eterna Penélope del «Home, sweet home», que hace y deshace sin descanso, mientras espera que Ulises vuelva a casa. Por suerte, todo está cambiando y hay muchos artistas que transgreden –con ese bordardo intencionado– los límites que impone el patriarcado. No siempre que se trabaja con hilo hay una propuesta reivindicativa detrás. El hilo es un material que permite alcanzar unos resultados concretos, para cubrir unas necesidades puramente plásticas: una línea puede estar hecha con un lápiz o con un hilo y eso implica la elección de un objeto en cuanto a sus posibilidades formales, hecho que -por supuesto- no supone obviar la capacidad política de la forma.


PAC.- El bordado, la costura, también ha sido la marca de la casa de Helena Almeida o Ana de Matos, pero ninguna de las tres lo habéis realizado como delicada tarea femenina, como lorquiana faena femenina esterilizadora, sino más bien como combativa labor reivindicativa. ¿Hay que luchar desde dentro, desde el propio género?

L.P. – El espectador, el crítico o un familiar, te dan una visión de tu trabajo que nunca te hubieras planteado. Las interpretaciones pueden ser muchas y de muchas índoles y ese caldo de cultivo me parece muy positivo, porque enriquece el concepto de subjetividad frente a otras disciplinas más analíticas. En el arte contemporáneo, cada cuál se apropia de la obra en la medida de su conocimiento estético y también teórico. El grado de implicación, dependerá de la capacidad del espectador de interactuar y reflexionar con la pieza: muchas veces, no siempre, a mayor implicación, más profundidad discursiva para comprender (y comprehender) la obra. Otras veces, se tiene muy claro lo que se quiere decir y se direcciona la mirada del espectador, se cierra al máximo el abanico de las posibles interpretaciones, para intentar que la idea comunique de una forma clara y que llegue al espectador con un mayor acercamiento. Mi labor combativa –de manera quizá muy sutil– trabaja haciéndose cargo de las implicaciones del género, pero creo que tiene más que ver con un posicionamiento político desde la forma, el concepto, con el fin de invitar a la reflexión –desde el collage– de la relación que tenemos con todo lo que nos rodea.


PAC.- Tus primeras obras, delicadas piezas, collages sobre hojas de libro de contabilidad, primer estandarte de tus quehaceres artísticos, ¿obedecen a que hay un debe y un haber? ¿Hay una contrapartida hacia la igualdad?

L.P.- El “Debe” y el “Haber” están seguidos de la palabra “Saldo” en los libros de contabilidad. Empecé a utilizar este soporte, que compraba en anticuarios, cuando estudiaba en Granada. Con mis pocos medios económicos, esta frase fue toda una contradicción reveladora. Esas hojas se convertían en un escenario extraordinario, que me permitían contar historias que quedaban amparadas bajo la cortina de lluvia del “Debe-Haber-Saldo”. Los materiales que utilizaba eran la mínima expresión, como puede ser la aguja, el botón, algún recorte del semanal del periódico o, a veces incluso, alguna minucia oxidada que encontraba por la calle. Todo ese micromundo iba tomando forma en esas hojas regladas por un capitalismo agresivo, que se manifestaba hoja tras hoja bajo la imposición económica del “Debe-Haber-Saldo”. Ahí encontraba un punto de tensión sustancial, para comenzar a hablar con elementos encontrados o de muy poco valor económico. Los trabajos fueron evolucionando en su complejidad hacia el concepto de mercancía y de industrialización, que materialicé en una serie de collages sobre el engranaje – el corazón de la máquina- y, posteriomente, la máquina.


PAC.- Tu serie «Neuronal System» nos recuerdan aquellas anatomías del sistema neuronal que dibujara Santiago Ramón y Cajal que lo llevaran hacia el Nobel. ¿Por qué crees que desde lo cultural, lo artístico, se vive tan alejado de lo científico? Y eso que, a veces, el arte se anticipa a la ciencia.

L.P.- Artista y científico no están tan alejados. Entiendo al artista como un científico. Matisse decía: «Un artista es un explorador» y comparto esta opinión. El arte se nutre de todo, no tiene ningún reparo en servirse de la herramienta que necesite, ya sea científica, tecnológica o totalmente rudimentaria, si para ello consigue la finalidad que busca. Leonardo da Vinci en su «Códice Atlántico», hizo anotaciones de sus estudios sobre urbanismo, arquitectura, física, astronomía, botánica, óptica, matemáticas e incluso bocetos de máquinas textiles, máquinas para volar o máquinas para excavar canales, entre otras tantas cosas.


PAC.- ¿Qué proyecto llevas ahora entre manos? Tu próxima serie o interés.

L.P.- Mi tesis doctoral. Después de tantas lecturas y reflexiones, abordaré algunos proyectos que tengo en mente con una visión más amplia. Ahondar en la profundidad de los micromundos dentro de la instalación es un tema que me apasiona, y que llevo pensando algún tiempo.

Post Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *