FINA MIRALLES. Soy todas las que he sido

by • 17 noviembre, 2020 • Barcelona, Exposiciones, MuseosComments (0)335

MACBA acoge la exposición «Fina Miralles. Soy todas las que he sido», una aproximación al trabajo de esta artista a través de algunas de sus acciones, fotografías, instalaciones y pinturas. Su reflexión sobre la naturaleza y el artificio no solo subvierte las convenciones de nuestra relación con el entorno donde vivimos y nos desarrollamos como individuos; también nos lleva a replantear la noción de lo artístico, cuáles son los valores que sustentan el arte y qué es lo que le confiere sentido.

Fina Miralles. Imatges del zoo, 1974. Colección del Museo de Arte de Sabadell © Fina Miralles

La exposición no sigue un orden cronológico, sino que propone un recorrido por una serie de trabajos que constituyen el eje vertebrador y estructural de la práctica de Fina Miralles. Se trata de trabajos que cuestionan conceptos como la pertenencia, la autoridad, el poder, el orden establecido y también qué les otorga valor. Las nociones de arte, artista y espectador se transmutan constantemente en estas obras. El potencial crítico –desnaturalizador en muchos casos–, así como las diferencias y conflictos que evidencian estos trabajos, ponen de manifiesto que la imagen poética puede poseer también un contenido político.

Piezas en la exposición:

Entre las piezas que forman parte de la exposición encontramos documentación de la exposición Imatges del zoo en la Sala Vinçon (1974), en la que Fina Miralles se presentaba junto a una serie de animales domésticos, encerrados en jaulas como en un zoológico, rodeados de fotografías de fieras y animales exóticos del zoo de la ciudad. Esta instalación contraponía y subvertía el orden establecido, en un exhibicionismo que contravenía la noción misma de obra de arte, la cuestión del autor y el registro del espectador, ya que los despojaba de los valores en los que se sustentan.

Natura morta (1972) presenta un bodegón en el que se muestran los elementos que constituyen un paisaje, pero presentados como un repertorio o catálogo de los ingredientes que componen el espacio de lo natural: agua, algas, piedras, arena, hojas…, identificados por su nombre, firmados. La artista «dibuja» un bodegón en un gesto que lleva implícita la negación del acto de pintar, del movimiento de la mano con el pincel.

Fina Miralles. Relacions. Relació del cos amb elements naturals. El cos cobert de palla, 1975. Documentación de la acción de enero de 1975 en Sabadell, Barcelona. Museo de Arte de Sabadell. Ayuntamiento de Sabadell. Colección MACBA. Depósito de la Generalitat de Catalunya. Colección Nacional de Arte. © Fina Miralles

Siguiendo esta línea, Naturaleses naturals, naturaleses artificials (1973), presentada en la Sala Vinçon, consistió en una intervención que mostraba un repertorio descontextualizado de elementos naturales y de esos mismos elementos en su condición artificial. A partir de un origen común se establecía una relación dialéctica entre ambas condiciones de existencia, en dos categorías que nuestra sociedad, cada vez más industrializada, tiende a hibridar.

Dona-arbre (1973) documenta una acción que se llevó a cabo en Sant Llorenç del Munt. En ella la artista se «planta», suplanta al árbol y se arraiga en la tierra. Forma parte de un proyecto más amplio desarrollado ese mismo año, Translacions, en el que aparecen elementos naturales sin ser transformados, fuera de su contexto habitual. No solo se desplaza ella –mujer, ser humano y artista– en medio de un campo; también desplaza arena sobre la tierra arada, o césped en el mar.

La película Petjades (1976) documenta el recorrido que realiza Fina Miralles por su ciudad, caminando con unos zapatos cuya suela está transformada: una espuma recortada e impregnada de tinta forma el nombre de pila de la artista en un zapato y el apellido en el otro, de modo que a cada paso deja la impronta de su nombre en el asfalto, en un gesto de apropiación del espacio público al que transfiere su marca de autoría: filma su andadura, pero firma su obra. Este trabajo denuncia el sentido de propiedad que rige la sociedad capitalista, desde lo público hasta lo más íntimo, así como las relaciones de poder que derivan de ello y que condicionan nuestras vidas.

En este sentido, Standard (1976) analiza la forma en que, a través de la educación, la cultura, la religión y el poder, se nos connota como individuos. Una proyección muestra imágenes de una madre vistiendo a su hija, intercaladas con fotografías familiares o extraídas de los medios de comunicación que revelan lo que socialmente se espera de esa niña: que haga la comunión, que se case y sea madre, que forme una familia. Pero también que sea atractiva, deseable. Fina Miralles presentó esta obra sentada y atada a una silla de ruedas, con una mantilla en la boca, inmovilizada y amordazada mientras presencia la construcción social y artificial de su personaje.

Vista de la exposición «Fina Miralles. Soy todas las que he sido». Fotografía: Miquel Coll

Matances (1976-1977) está integrada por varios elementos, entre los que destacan las fotocomposiciones. Es una reflexión sobre el ejercicio del poder sobre el ser humano y los animales; sobre el contexto sociopolítico, educativo y religioso, y sobre cómo nos influye y nos determina, cómo nos manipula. También explora el límite entre el juego y lo trágico, la diversión y la violencia; el límite entre la pornografía del dolor y lo lúdico. La idea de «cosificación» de la persona está muy presente en Standard, pero también en Matances y en otros trabajos como Emmascarats (1976), en el que el rostro se cubre y oculta, se desdibuja y se diluye, en un ejercicio crítico respecto a la construcción de la subjetividad social, cultural o políticamente impuesta; a veces, incluso autoimpuesta.

A partir de 1979, la pintura aparece en la obra de Fina Miralles a través de los proyectos Paisatge y Doble horitzó (1979-1981). En el primer caso, «pinta» el paisaje superponiendo a la tela una piedra, un puñado de tierra o una rama de tomillo. En el segundo, la tela y el bastidor se presentan como medios de expresión y de construcción; se establece una relación entre ambos elementos creando pliegues, doblando la tela, abriéndola o dejando un hueco sobre el bastidor. Son ejercicios constructivos de pinturas en las que el trazo no proviene del pincel sino del gesto político, real o mental, que configura una poética de gran poder evocativo.

A mediados de los años ochenta, Miralles comienza a «dibujar con la mano lo que veían mis ojos», un giro que es fruto de un nuevo proyecto vital muy determinado por la búsqueda interior, la introspección y el autoconocimiento. Los cuadernos de viajes recuperan el trazo, la pincelada y el dibujo manual, que más adelante transformará en escala en pinturas a menudo de gran formato.

Fechas: Hasta el 5 de abril de 2021
Lugar: MACBA, Barcelona

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