Entrevista a Pablo Sandoval y Daniel Soriano

by • 12 agosto, 2019 • EntrevistasComments (0)613

La muestra ‘Inmersión’, de Marina Núñez, resume el planteamiento curatorial de Pablo Sandoval y Daniel Soriano, iniciado con proyectos como Cadena Atrófica, de Attua y Saelia Aparicio Torinos, y O.R.G.I.A. En los bajos de la pirámide invertida, del Proyecto MNH, Museo Nacional de Historia, propuestas que han formado parte de la programación del Centro Cultural Puertas de Castilla de Murcia en los últimos dos años.

Cadena Atrófica de Attua y Saelia Aparicio Torinos. Foto de José Luis Carrillo

Pablo Sandoval y Daniel Soriano son los comisarios de la exposición de Marina Núñez –‘Inmersión’-, que se exhibió en el Centro Cultural Puertas de Castilla, en Murcia, de febrero a mayo de 2019. Se trata de la tercera propuesta que coordinan y dirigen de manera conjunta en este espacio, dedicado a las manifestaciones artísticas, urbanas y culturales contemporáneas.

Sus trabajos enlazan cuestiones de identidad, el cuerpo humano, el ecologismo o las relaciones conceptuales, entre otros temas, aspectos que subyacen de sólidos discursos con crítica social.

Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Murcia, Pablo Sandoval (Murcia, 1993), realizó el Máster de Producción y Gestión Artística de la UMU y en la actualidad compagina su labor de comisario con la de artista. Su investigación se centra en políticas de género y cuerpo, especialmente en cuestiones de identidad de las masculinidades. En 2016, su investigación final de Grado fue premiada en la Convocatoria de Artes Plásticas de la Universidad de Murcia, gracias a la cual realizó su primera exposición individual en la sala La Capilla de la ciudad. Su último proyecto, “Masculino, cualidad del hombre”, ha sido becado por la Universidad de Nebrija y La Postiza.

Daniel Soriano (Murcia, 1991), comisario independiente y gestor cultural, comparte la esencia de este equipo creativo. Las líneas de actuación desarrolladas a través de su investigación curatorial –actividad a la que se dedica tras finalizar la carrera de Bellas Artes- se centran, por una parte, en el arte contemporáneo, el contexto social y la política, donde aborda temas como la biopolítica, la ciudadanía, lo público y el papel del arte como elemento desestabilizador y estrategia subversiva en un contexto de crisis y, por otra, en la museografía, expografía y la teoría crítica del comisariado, dirigiendo su interés hacia el comisariado colaborativo y otras estrategias para producción de exposiciones en una línea horizontal. También ha colaborado con revistas como m arte y cultura visual o c´mon Murcia, y sus textos se incluyen en varios catálogos de arte contemporáneo.

En concreto, la instalación creada para Marina Núñez –la tercera propuesta desde 2018- se dispuso en dos áreas delimitadas, donde la secundaria es un pasillo que indica al espectador estar situado en la antesala de la exposición; una introducción guiada hacia los sonidos del espacio contiguo. La melodía es penetrante. Los elevados techos permiten intuir que, a pesar de la oscuridad, existe un anhelo de claridad que se muestra en forma de cristales lumínicos, en cuyo interior flotan figuras ramificadas que parecen levitar. Son metáforas de la realidad, de la belleza, de la complejidad del ser humano. Al fondo de la sala principal, tres pantallas de grandes dimensiones simulan la repetición de secuencias y nos seducen en una espiral de grutas sin retorno.

Es una reiteración ampliada e impresionante de las infografías mostradas nada más atravesar la gruesa y oscura cortina de la puerta. Diseños fractales cuyo significado explora los recovecos de lugares, presencias que son ausencias, ya que únicamente hallamos el contorno de las figuras. Esa formación primigenia construye el paisaje infinito de una instalación surrealista donde lo audiovisual afecta a nuestros sentidos y percepción. Nos sumergimos, en consonancia con las figuras y la melodía, en un estado de difícil definición, como los inconclusos límites de esta serie cíclica que pivota hibridaciones de cuerpo y alma desde un patrón matemático fractal.

Cadena Atrófica de Attua y Saelia Aparicio Torinos. Foto de José Luis Carrillo

Conversamos con los comisarios de esta exposición a la que preceden trabajos como “Cadena Atrófica”, de Attua y Saelia Aparicio Torinos y “O.R.G.I.A. En los bajos de la pirámide invertida, del Proyecto MNH, Museo Natural de Historia”, títulos que dejan adivinar la conexión entre comisarios y artistas.

¿Qué tienen en común estas propuestas?

Pablo Sandoval (en adelante Pablo): en la elección de nuestros proyectos no hay una línea definida. Trabajamos temas o con personas afines a nosotros y artistas con los que tenemos una conexión. En todas las exposiciones hay cosas en común pero no se han escogido porque entre ellas guarden relación, sino por la calidad de las propuestas y su afinidad hacia nuestras áreas de investigación. En esta ocasión, Marina Núñez habla de otros mundos posibles, de los habitantes de estos paisajes virtuales.

¿Cuáles son las características que plantea el espacio de Puertas de Castilla?

Daniel Soriano (en adelante Daniel): las salas son negras y hay que adecuarse, ver qué funciona aquí. En el caso de Marina Núñez son tres proyecciones, además de los cristales. Con O.R.G.I.A. tratamos de recrear una sala de museo y con Attua y Saelia Aparicio se hizo un recorrido por el mundo oceánico abisal con luz negra. El espectador, ayudado con unas linternas de luz negra, descubría un entorno habitado por extraños seres que han mutado a través de la basura que se ha ido depositando en los lechos marinos. Son proyectos que funcionan bien en salas negras.

En ‘Inmersión’, de Marina Núñez, el discurso se construye, principalmente, a través de un recurso audiovisual, ¿coincide con lo que habéis presentado con anterioridad? 

Daniel: O.R.G.I.A. incluía un vídeo pero era un componente más de la exposición.

Pablo: Con Attua y Saelia se trataba de instalación, no había vídeo.

Daniel: aquí Marina Núñez hace modelado en 3D. Utilizó un programa para hacer fractales y empezó a jugar con ellos. Después surgió la combinación con las figuras que comparten la misma textura: forman parte del propio paisaje y dejan el final abierto; te dicen: «tú eliges».

Inmersión de Marina Núñez. Foto de Javier Salinas

¿El fractal puede reflejar la luz de una manera determinada?

Pablo: el fractal es el patrón. Mediante códigos matemáticos, algunos dispuestos al azar, los fractales generan un patrón dentro del cual, y a través de una fórmula matemática, se va generando otro patrón. Puedes ir buscando por cada hueco que surge y siempre encontrarás la misma fórmula.

Daniel: son estructuras infinitas –añade.

Que van creando una orografía…

Daniel: exacto. Son ecuaciones matemáticas infinitas y representaciones gráficas. Estructuras de masa cero porque son siempre huecos. Marina Núñez ha trabajado la temática del otro, la naturaleza, cuerpos híbridos o ciborg desde sus inicios.

¿La identidad y la no identidad?

Daniel: sí, su trabajo gira en torno a la identidad. Además fue de las primeras artistas que empezaron a trabajar con el tema de la locura en España en los años noventa y pegó fuerte.

Y si hablamos de MNH, ¿qué se pretende mostrar con esta exposición?

Pablo: En los bajos de la pirámide invertida, que sería la parte del proyecto Museo de Historia Natural que pudimos realizar en la Caja Negra y en la Sala Nana, O.R.G.I.A. hace un repaso muy importante a la construcción del relato, con mayúscula, de la Historia. De la exclusión de otras historias para beneficiar un discurso excluyente. En este caso, se exhibió el ajuar funerario de la Faraona de la dinastía de la Pirámide Invertida, una serie de objetos donde el placer sin límites tiene un gran protagonismo.

Inmersión de Marina Núñez. Foto realizada por Javier Salinas

Volviendo a esta colaboración, ¿cómo surge?

Pablo: ambos somos graduados en Bellas Artes. Daniel se ha dedicado más al comisariado y yo compagino esta labor con mi trabajo como artista, pero he sabido diferenciarlos –aclara-. Hice las prácticas del Máster de Producción y Gestión Artística aquí [en el Centro Cultural Puertas de Castilla] y nos permitieron presentar después varios proyectos. El primero de ellos fue “Cadena Atrófica” y a raíz de él, salieron más. Los dos anteriores se hicieron en la sala negra de la segunda planta.

Daniel: teníamos la Caja Negra y la sala pequeña, muy rara, que no se sabe qué se puede hacer con ella; es muy complicada para montar una exposición.

Además, el techo es bastante bajo. Por eso para Marina Núñez nos trasladamos a la sala grande. Es complicado, pero se han podido ir enganchando proyectos que sobre el negro funcionaban.

Hablábamos sobre la inexistencia de una línea definida en vuestras propuestas.

Daniel: en realidad sí se comparte una línea porque, en definitiva, las exposiciones poseen una temática afín a nuestros intereses: cuestiones de identidad, del cuerpo –insiste con el tono de voz y un gesto que refuerza el mensaje-, el ecologismo, al centrar la atención en las relaciones conceptuales y en cómo se construyen o en la dialéctica. Tanto Marina Núñez como Attua y Saelia Aparicio guardan relación porque, de cierta manera, tratan la naturaleza, pero O.R.G.I.A. trabaja sobre la construcción de la Historia. Las artistas se sitúan en los márgenes y empiezan a reflexionar por distintas ramas del conocimiento humano.

Proyecto MNH. Foto de José Luis Carrillo

Son obras cargadas de significado.

Daniel: ahora la tendencia es dejarse llevar mucho por el material y hacer cosas bonitas pero también requiere una base conceptual.

Pablo: la carga conceptual es importante. Aquí es donde entra en juego el comisariado; se nota un poco la rama de la que procede cada comisario (su especialización académica) en la elección de las exposiciones.

¿Qué proyectos tenéis entre manos?

Daniel: uno de los proyectos, al margen de nuestra colaboración como comisarios, incluye un trabajo curatorial de la obra de Pablo Sandoval, que está desarrollando una revisión de la figura del demonio.

Pablo: se encuentra todavía en fase de inicio pero se centra en la moral medieval; la imaginería en torno al demonio a través de los gabinetes de curiosidades, que viene a ser el origen de los museos. Pequeñas colecciones que la gente tenía en casa donde tiene cabida desde un cuadro hasta un guardapolvo o, incluso, un animal disecado. Pero aún está en fase embrionaria. Estoy investigando.

Daniel: piedras, plantas…

Pablo: estos gabinetes eran privados y dieron paso a los museos de historia natural, que se ramificaron en galerías pictóricas y evolucionaron hacia lo que conocemos como museos.

Proyecto MNH. Foto de José Luis Carrillo

¿Cómo se traduce en materia?

Pablo: por el afán de coleccionismo de la gente. Al final, todos coleccionamos cosas.

¿En toda exposición es indispensable un trabajo de investigación?

Daniel: sí, en todas le corresponde al artista, al comisario o a ambos un trabajo de investigación importante.

Pablo: en definitiva, hablamos del peso del proyecto, que debe de tener una carga conceptual importante. Vivimos en una misma época y hay temas que están candentes.

¿Se trata de obras con un compromiso social?

Daniel: siempre hay un discurso político en nuestras propuestas. Eso nunca nos puede faltar. Tal y como están las cosas no tiene sentido hacer una pieza que solo hable de la belleza.

Pablo: también sería político.

Daniel: una pieza sin contenido no tendría sentido. El discurso tiene que ser sólido y la materia con la que lo construyes vaya en consonancia. Creemos que en todo lo que hemos comisariado existe una relación entre el discurso, lo que se quiere contar, y lo que se está haciendo.

Para finalizar, ¿cómo se vive del arte?

Pablo: es un poco difícil; nosotros no vivimos de esto. Trabajamos en otras cosas y, tal vez por ello, intentamos hacer lo que realmente nos gusta.

Daniel: más bien sobrevivimos.

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