Entrevista a Caridad Botella

by • 8 enero, 2020 • EntrevistasComments (0)537

Caridad Botella (Madrid,1977), es una historiadora del arte que se ha movido en distintos ámbitos del arte, desde el quehacer galerístico hasta la importante función pedagógica y de mediación que acerca el arte al gran público de forma experimental y cercana. Es aquí donde se siente más cómoda.

Retrato de Caridad Botella. Cortesía de Erika Gabriel

A día de hoy, lleva la dirección educativa de NC-arte un espacio atípico y vanguardista, que presenta cuatro proyectos al año en su espacio del barrio La Macarena (Bogotá).

Asimismo, es comisaria y hace parte de distintos proyectos dentro del circuito local de Bogotá, ciudad en la que vive desde hace unos años.

Entablar una conversación con Caridad es acercarse a una mujer empática y con los pies bien puestos en la tierra. Su pensamiento abierto y pragmático así como su flexibilidad, le han permitido adaptarse a distintos contextos, a entender el mercado, al artista y sus necesidades, a saber de gestión, producción, de comisariado…

Su trayectoria e implicación dan cuenta de su aporte al contexto colombiano y al iberoamericano a través de la red de pedagogías empáticas.

Habitar, exposición en Casa Hoffman. Cortesía Casa Hoffman.

D. V. – Caridad, ¿por qué te decantaste por la Historia del Arte?

C.B. – Estuve dudando entre psicología, filosofía y sociología sin pensar en Historia del Arte. Me decidí después de compartir sesiones de estudio con una amiga que ya estaba en la carrera. Me encantaba leer los libros que ella traía. Creo que al escoger Historia del Arte abrí un camino que permite tener incursiones en las otras carreras que me interesaban. Al fin y al cabo el arte habla del individuo, de la sociedad que éste habita y del pensamiento de cada época.

D. V. – ¿Cómo fueron tus años de estudio?

C.B. – Durante la carrera en Madrid me la pasaba con mi amiga Mariana Artero, fue muy divertido la verdad. Para haber vivido uno de los peores programas de Historia del Arte, aprendí mucho. Quizá lo mejor fue haber sido parte del circuito artístico de Madrid a finales de los años 90. En las inauguraciones de galerías, del Reina Sofía, etc., se vivía algo completamente distinto a lo que se aprendía en la universidad. La carrera de Historia del Arte era entonces absolutamente tradicional y en el mundo “real” uno tenía que desarrollar una mirada propia sin base académica porque la academia no hablaba del presente. Lo volvería a hacer una y otra vez.

Habitar, exposición en Casa Hoffman. Cortesía Casa Hoffman.

D. V. –  ¿En qué áreas has trabajado después de tus estudios?

C.B. – En el 2002 empecé a trabajar en Sotheby’s Ámsterdam. Ahí estuve casi 5 años y pasé por operaciones, shipping y el departamento de arte del s. XIX. Para mí esto fue como empezar en la sala de máquinas del mundo del arte. Es fantástico conocer un mundo así desde “abajo”. Me dio la oportunidad de ver el mercado del arte desde una perspectiva privilegiada.

En el 2006 entré a trabajar en la galería Witzanhausen donde tuve el rol de asistente y con el tiempo de dirección. Siempre digo que si pude sobrevivir a eso, podré con cualquier cosa. En realidad fue el trabajo en el que más crecí como mujer, como persona y como ser creador.

Después, en el 2012, me vine a vivir a Bogotá con mi esposo Juan Pablo Castro. Aquí, antes de llegar a NC-arte, impartí clases, hice algunas curadurías independientes y trabajé en la primera fase de Sinfonía Trópico.

Actualmente soy la Responsable del Proyecto Educativo de Nc-arte, hago curadurías esporádicas y escribo para Artnexus y otras publicaciones.

Habitar, exposición en Casa Hoffman. Cortesía Casa Hoffman.

D. V. – Cuéntanos sobre tu labor en NC-arte, un espacio vanguardista en Bogotá.

C.B. – Gracias a Sinfonía Trópico me conecté con lo educativo como motor transformador de la sociedad. En el 2016 surgió la oportunidad de liderar el Proyecto Educativo de NC-arte, que ya tenía una reconocida trayectoria en desarrollar formatos de mediación experimental. En la parte expositiva es uno de los primeros espacios independientes en aparecer, hace ya casi 10 años. Fue un espacio pionero por el tipo de proyectos que acogía.

En la parte educativa, tenemos muchos programas pero a grandes rasgos lo que hacemos es partir de la exposición como excusa para tratar otras cosas y trabajar en conjunto desde el hacer, empoderando al público como productor cultural y creador. Entre los programas más importantes destaco el NC-LAB, que invita al público a conectar su profesión o diario que hacer con el pensamiento creativo a través de talleres con artistas, curadores y educadores.

Rápido y Sucio, exposición en galería Liberia. Cortesía 48 por minuto.

D. V. – También trabajas en una feria paralela a Artbo.

C.B. – Una vez al año hago parte de Barcú, una feria con un formato más cercano a un festival, en la que hay arte contemporáneo pero también otras manifestaciones de la cultura, en especial, la música.

Yo hago parte del comité de selección y curaduría de Spotlights, una exposición para unos 15 artistas que no tienen representación de galerías. Es muy refrescante porque intentamos variar el tono del arte que puede verse en las galerías más establecidas. En general la feria, por ser tan distinta a Artbo, ayuda a enriquecer la oferta cultural de Bogotá.

Rápido y Sucio, galería Liberia. Cortesía 48 por minuto.

D. V. – Asimismo, eres comisaria independiente. Háblanos de los proyectos en los que has trabajado?

C.B. – Desde que vivo en Bogotá he comisariado varios proyectos, algunos en conjunto con otros curadores. El proyecto más grande fue [sunday matinees] entre 2012 y 2013 en el Museo de arte Contemporáneo. Era una programación de performance en físico y en streaming que se realizaba el último domingo de cada mes.

Después he podido indagar en temas que me interesan como la infancia y la educación, la memoria, el dolor y el placer en el cuerpo o la naturaleza y las metáforas que los artistas emplean para hablar de ella, entre otros.

He realizado proyectos en el Espacio Alterno de Uniandinos, Casa Hoffmann, Aurora Galería de Arte y Diseño, Liberia galería, o el Centro Cultural Reyes Católicos. Este año también realicé una curaduría en Estudio 74, un co-working de artistas que durante la feria ARTBO realiza una curaduría con los artistas de la casa. Para este proyecto desarrollé un dispositivo de mediación ya que los artistas tenían obra muy dispar para un tema que se había elegido antes de mi llegada al proyecto.

Quizá lo más experimental fue lo del MAC, que realicé en conjunto con Juan David Quintero, entonces curador del museo. El formato de transmisión por streaming no era tan frecuente en ese momento. Tenía en mente el modelo de la filmoteca francesa que bajo Henri Langlois en los años 50 y 60 pasaban todo tipo de cine sin discriminación.

Tormenta, Casa Hoffman. Cortesía Casa Hoffman

D. V. –  ¿Cómo valoras el clima del circuito artístico bogotano? ¿Es atractivo para artistas y agentes del arte?

C.B. – El circuito artístico bogotano es especialmente interesante para proyectos independientes. Hay mucho interés por iniciativas que se salen de la norma, que exploran espacios y formatos nuevos. Por otro lado está el barrio San Felipe que está considerado como el nuevo barrio del arte y la cultura en Bogotá. Es un proyecto de desarrollo urbano que pone al arte como motor de cambio del tejido urbano mas no del social.

En este sentido es interesante ver como la escena artística refleja también distintos problemas de la sociedad bogotana.

Partituras del Recuerdo, exposición en galería Aurora. Obra de María Clara Figueroa. Cortesía de la artista.

D. V. – ¿Ha sido fácil acomodarse a diversos lugares de trabajo en diversos medios y culturas?

C.B. – Hasta ahora sí. No he tenido problema. Quizá el más difícil ha sido el contexto holandés por la diferencia cultural. Creo que he pasado de un lugar completamente regulado a otro más abierto porque las cosas todavía están por hacer. Me quedo con esto último. En Colombia se respira aire de posibilidades y apertura.

D. V. – Asimismo, son distintos el medio,  la manera de trabajar de los artistas, los intereses…

C.B. – Hay diferencias, claro, desde el arte que se hace o los temas que interesan, hasta la forma de relacionarse entre los agentes del medio, la formalidad/informalidad con la que se trabaja o la cercanía de los artistas con el público.

Por poner un ejemplo concreto, en Colombia se tiende a trabajar en colectivo, es algo que llama mucho la atención, mientras que en Europa no tanto. Supongo que tiene que ver con la diferencia cultural y con la necesidad de juntar esfuerzos para hacer algo en conjunto. Dicho esto, las similitudes son de lenguaje en tanto que el arte contemporáneo tiende a la misma globalidad que vemos en todo el mundo.

En Colombia el arte político todavía está muy presente aunque sí hay una apertura a prestarle atención a un imaginario más poético o lírico.

Partituras del Recuerdo, exposición en galería Aurora. Obra de Iván Castiblanco. Cortesía del artista.

D. V. – ¿Qué valoras de un artista? ¿Qué producciones te interesan?

C.B. – Lo que más valoro es la honestidad. Un artista trabajando sobre un tema que no tiene que ver con su búsqueda personal es como una persona viendo una vida prestada. Es muy difícil ser honesto cuando además hay que vivir de ello pero para mí la honestidad es casi una garantía de que uno va bien encaminado.

Antes me fascinaba el arte y la tecnología y en particular la visualización de datos. Ahora mismo estoy absolutamente imbuida en el poder transformador del arte a nivel social y personal. Especialmente porque a mí me ha transformado estructuralmente.

En realidad lo que más me interesa es el rol y el poder del artista para generar cambios. Así que lo que más me interesa son los proyectos, que suelen ser de colectivos pero no siempre, que involucran a la sociedad en sus procesos de creación.

El que calla otorga, exposición en SN Macarena. Obra de Nicolás Gómez. Cortesía de Óscar Monsalve.

D. V. – ¿Qué pasos debe seguir  un artista emergente que quiere formar parte de una galería?

C.B. – Trabajar en su obra de forma profunda y honesta. A la hora de trabajar con una galería es importante tener en cuenta que las cosas se dan si uno busca en el nicho en el que encaja su trabajo. Es importante conocer las galerías, su foco de intereses para saber a dónde apuntarle. Yo siempre digo que enviar el portafolio o dejar una USB durante las ferias pasando por todas las galerías no sirve de nada. Creo que es una combinación entre suerte y destreza social pero todo empieza con la honestidad con la que se aborda la práctica artística.

Actos de Sanación, Sinfonía Trópico, Mitú Colombia. Cortesía de Sinfonía Trópico.

D. V. –  ¿Qué es Sinfonía Trópico?

C.B. – Sinfonía Trópico nace en el 2014 con el objetivo de unir las ciencias y las artes para reflexionar y generar soluciones sobre problematicas ambientales en Colombia, enfocados en la importancia de conservar la biodiversidad evitar la deforestación, y el cambio climático. Desde entonces Sinfonía Trópico trabaja con jóvenes en diversas regiones del país que representan sus cinco biomas: Orinoquia, Amazonia, Pacífico, Andes y Atlántico.

La idea es empoderar a los jóvenes desde la música, el teatro, la danza, las artes plásticas, el cine, la fotografía y la gastronomía como vehículos de conexión con estos temas que desde la ciencia alimentan procesos de creación artística.

Es una plataforma que resalta iniciativas de gente que está desarrollando proyectos para mejorar la situación a nivel local, héroes ambientales; con tantas malas noticias que vemos día a día, Sinfonía Trópico quiere mostrar esperanza.

Cada año desarrollamos uno o dos proyectos en lugares con situaciones particulares, por ejemplo, actualmente estamos trabajando en Mitú en la creación de murales, y trabajos de danza y performance (Cuerpos del agua y Cuerpo reforestado) con comunidades indígenas.

Mural Cuerpos de Agua, Sinfonía Trópico, Mitú Colombia. Cortesía de Sinfonía Trópico.

D. V. – Hace años marchaste de España, ¿has pensado en generar alguna dinámica que te lleve a implicarte en el circuito patrio?

C.B. – De alguna forma tengo un poquito de un pie puesto en España porque NC-arte es parte de la Red de Pedagogías Empáticas, conformada por un grupo de instituciones, artistas y colectivos de España y América Latina, que trabajan en el campo de la mediación y la educación artística. Así que desde hace un par de años, gracias a la educación en museos, instituciones, etc, estoy mucho más en contacto con España. Claro que me gustaría tener aún más pero de momento estoy contenta.

D. V. – ¿Qué viene para 2020?

C.B. – Para el 2020 tengo un gran proyecto en NC-arte. El NC-LAB tiene lugar en su cuarta edición, estará dentro de el tercer encuentro de la Red de Pedagogías Empáticas, del cual somos organizadores junto con otros agentes culturales de Bogotá.

Va a ser algo de gran envergadura por la resonancia nacional e internacional ya que hay tendremos invitados y participantes de varias latitudes. También saldrá una publicación realizada en conjunto con varios agentes de la Red.

En fin, aparte de los proyectos independientes que realice, esto va a ocupar casi la totalidad de mi existencia laboral.

Para el futuro en general y si puedo proyectar deseos, me gustaría realizar un libro que una arte y literatura infantil aunque es de momento u sueño a realizar.

En general quiero mantenerme en el campo de la educación y la mediación porque es mi polo a tierra en el mundo del arte.

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