Entrevista a Cristina Toledo

by • 8 julio, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)1874

Cristina Toledo (Las Palmas de Gran Canaria, 1986) es una pintora con muchas tablas. Empezó a formarse muy joven y ha sabido acotar sus intereses en una pintura figurativa muy resuelta.

Es muy apreciable su interés por trastocar los significados de la imagen. Todo aquello que pertenecía a la imagen original (encontrada generalmente mediante búsquedas en internet, revistas antiguas, o fotos familiares) es transformado en ese tránsito hacia lo pictórico.

Aquello que tenía unas coordenadas históricas e incluso una función (por ejemplo comercial), pasa a no tener contexto, y a vertebrar un discurso ajeno a la inmediatez de la fotografía y que atraviesa el tiempo.

Toledo favorece un diálogo sobre lo que fuimos y lo que somos, sobre las mutaciones de la idiosincrasia, la identidad, la sexualidad, el erotismo, la mujer… Y es allí donde su discurso es muy actual, y es allí donde propone un viaje esclarecedor en el que a través de la pintura se actualizan y ponen sobre la mesa los miedos y la deriva de la sociedad contemporánea.

Cristina Toledo retratada por Alejandro Cayetano en la Galería Tournemire de Madrid

D.V. – ¿Qué es lo que más te aportó la facultad?

C.T. – Dado que no hay facultad de Bellas Artes en mi isla, pensé que la mejor opción era venir a Madrid por la amplia oferta cultural que me ofrecía. En su momento, pensaba sobre todo en poder visitar el Museo del Prado, el Reina Sofía, el Thyssen y las grandes exposiciones temporales.

La facultad me aportó muchas cosas, desde conocimientos técnicos y de oficio a otros más teóricos. Valoro mucho también las relaciones y amistades que trabé en esos años, fue una época de crecimiento a muchos niveles.

D.V. – ¿Cuál es tu relación con la pintura? ¿Cuando empezó y por qué te elegiste ese camino?

C.T. – Mi madre tenía una tienda de material de arte y manualidades y mi padre pintaba, así que el mundo de los artistas, los materiales, las exposiciones… siempre lo tuve cerca. Empecé a pintar al óleo con mi padre en casa, y cuando decidí estudiar bellas artes, con 14 o 15 años, me apunté a clases de pintura. Luego ya en la facultad probé otras técnicas y posibilidades, pero al terminar la carrera y empezar a trabajar más profesionalmente, vi que la pintura era el lenguaje que más me interesaba y me centré en ella.

De la serie Un acto de fe, Seguridad en la campiña (Londres 1940). Óleo sobre lienzo. 146×114 cm. 2014.

D.V. – Dentro de lo que has aprendido hasta hoy, ¿qué enseñanza ha sido clave para tu profesión?

C.T. – Creo que lo que más me ha hecho aprender ha sido el contacto directo con el trabajo y el pensamiento de otros artistas. Creo que las visitas a exposiciones y las charlas con compañeros son lo que ha ido conformando mi manera de afrontar la profesión.

D.V. – En las últimas series que has realizado hay un interés por manifestar la tiranía de la belleza y los condicionamientos estéticos femeninos.

C.T. – Sí, he tratado el tema de la presión que siente la mujer por encajar en el canon de belleza, y todas las “torturas” que se autoimpone para lograrlo en mi serie Sacrifice. Pero el tema del control de la mujer a través de su cuerpo, de su apariencia, de lo que puede o no mostrar y cómo debe hacerlo se puede rastrear en series anteriores como Oscuridad cegadora o Tatuadas y de forma más sutil en las obras pertenecientes a Una historia victoriana. Parte de esta serie podía verse en mi primera exposición individual en la Galería Tournemire, La emoción secuestrada. Aquí se evidenciaban formas de control que van más allá de la apariencia y el atuendo, ya que incluso la manera de expresar (o de esconder) las emociones también viene pautada por los usos sociales de cada momento.

De la serie Hitchcok, Self defense III. Blackmail. Óleo sobre lienzo, 27x35cm. 2015.

D.V. – ¿Es tu obra feminista?

C.T. – Sí, mi obra refleja algunas de mis preocupaciones como feminista. No tengo ningún problema con que se me considere una artista feminista, ya que me parece que lo coherente es que mi forma de pensar y de mirar el mundo se refleje en mi obra.

Como comentaba antes, gran parte de mi trabajo se centra en evidenciar los condicionamientos a los que han estado sujetas permanentemente las mujeres; el control que ejerce sobre ellas el patriarcado al forzarlas a asumir determinados roles y encajar en ciertos cánones estéticos.

De la serie Oscuridad Cegadora, Censurada 1. Óleo sobre lienzo, 19X24 cm. 2013.

D.V. – En Sacrifice o en Una historia victoriana, me interesa la mirada que sobre la mujer se ha tenido y se tiene y que va cambiando con el tiempo, los cánones, las tendencias. De hecho, en esas series hay un diálogo entre una época anterior y la actual y hay entonces un cruce de miradas, de quien hizo la foto en su día, la tuya y la del espectador contemporáneo.

C.T. – Sí, me interesa usar como punto de partida fotografías tomadas en diferentes momentos de la historia para tratar temas que podríamos considerar actuales. Creo que desde la pintura se pueden rescatar estas instantáneas para pensarlas de una manera atemporal. En general, nos faltan referencias contextuales para entender estas imágenes en un primer vistazo, como sí haríamos con una imagen contemporánea; por ello, creo que son útiles para activar reflexiones y preguntas sobre los comportamientos en sociedad.

De la serie Sacrifice, Pull the cords I. Acrílico y óleo sobre lienzo. 65×50 cm. 2015

D.V. – La selección de esas imágenes a veces originarias de otros contextos, ahonda en la construcción de la identidad.

C.T. – Suelo usar imágenes de momentos y lugares que han ido conformando la identidad de nuestro contexto social. Aunque vivimos en un momento en el que las personas de distintos orígenes y tradiciones nos mezclamos, no me atrevo a tratar temas que no siento como propios por mucho que me puedan interesar. Por ejemplo, al hablar de tratamientos de belleza que se pueden entender como torturas, no me siento capaz de incluir, a las “mujeres jirafa” de Birmania, porque me sería fácil caer en estereotipos y reproducir prejuicios de la visión occidental al no conocer lo suficiente esa práctica y sus implicaciones.

De la serie Una historia victoriana, Grief. Óleo sobre lienzo, 195X130 cm., 2018.

D.V. – Ese cambio de uso de la imagen, de la foto a la pintura permite reactivar el detalle, las entrelíneas que no son siempre evidentes al ojo en la imagen que inmortaliza el momento. Me llama especialmente la atención lo que surge de esa exploración en la serie Un acto de fe.

C.T. – Selecciono las imágenes por diferentes motivos. Busco siempre que me den juego a nivel pictórico y sean algo inquietantes en su contenido. Que haya algún elemento perturbador o que den pie a imaginar lo que acaba de pasar o está a punto de suceder ahí.

Siempre intento que la pintura añada una capa más de información y de plasticidad a la imagen inicial. Muchas veces me sirvo del color o de los diferentes acabados para resaltar los detalles de la imagen que me interesan. En Un acto de fe empleaba estos mecanismos para resaltar en cada cuadro la idea subyacente a toda la serie, la de la capacidad de resiliencia del ser humano. Es una serie que se centra en la cotidianidad que puede seguir surgiendo aún en los peores escenarios de violencia.

De la serie Una historia victoriana, Seen from the Back. Óleo sobre lienzo, 195×130 cm., 2019.

D.V. – ¿Cuál es tu relación con el cine?

C.T. – No me considero una cinéfila, aunque me gusta el cine clásico y ha sido una fuente de inspiración alguna vez. En la serie Oscuridad Cegadora parto de fotogramas censurados de películas de cine mudo, y también he trabajado a partir de fotos fijas de películas cuando desde la galería Vuelapluma, me invitaron a participar en unas exposiciones muy cuidadas sobre Hitchcock y Tolstói.

También algunas piezas recientes de la serie Sacrifice parten de fotogramas de El crepúsculo de los dioses. De hecho, en julio tendré una exposición en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón que lleva el nombre de la protagonista en el título, El síndrome de Norma Desmond. En este caso, el título y el texto que hacen alusión a la película los ha escrito Natalia Alonso Arduengo, así que las piezas han sido inspiradas por ella, como comisaria de la exposición.

De la serie Sacrifice, Sun Lamp. Óleo sobre lienzo, 130×162 cm., 2018.

D.V. – Eres una mujer artista representada por tres galerías españolas. Eso es una carta de presentación muy poderosa y de la que no muchos artistas pueden presumir. ¿Cómo ha sido ese camino?

C.T. – Sinceramente, las relaciones que he establecido con galerías han surgido de una forma bastante natural. Cuando estaba empezando a trabajar de manera profesional tuve la gran suerte de conocer a Javier Silva y de que se fijara en mi obra y me diese la oportunidad de hacer una exposición en su galería, Un acto de fe. Luego expuse allí también el proyecto Sacrifice por primera vez y hace muy poco que acabo de tener mi tercera individual en su espacio, Lo que se oculta. Es muy satisfactorio poder establecer una relación de tanta confianza con una galería.

Con la Galería Pep Llabrés he tenido la oportunidad de acudir a varias ferias, y en un futuro expondré en su espacio, en Palma. Por último, en esta temporada he podido exponer en Madrid gracias a que la Galería Tournemire ha querido incluirme desde un principio entre sus artistas, fruto de una visita al estudio que hicieron hace unos años en la que vieron que mi trabajo encajaba con sus intereses. También en estos casos son personas con las que da gusto trabajar y con quien ha surgido todo de una manera muy cómoda.

Todas estas colaboraciones han ido surgiendo de una manera casi casual, en todos los casos nos han presentado amigos comunes y la conexión profesional ha surgido por tener líneas de trabajo compartidas. El camino lo he afianzado después tratando a las galerías con la misma responsabilidad y honestidad con la que he tenido la suerte de que ellas me traten a mí. Sé que no es la tónica habitual poder decir esto, pero en mi caso ha sido así, he tenido muy buena suerte.

De la serie Tatuadas, La última cena (Artoria Gibbons). Óleo sobre lienzo, 89×146 cm. 2014.

D.V. – ¿Cuál es el siguiente peldaño que te gustaría alcanzar en tu carrera?

C.T. – Muchas veces los pintores decimos que esto es una carrera de fondo, pero en realidad no lo veo así, porque eso implica que lo importante es llegar a una determinada meta. No me planteo objetivos definidos a largo plazo, aunque sí me gustaría que las ventas aumentasen para poder trabajar de manera menos precaria y plantearme proyectos que ahora no puedo hacer por falta de presupuesto o de tiempo. Lo importante es mantener una línea de investigación en mi pintura que me siga estimulando y que ese trabajo pueda ser expuesto en salas, galerías y ferias que aporten interés a mi carrera.

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