Entrevista a Semíramis González, comisaria de la exposición «Equivocada no es mi nombre: arte contra la violencia machista»

by • 4 diciembre, 2019 • EntrevistasComments (0)1496

Semíramis González (Gijón, 1988) es historiadora del arte y comisaria independiente que hoy día está afincada en Madrid. Especializada en arte actual, ha organizado la exposición Equivocada no es mi nombre: arte contra la violencia machista en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial (Gijón).

Semíramis González fotografiada por Borja Sandoval Nunes

La exposición permanecerá abierta hasta el día 21 de diciembre, por lo que todavía hay tiempo para aquellas y aquellos cuyo interés resida en el arte feminista. Dicho de otra manera, en Equivocada no es mi nombre participan ocho mujeres artistas nacionales e internacionales que hacen alarde de un arte reivindicativo; propicio para los tiempos de revolución y lucha por la igualdad de género que estamos viviendo.

Pilar Albarracín, Sangre en la calle, 1992. Fotografía perteneciente a LABoral, realizada por Marcos Morilla.

Bordello. Şükran Moral. 1997. Fotorafía de Andrea García Casal

Pilar Albarracín, Şükran Moral, Yolanda Domínguez, Esther Pizarro, Sandra Paula Fernández, Ana Gallardo, Martha Rosler y Amalia Ulman son las artistas elegidas por Semíramis González para configurar una muestra que expresa y denuncia la violencia de género en todas sus manifestaciones.

Reproducción de una portada de la revista Vogue Portugal para el taller que ha planteado la artista en torno a la exposición. Yolanda Domínguez. 2019. Fotografía de Andrea García Casal

Dos de las ocho obras seleccionadas por la comisaria para hilvanar el discurso expositivo resultan tremendamente explícitas en lo concerniente a la violencia contra las mujeres. Encarnan este desagradable fenómeno patriarcal de una manera clara la performance del feminicidio de Pilar Albarracín y el acto performativo sobre la falsa prostitución que ejerce Şükran Moral. No dejan indiferente a nadie.

El primer impacto visual que genera una comprensión inmediata de la exposición reside en el hipotético homicidio misógino de Pilar Albarracín que la postra en el suelo ensangrentada. Desde otra perspectiva, Şükran Moral se cubre con la máscara de la prostitución, haciéndose pasar por una meretriz hermosa y coqueta ante el encanto y extrañeza de los espectadores masculinos; la mayoría deseosos de un encuentro sexual con la artista.

#NiUnaMenos. Esther Pizarro. 2019. Fotografía de Andrea García Casal

Sin embargo, contextualizadas por el marco severo que establecen Pilar Albarracín y Şükran Moral con su trabajo, muchas de las piezas expuestas por las otras artistas pueden camuflar el dolor y la crueldad machista que expresan a través de las composiciones y materiales de gran belleza visual, entremezclados y aparentemente inocuos. Ejemplos de esto son los anuncios androcéntricos de Yolanda Domínguez, la instalación de finos tubos rojos de Esther Pizarro, los cuadros bordados de Sandra Paula Fernández, las postales dibujadas a mano de Ana Gallardo, la escena de la cocina de Martha Rosler y las imágenes de Instagram de Amalia Ulman.

Vivas nos queremos! Sandra Paula Fernández. 2019. Fotografía de Andrea García Casal

Una violencia oculta y silenciada como lo es la violencia contra las mujeres. En ningún caso inofensiva. Basta con contemplar cada pieza artística durante unos minutos para ser testigo de cómo un anuncio de Vogue cosifica a una niña modelo que posa en el suelo, tal y como si se tratara de una joven subyugada. También verás que lo puntiagudo de los tubos de vidrio de Esther Pizarro nos remite a las armas blancas que provocaron masivos feminicidios en España a lo largo de 2018. El punto de cruz de Sandra Paula Fernández recrea tuits de mujeres que dan voz a sus compañeras perseguidas y muchas veces asesinadas por el machismo.

Identikts. Ana Gallardo. 2009. Fotografía de Andrea García Casal

Por otro lado, las postales de Ana Gallardo con dibujos del último objeto o lugar asignado a una niña o adulta inmersa en la trata de mujeres exhiben una de las formas de violencia machista más recónditas. Martha Rosler se ha transformado en una constreñida y furiosa ama de casa que utiliza los instrumentos de cocina de forma violenta, al igual que la represión que sufre a diario y de la que empieza a empoderarse. Finalmente, el vídeo de Amalia Ulman contando su experiencia en Instagram nos hace reflexionar, pues en esta red social se hizo pasar por una muchacha superficial, manipulada por su novio y drogadicta. Ayuda a ver de qué manera las redes sociales articulan historias falsas, exageradas, pero también expresa la vida tóxica que llegan a tomar las chicas con baja autoestima; vida que puede evitarse.

A continuación, he realizado una pequeña entrevista a Semíramis González para que nos cuente más sobre Equivocada no es mi nombre y nos sumemos a visitar Laboral Centro de Arte y Creación Industrial para disfrutar de la muestra y poder concienciarnos de la importancia del arte feminista en la constante contienda contra la misoginia.

Semíramis, antes de comenzar con la entrevista me gustaría conocer más sobre tu trayectoria en el mundo del arte contemporáneo.

Soy comisaria de arte y, desde hace dos años, directora artística de la feria JUSTMAD, de arte emergente. Lo que más me gusta de mi labor es trabajar con artistas y con sus obras, con sus ideas… Y poder darlo a conocer al máximo número de personas. Además, digamos que una de las ramas que más trabajo es la vinculada al debate feminista, tanto en mi labor curatorial como en los textos que escribo o en las clases que doy (soy docente en el Máster de Fotografía Contemporánea y Proyectos Personales de la escuela EFTI en la asignatura «Otras posibilidades en lo visual: prácticas artísticas feministas»).

Las personas que nos dedicamos al arte actual lidiamos muchas veces con el peso de la duda sobre nuestra profesión. Creo que las artistas y los artistas son los más castigados con esto. Toda la historia del arte es una maravilla, no cabe duda, pero también se puede continuar innovando artísticamente. ¿Cuál es tu opinión sobre el tema?

La duda es la gran trampa de cualquier labor vocacional, pero especialmente en el campo artístico. Nos la han inoculado desde la infancia y nos condiciona de por vida, especialmente además si eres una mujer artista. Me encuentro casi continuamente a mujeres artistas con trabajos impecables, profundos y rigurosos y con una total falta de confianza en lo que están haciendo. No se presentan a concursos o premios porque consideran que el trabajo que están realizando aún no está maduro… Frente a los que se presentan sin duda y con fe en lo que hacen. Es lo que Nerea Pérez de las Heras, en su libro Feminismo para torpes llama el síndrome del comercial de cisternas: esa confianza ciega en lo que uno es y hace porque, como hombre en un sistema patriarcal, se le ha inoculado desde siempre.

Siguiendo la directriz del arte contemporáneo, Equivocada no es mi nombre plantea un discurso subversivo contra el machismo imperante en todas las sociedades. ¿Piensas que esta clase de actuaciones, a través del arte, son útiles para frenar la misoginia?

El arte es una de las herramientas más poderosas y profundas para cambiar el sistema. No es la única, claro, pero es una dinamita perfecta para colarse en los resquicios de los discursos patriarcales y boicotearlos desde dentro. El arte tiene la capacidad increíble de proponer otras visiones, otros relatos, de hacernos ver otras posibilidades en lo visual (y recordemos que el Ser Humano ve antes que lee), por tanto, aquello que vemos es fundamental. Equivocada no es mi nombre es la propuesta de algunas artistas, podría haber muchas más, pero recoge lo que algunas han respondido a las múltiples violencias que sufrimos por el hecho de ser mujeres. Es una exposición que quiere también ser una declaración de intenciones, activista y feminista.

Semiotics of the kitchen. Martha Rosler. 1975. Fotografía de Andrea García Casal

Algunas de las imágenes que se pueden rastrear en la exposición tienen un contenido violento y las mujeres son las víctimas de la criminalidad patriarcal. Sin embargo, Semiotics of the kitchen (1975) de Martha Rosler es un vídeo que empodera a la protagonista. Se puede observar cómo sostiene un cuchillo y lo clava en el aire de forma violenta. También emplea otros utensilios de cocina de manera feroz. Se está empoderando a las mujeres mediante el entorno que se les asignó desde antaño: el hogar, particularmente la cocina. Julio Romero de Torres hizo lo mismo con su lienzo Mujer con pistola (1925). ¿Pensamos igual?

El vídeo de Rosler es casi de los primeros de toda una corriente de artistas feministas que empezaban a estar hartas de la violencia que sufrían. Es casi pionero en la reflexión artística en torno al feminismo. Además, Rosler, con su increíble inteligencia, responde también a esos vídeos que emitía la televisión donde se enseñaba a las mujeres recetas de cocina y plantea cómo usar esa cocina con otro fin subversivo. Digamos que “se cuela” en las cocinas de las que la vean para visibilizar esos entornos de violencia extrema que han sido los hogares para las mujeres. Esos ángeles del hogar, esas mujeres perfectas amas de casa con “problemas que no tenían nombre” (como decía Betty Friedan) y que, en el fondo, acarreaban y sufrían una violencia silenciosa y asesina.

Las artistas que participan en Equivocada no es mi nombre son muy talentosas y reconocidas; incluso hilvanan un eje cronológico de manifestaciones feministas a lo largo de las décadas hasta hoy. ¿Cómo comenzaste a contactar con ellas para la exposición?

Muchas de las artistas ya tenían los trabajos hechos de antes y yo los conocía desde hacía tiempo. Esta exposición fue la oportunidad ideal para poder ponerlos en diálogo y plantear una línea en común. Otros, como es el caso de Sandra Paula Fernández o Yolanda Domínguez, han sido desarrollados ex profeso para la exposición. En el caso de la primera se trata de una denuncia de la violencia sexual que se recogió en Twitter a través del HT #Cuéntalo, y en el caso de Domínguez, un proyecto educativo que se mantiene vivo durante la exposición con estudiantes que visiten la muestra.

Excellences and Perfections. Amalia Ulman. 2014. Fotografía de Andrea García Casal

Las dos últimas preguntas ya son más comprometidas. ¿Tienes una artista predilecta en la exposición?

No, realmente creo que cada una aporta una visión fundamental de un prisma muy complejo como es la violencia contra las mujeres. Lo más interesante de Equivocada no es mi nombre es poder hacer una visión rápida de cómo son estas múltiples violencias, desde la sufrida por parejas o exparejas, la violencia sexual, el acoso en redes sociales, los estereotipos sexistas en los cuerpos de las mujeres o la trata y la prostitución.

¿Has pasado dificultades para organizar la exposición o notaste predisposición para colaborar en un proyecto feminista?

Con todas las partes implicadas, desde las propias artistas hasta la institución (tanto LABoral Centro de Arte como el Instituto Asturiano de la Mujer) ha habido una exquisita sintonía para trabajar en este tema, conscientes todas de la importancia de lo que íbamos a presentar.


Andrea García Casal
Graduada en Historia del Arte, Máster en Género y Diversidad y Máster en Formación del Profesorado en Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional. Es investigadora independiente y articulista.

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