Entrevista a Mariano de Blas Ortega

by • 6 noviembre, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)289

Mariano de Blas Ortega (Madrid, 1958), es un artista que ha profundizado en la imagen como un vehículo conceptual. En su obra más que tener una experiencia pictórica, el artista propone un lugar de encuentro de ideas, de elementos no premeditados que confluyen en una misma escena para invitar a una reflexión. Sus motivaciones más importantes son mirar, pensar y subrayar, tal como sucede en la lectura.

Retrato de Mariano de Blas Ortega

De Blas busca un cómplice, un espectador que se sumerja en el acertijo e intente resolverlo, siempre desde su propia experiencia. Como si estuvieran frente a un test de Rorschach en el que todo aquello que es percibido es la proyección de sí mismo. En esta medida la obra de Mariano es abierta y flexible. Es un terreno de opinión, a la manera del ágora donde quien asiste puede opinar y proponer su percepción.

Con una amplia trayectoria expositiva dentro y fuera de España, de Blas ha expuesto en Dusseldorf y en Londres. No se identifica con ninguna etiqueta o movimiento, pero sí que confía en el poder de la pintura, campo en el que ha trabajado siempre.

Además de su quehacer artístico, Mariano es profesor titular de la facultad de Bellas Artes. Es un gran conocedor de arte contemporáneo, un profesor implicado en el desarrollo de los proyectos de sus estudiantes y una persona tan cercana y amable como pocas en este mundillo.

Mariano de Blas Ortega – Joven en rojo y azul, 2019. Acrílico sobre lienzo. 81 x 100 cm.

D. V. – Mariano, ¿Qué enseñanza te dejaron los estudios de Bellas Artes?

M. B. O. – Decisiva para introducirme en el arte. Sobre todo porque fue una referencia, no siempre a favor. Recibí una enseñanza muy académica, figurativa. Inmediatamente cuando acabé, me fui a vivir y a estudiar a Nueva York, y el contraste fue tremendo. Sentí que había pasado cinco años aprendiendo a montar a caballo para conducir coches de finales del siglo XX.

D. V. – ¿Por qué decidiste dedicarte a la pintura?

M. B. O. – Por vocación e interés. Incluso abandoné otros estudios, empresariales. A pesar de vivir en un ambiente que, sin bien apreciaba el arte, pero solo como afición, nunca como profesión, cuanto más mayor me hacía más seguro me sentía. Por supuesto que tenía una idea del arte “romántico”, en el sentido de fuera del presente y mitificado, pero sí que deseaba trabajar con la imagen y el mundo expresivo simbólico del lenguaje del arte. Nunca me planteé salirme de la pintura, es el lenguaje que más me interesa y me sirve. La pintura tiene tantas posibilidades como para no agotarse en sus límites.

Mariano de Blas Ortega – Ella, 2019. Acrílico sobre lienzo. 195 x 260 cm.

D. V. – Te graduaste de la facultad a finales del siglo XX, ¿Cómo ha evolucionado tu obra hasta hoy?

M. B. O. – Muchísimo, desde los conceptos, hasta planteamientos que sitúen a la pintura en la contemporaneidad y mi propia posición de los conceptos y contenidos que quiero desarrollar. Primero, me decanté por una reacción a la academia figurativa, trabajé con elementos expresivos abstractos. Aquello era rupturistas con la entonces tradición y las ideas preconcebidas acerca de la idoneidad moderna de lo abstracto. Después incluí la figuración postmoderna con diferentes estrategias, fotocopiando y ampliando imágenes que descontextualizaba relacionándolas con la pintura en donde convivían ambos lenguajes. Después las fotocopias ampliadas fueron desapareciendo y había más presencia de las imágenes descontextualizadas y aprehendidas para confeccionar el discurso de la obra. Al principio con líneas de colores, bajo la influencia de mi muy admirado amigo Carlos Vidal, gran pintor mejicano afincado en Madrid, para cubrir los planos de color de las formas.

D. V. – ¿Tu obra está influenciada por el Surrealismo?

M. B. O. – Indirectamente, en el sentido de plasmar una no narración de interpretación abierta y motivaciones inexplicables.

Mariano de Blas Ortega – Padre e hijo, 2019. Acrílico sobre lienzo. 50 x 61 cm.

D. V. – También utilizas el apropiacionismo, con imágenes sacadas de revistas, periódicos, libros etc., ¿bajo qué premisas eliges las imágenes?

M. B. O. – Solo por atracción inexplicable personal, no hay criterio alguno. Si acaso que sean adecuadas para el dibujo a línea.

D. V. –  Tu pintura está muy influenciada por el dibujo.

M. B. O. – El dibujo es esencial para la concepción de la idea de la obra, así que siempre está presente. Pero siendo más concreto, mi trabajo actual tiene un gran componente de la línea, y por tanto de un aspecto del dibujo. Digamos que suele estar el color relacionado con la línea.

Mariano de Blas Ortega – Las muertes de la lectura, 2019. Acrílico sobre lienzo.162 x 130 cm.

D. V. – Me interesa esa relación entre el objeto y el sujeto.

M. B. O. – En mi caso, el discurso del contenido de la obra es tan abierto que el espectador pergeña el suyo propio.

D. V. – ¿Es el artista un intermediario entre el sujeto y sí mismo?

M. B. O. – Considero que lo único interesante es la obra y el espectador. Una vez que el artista realiza su trabajo, su personalidad, su biografía deja de tener relevancia. No son los sentimientos o las vivencias del artista lo relevante, sino que la obra por sí misma sea capaz de comunicar expresiva y simbólicamente algo. Si no estaríamos refiriéndonos a una obra de aficionado, de divertimento y no de un compromiso de ser capaz de comunicar algo más allá de la circunstancia particular del artista.

Mariano de Blas Ortega. Pintor con piscina, 2019. Acrílico sobre lienzo. 81 x 100 cm.

D. V. – En esas imágenes, conceptualizas la contemporaneidad a través del juego y las asociaciones que pueden generar los distintos componentes del plano pictórico.

M. B. O. – Me interesa la proposición, sí que lo asumo así y estoy de acuerdo. Me interesa manejar una narración visual sin argumento para generar una experiencia plástica y expresiva. Mi trabajo trata de demandar al espectador que indague en la imagen, con la misma estrategia de un libro, en donde hay que abrirlo, leerlo y entenderlo. Es decir, que la obra sea un artefacto para la reflexión.

D. V. – En el catálogo de una exposición que has realizado este año comentas: “La pintura parece estar en una forma terrible y, sin embargo, también con mejor salud que nunca”. ¿Puedes ampliar esta afirmación?

M. B. O. – Terrible, porque la pintura ha perdido protagonismo, está en los recovecos del espacio público del arte, pero al mismo tiempo sigue existiendo y produciendo pero ya liberada de gran parte del “espectáculo” en que se manifiesta el arte. Con esto no quiero decir que otras manifestaciones artísticas contemporáneas no sean interesantes y relevantes acorde a nuestra época.

Mariano de Blas Ortega – Manos rojas con pañuelo blanco II, 2019. Acrílico sobre lienzo. 54 x 65 cm.

D. V. –  Eres también profesor titular de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense. ¿Cómo es esa experiencia?

M. B. O. – Muy importante, decisiva y muy positiva. La docencia universitaria, que apoya la investigación, te permite estar en contacto con lo contemporáneo a través de la comunicación con los alumnos, que pueden enseñarte muchas cosas, sobre todo la actualización. También te permite ser independiente de los vaivenes del mercado y no depender de las ventas. Rembrandt murió arruinado porque su obra había pasado de moda. Goya y Sorolla fueron profesores de esta misma institución, antes Academia-Escuela superior, ahora Facultad de Bellas Artes. De hecho Goya sobrevivió sus últimos años con la pensión de profesor.

D. V. –  ¿Consideras que las facultades son esenciales en los estudios de Artes?

M. B. O. – Esenciales, no, pero sí muy importantes. Son un centro de confluencias sobre el arte. Por generaciones, por intereses. Son el combustible que alimenta la renovación de arte y artistas. Lo que puede diferenciar a unas facultades de otras, no es tanto la calidad de sus docentes, en todas hay muy buenos profesores, sino que estén ubicadas en ciudades con actividades artísticas, esto ha ocurrido siempre, en la Sevilla o el Madrid del XVII, el París del XIX, Nueva York actualmente…

Mariano de Blas Ortega – Joven con cartas, 2019. Acrílico sobre lienzo. 100 x 81 cm.

D. V. –  ¿Cómo ves el circuito de Arte en Madrid?

M. B. O. – Madrid y España están fuera del circuito internacional del arte, países como Italia, por citar a uno cercano a nosotros, y muy sobresalientemente Gran Bretaña, por mencionar a otro más diferente, se han situado mucho mejor. Considero que en España todavía no hemos entendido que el arte no es algo suntuario sino una producción de riqueza, véase el Guggenheim de Bilbao, por ejemplo, véase la fiscalidad y ausencia de leyes de mecenazgo en nuestro sistema legal. Con esto no quiero decir que no haya extraordinarios artistas (Plensa, D. Canogar, Ángela de La Cruz, M. Maté, Elena del Rivero, Sierra, Larrea, Barceló, R. López Cuenca y un largo etcétera) amén de comisarios muy preparados y profesionales.

D. V. –  ¿Qué es lo que más te interesa del arte a día de hoy? (puedes hablarme de mecanismos, de artistas puntuales, de influencias, etc).

M. B. O. – Me interesa de todo, desde Daniel Canogar a Plensa, Al estar en contacto directo con los jóvenes aprecio que el arte actual ha sobrepasado las antiguas fronteras de lo que era arte, ahora es diseño, video juegos. Sus soportes, por su extensión en la web, por su virtualidad. Su extensión en los formatos por su ilimitada extensión en la web, eso hace que el arte sea otra forma globalizada de espectáculo.

Mariano de Blas Ortega – Monstruo y niña rezando, 2019. Acrílico sobre lienzo. 54 x 65 cm.

D. V. –  ¿Qué le recomiendas a tus alumnos que están por graduarse en Bellas Artes?

M. B. O. – Primero, mucha información de lo contemporáneo. Segundo, unas estrategias cosmopolitas. Lo primero que ha de entender un artista es que los nacionalismos son una invención cultural. Muchos artistas se han desarrollado en países “extranjeros”, desde el Greco y Ribera a Picasso y De Kooning. Que el arte se desarrolla con mestizaje de ideas, que es vanguardia de universalidad, y más en el presente ubicado en lo globalizado. Tercero, una buena relación con los nuevos medios de producción y comunicación (la web y nuevas tecnologías). Finalmente, la necesidad del trabajo en equipo. No creerse los mitos del artista: genio que comunica sus sentimientos al mundo, bohemia y triunfo milagroso.

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