La conquista, ese deseo de propagar el yo a través de las redes sociales

by • 9 octubre, 2015 • FotografíaComments (0)2358

“Será mío todo aquello hermoso que vean mis ojos”, podría haber sido una cita de Napoleón tanto como de Charlie Sheen*1 (protagonista de la serie “Two and a half men” y considerado uno de los hombres más mujeriegos). Pero desde luego que no sería una cita de la Venus de Milo ni tampoco de Edie Sedgwick, tal vez si de Cleopatra pero es que alguna que otra excepción debía haber. La cuestión es que a ellas, a las mujeres, les tocaba otro papel, el de ser musas, mujeres para ser vistas e inspirar.

La Conquista-Foto Dina Litovsky

Llegó la guerra, la primera mundial, muchos de los hombres se fueron a combatir. Entonces, las mujeres tuvieron que salir de sus casas y ocupar empleos que generalmente no pertenecían a su sexo. Era 1920 y a ritmo de jazz se las denominó Flippers. Consiguieron emanciparse y liberarse en gran medida, de la opresión machista de la sociedad. Se cortaron el pelo a lo Garçonne (mujeres andróginas) eran provocadoras con pintalabios a prueba de besos. Trabajaban, cuidaban a sus hijos e hijas y se divertían en clubes, cabares y fiestas petting (relaciones sexuales que no incluían el coito). Cigarrillos de largas boquillas, rayas de coca y alcohol a pesar de la Ley Seca.

La fotógrafa Dina Litovsky salió durante muchos años de fiestas y discotecas influenciada por la herencia exhibicionista y dada al placer, con un añadido, empezó a encontrarse a ella misma y a sus amigas, cada vez más y más en una situación en la que el 60% de las noches las pasaban posando y haciendo fotos. En ese escenario de estetización de la identidad, de diseño de una imagen-tentación, exaltada en la nocturnidad, es donde se inicia su trabajo “Untag this photo”. La mujer deja de ser musa, se autodesigna creadora y obra al mismo tiempo. En ocasiones empoderandose de los mismo códigos con los que se le había sexualizado. En otras, sin embargo, la ignorancia del acto, parece ser más bien lo que domina la escena.

“Untag this photo” es una exploración del papel de la mujer en el contexto social, de su comportamiento en el espacio público y de su propia representación, influenciada por los medios electrónicos; cámaras digitales, smartphones y redes sociales.

“El cumplimiento de las mujeres a adaptarse a los ideales siempre cambiantes de la belleza ha ido evolucionando con un afán de mostrar los resultados.” comenta Dina Litovsky, “en la era digital, se ha  facilitado más que nunca. Habilitado por las nuevas tecnologías y alentado por la concepción Lady Gaga como feminidad, el deseo de revelar se ha transformado en una voluntad de exponer. Con esto, la autorepresentación de las mujeres ha alcanzado un estado curioso, uno donde las mujeres tanto tienen el control de su imagen como al mismo tiempo, participan más que nunca en su propia objetivación.” Y es que, un hilo de deseo parece hilvanarlo todo, desde los primeros desnudos hasta los mas media, localizando su momento álgido en la actualidad. Mtv y Disney Channel son ejemplos de cómo el placer se presenta en la cultura sin apenas restricciones. No obstante, la estetización ya no es una cuestión que afecta exclusivamente a las mujeres. La feminista Beatriz Preciados, en una entrevista realizada por el país resalta en referencia al régimen farmacopornografico que la nueva masculinidad o la metrosexualidad no es más que el cuerpo masculino que pasa a ser objeto de producción del mercado.

Jeremy Meeks, “el preso más guapo” dado a conocer así, a través de Facebook por la misma policía, es reflejo de la gran superficialidad que nos envuelve. La belleza hoy tan relevante, mitiga hasta el olvido o al cuestionamiento los crímenes que la persona pueda haber cometido. Este primogénito en su especie caso viral, es el que movió a sus seguidoras a recaudar el presupuesto que saldase su deuda, o que marcas de moda tan prestigiosas como Versace le convirtieran en un modelo valorado en 30.000$ mensuales. Boris Groys señala en su libro “Hacerse Público” que estamos esperando ese momento de sinceridad, un momento en el que la superficie diseñada se resquebraje para ofrecer una vista de su interior, la grieta, que permita al espectador ver las cosas como realmente son. No obstante, ¿qué es ese: “las cosas como realmente son”? Tal vez haga referencia a ese fuera de campo que margina el selfie, esa “verdad” maquillada por el diseño, o lo que la pareja italiana de youtubers parodia en su serie “Behind a selfie”.

De un modo u otro, ficcionamos la realidad constantemente con imágenes posadas e ilusorios hugtags. Nos presentamos como queremos vernos y ser vistos. Pero esta “vanidad de vanidades, todo es vanidad” no es nueva, ya sucedía en los antiguos retratos pictóricos de la alta burguesía resaltados por sus mejores mudas y preciadas joyas, sólo que entonces solo unos pocos podían tener acceso a ello. Ahora con la tecnología se ha democratizado y junto con las redes sociales se ha hecho público e inmediato, con una vasta audiencia en el anonimato, lo cual tiene sus evidentes peligrosidades.

Jonah Bobo, es un adolescente al que el amor, como a muchos, le suprimió la capacidad de razonamiento y le llevó a enviar una autorretrato suficientemente comprometido por facebook como para que en su difusión en forma de bullying masivo, acabaran con él. Bobo, no es un persona real, es uno de los protagonistas de la película Disconnect, pero que perfectamente encarna el caso de muchos jóvenes en distintos lugares del mundo. Las virtudes y avances de la tecnología y de las redes sociales son evidentes, los riesgos también. Snapchat es la aplicación que ha intentado poner freno, programando la destrucción de esas eróticas fotografías segundos después de que estas hayan sido enviadas. A pesar de que es una aplicación que se vendió a Android en 2012, no pudo evitar que en el 2014, las fotos más “hot” de los famosos fueran hackeadas de sus móviles y propagadas por el ancho de la red, lo que fue conocido como Celebgate.

Así las cosas, nos convertimos en paparazzis de nosotros mismos, la cámara ya no es voyeristas, es un invitado más y muy bien venido. La banalidad de nuestros días es retratada una, dos, tres, y miles de veces; platos de comida, mascotas durmiendo y morritos en contrapicado, geolocalizaciones de aquí y de allá. Un perro se mea en una esquina como instinto de marcar su territorio y el ser humano, como testifica la historia, repite insaciablemente ese adueñarse. Colonizar no deja de ser una forma de expandir el “yo”, de propagar una identidad, una cultura por encima de las demás. Allá vamos, a conquistar la red tanto como el mismo cuerpo.

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