“Hacer y deshacer” Mateo Maté

by • 7 octubre, 2013 • Exposiciones, Galerías de arte, Instalación, Santiago de CompostelaComments (0)2016

Del 19 de septiembre al 18 de octubre de 2013. Galería TRINTA, Santiago de Compostela.

El artista madrileño Mateo Maté expone en la galería TRINTA “Hacer y deshacer”. Creo que la labor de un artista no debe de tener un fin social, quizás tenga un destino social. Ese es un valor añadido por los demás a un mero acto de resistencia, supervivencia y aprendizaje individual como es el arte. Así pues el fin del arte no debe de ser comprensible. No debe de ser ni propaganda política ni inmoralidad. Su fin no puede ser ni el de agradar ni el de irritar, que es otra forma de agradar. Cuando yo estoy hablando sobre la finalidad del arte en nuestra sociedad estoy haciendo la labor de un sociólogo y no la de un artista.


Un artista tiene que proponer ideas y que ellas mismas sigan su curso, ya encontrarán su impacto, aunque sea mínimo. No hay que temer ser tachado de elitista. En una sociedad democrática hay que reclamar el derecho a opinar minoritariamente.

En la época de la ideología global o del fin de las ideologías, que es lo mismo que decir del fin de la diversidad de opinión, sencillamente con describir la realidad tal y como la vemos, o tal y como la queremos ver ¿no estamos haciendo política? Nosotros sólo podemos modificar nuestro concepto del mundo, que es como modificar el mundo para nosotros.

Desde mis primeros trabajos, unas piezas de carácter escultórico realizadas con hierro e imanes hasta las últimas obras, siempre he trazado un arco estético de sentido entre la intimidad y las cosas. Se trata de entrar dentro, de alcanzar el otro lado, habitualmente inadvertido, de los objetos. Esta acción la denominaba técnica perforante. Por ejemplo, con los cuadros con los bastidores doblados o enrollados, o con los cuadros mondados en los que el lienzo toma la forma caprichosa de la mondadura de las naranjas o el relieve de la montaña.

Se trata de introducir un toque de parodia, de ironía, tanto hacia la superproducción comercial del mundo del arte, como hacia la mercantilización de la mirada, que la potencia del diseño industrial acaba produciendo. Las piezas se convierten en campos de juego, a través de los cuales se construye una aproximación poética y dinámica al objeto.

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