La pintura de Miguel Castillo Oñate

by • 16 septiembre, 2022 • Crítica de arte, PinturaComments (0)466

‘’El criterio para determinar lo correcto o incorrecto de nuestra cognición del mundo objetivo es exactamente el mismo. Nos parece que definimos las cosas y los fenómenos del mundo objetivo por medio de comparación de uno con otro; e imaginamos que descubrimos las leyes de su existencia aparte de nosotros y de nuestra cognición de ellas. Pero esto es una ilusión. Nada sabemos de las cosas separadamente de nosotros; y no tenemos medios para verificar lo correcto o incorrecto de nuestra cognición del mundo objetivo aparte de las sensaciones’’ […]. Así, determinando todo lo que conocemos a través de nuestros sentidos en términos de espacio y tiempo, ellos mismos son sólo formas de nuestra percepción, categorías de nuestra razón, el prisma a través del cual miramos al mundo’’.

Tertium organum. Piotr Ouspensky. 1912.

El pensador Piotr Ouspensky desarrolló en Tertium organum (1912) las nociones de mundo subjetivo y mundo objetivo, siendo el segundo incognoscible en última instancia. Por subjetivo entendió nuestra esfera, el interior, la mente y el cuerpo; desde esta posición, deducimos el todo gracias a las sensaciones. El mundo objetivo es lo contrario, resulta foráneo, ajeno y se comprenden sus características mediante el mundo subjetivo, el cual nos permite desentrañar, aunque falsamente, sus propiedades. En esta parte entran en juego tanto el espacio como el tiempo -el espacio-tiempo-, siendo categorías elaboradas por el razonamiento humano sobre el mundo objetivo y sus fenómenos. Para este filósofo, no cabe duda de que resulta absurdo intentar conocer lo que verazmente no podemos abordar; estamos empleando una perspectiva concreta, nunca universal.

Ahora entra a colación el pintor Miguel Castillo Oñate (Fuentealbilla, 1962), el que prefiere presentarse por su segundo apellido. Se ha formado en la Escuela de Cerámica de Manises y también en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia. Un artista situado entre la abstracción y la figuración, el cual trabaja múltiples temas en sus obras, configurando siempre el espacio-tiempo de manera muy particular. A partir de este momento, cobra sentido la tesis del filósofo en el presente texto. Afirmó que no es posible acceder al mundo objetivo a partir del nuestro —el subjetivo—, por ende, lo que se hace es plasmar interpretaciones de la realidad que no pertenecen más que a lo personal.

Desconexión. 2017. Acrílico y óleo sobre lienzo. 80 cm x 80 cm.

Partiendo de que verdaderamente la percepción, lo sensorial es la única manera de averiguar, de alcanzar todo lo externo desde el nivel interior, Oñate recrea una realidad alternativa a nuestra visión como seres humanos. Da una vuelta de tuerca a lo tridimensional, quebrando la perspectiva ilusionista a su antojo porque se mueve en la libertad del terreno pictórico. De esta perspectiva se aprovecha a veces y en otras la descompone; incluso, fusiona ambas.

Sus composiciones tienden a la abstracción, habiendo una pretensión clara de evocar determinadas cuestiones en los lienzos y tablas, siendo el título de cada pieza un apoyo común para encaminarnos en el significado de lo que estamos observando. 

No obstante, ocasionalmente incorpora figuración al estilo de árboles o montañas, además de elementos estilizados que se asemejan a motivos reconocibles preiconográficamente, verbigracia, los espejos y las estructuras de edificios. Estas figuras pueden ser realistas o bien difusas, así que sus formas, siendo tan líquidas, diluyen en cierto modo la diferenciación entre lo figurativo y lo abstracto.

En cualquier caso, cuando hay una clara preponderancia de elementos en una misma pieza, la figuración se encuentra en igualdad de condiciones con la abstracción. Aquí sí se rompe la dicotomía entre la abstracción y la figuración de manera abrupta, cercenando los compartimentos estancos en los que se sitúan las obras de arte cuando se las intenta clasificar. 

La pintura más reciente de Oñate quizá sea fácil llamarla abstracta en su conjunto, pero no puede dejarse atrás su gusto por utilizar motivos de manera escogida, pues permanece. Además, queda patente una evolución en la manera de representar, ya que antes el pintor se centraba más en el aspecto realístico que en el ideal. Oñate agrega sobre esta cuestión que su arte no sigue ninguna tendencia definida, por lo que su marcha hacia lo abstracto puede hacerle regresar a lo figurativo en una temporada.

Desde hace más de un lustro, sus piezas se vuelcan en el estudio del paisaje. Se trata de una cuestión que mantiene hasta la actualidad. Oñate investiga todo aquello que tiene que ver con el concepto de espacio-tiempo, pero también el nexo con el yo y el mundo; el género paisajístico engloba muy bien estas nociones a nivel visual. 

La figuración es evidente en determinadas obras, cuya estética entronca con el surrealismo y donde el lugar mostrado es antinatural. Se trata del resultado de plasmar determinadas ideas, particularmente, sensaciones, sentimientos, de forma visual, plástica. Siempre empleando el pretexto de jugar con la inviabilidad de configurar, al menos desde la física, territorios tan inverosímiles como los que plantea Oñate. 

Caleidoscopio. 2016. Acrílico y óleo sobre lienzo. 160 cm x 150 cm.

Esto sucede en su serie Entre el suelo y el cielo (2017), habiendo aquí los lienzos más virtuosos del artista respecto al dibujo y al color para componer realísticamente cada motivo. Empero, luego rechaza el verismo, elaborando un bloque de ruinas arquitectónicas y otro de masa forestal comprimida que se contraponen entre sí, hecho reflejado en Desconexión (2017). Entre el suelo y el cielo reflexiona acerca del paisaje natural alterado por la humanidad, transformado en urbano para cumplir con sus intereses. Sin embargo, este paisaje modificado regresa a la naturaleza después de un estado de abandono al no ser necesitado por las personas que lo utilizaron. De sus restos inorgánicos nace la vida vegetal y se recompone el medioambiente que fue vulnerado.  ‘’Las ciudades son imágenes de nuestros logros conscientes y nuestra evolución cultural, y toda ciudad contiene los medios que engendrarán su propia defunción’’ es una oración que aparece en El libro de los símbolos: reflexiones sobre las imágenes arquetípicas (varios/as autores/as, 2011): escrito basado en las tesis del psiquiatra y psicoanalista Carl Jung. Tiene mucho que ver con la trasmutación de la metrópolis, dándole una meta vital para recuperarla de nuevo desde otro planteamiento. Las obras relacionadas con el paisaje urbano son muy importantes en el autor. Entre el suelo y el cielo (2017) termina siendo una exploración que Oñate todavía no ha retomado, cuyos elementos, como se dijo, son distinguibles por completo, apelan a lo real y a la par están organizados en un falso caos.

En su trayectoria más próxima, la noción de paisaje continúa siendo imprescindible y exclusiva a la hora de articular los diversos temas, pero las conexiones con la realidad se desvanecen. La distorsión es lo común, mejor dicho, la representación infiel a nuestros ojos —nuestra visión sintetiza, no descompone, organizando la realidad de una manera asequible para comprenderla—. Es un tema que ya anticipó en la serie Geografía emocional (2014-2017), sobre todo en piezas al estilo de Caleidoscopio (2016). En esta, la amalgama de pinceladas sueltas, oleosas y acrílicas, además de los vínculos con el arte óptico hacen una incursión al arte abstracto, demostrando que Oñate es un pintor mudable, abstracto-figurativo. No está sujeto a los cánones que muchas veces son establecidos en la historia del arte para aplicarlos a la contemporaneidad artística. Es interesante apreciar cómo se desarrolla la composición abierta, incidiendo en el lateral izquierdo y permitiendo desvirtuar el espacio; concede una sensación de infinitud. Asimismo, Caleidoscopio es la impronta de la gestualidad del autor; punto relevante en obras específicas.

En las piezas de estilo grosso modo abstracto hay una clara intervención del azar, aunque está presente la trascendencia de un esquema previo en toda su carrera. Al no tratarse de algo rígido por darse en la psique, no queda registrado en un apunte y resulta muy variable. La arbitrariedad es primordial en Oñate. Descubrió que las pinturas basadas en polímeros —acrílicas— son más eficaces que el óleo para ejecutar rápido las distintas partes de la composición que así lo puedan requerir. 

Confluencias 12#. 2021. Acrílico y esmalte sobre lienzo. 106 cm x 95 cm.

El azar objetivo fue descrito por el teórico del arte André Breton, surrealista, pero antes el término fue establecido por el filósofo Friedrich Engels. Breton le dio una dimensión artística al azar objetivo. Hay un momento de su obra titulada El amor loco (1937) en el que narra los sucesos del artista Alberto Giacometti y el autor al caminar por un mercadillo: ‘’[a]quel día los objetos que van a soñar al mercadillo, la lasitud de unos y el deseo de otros, no habían apenas logrado diferenciarse durante la primera hora de nuestro paseo. […] El que primero atrajo realmente nuestra atención, y que ejerció sobre nosotros la atracción de lo nunca visto, fue una media máscara de metal, sorprendente por su rigidez y por su fuerza de adaptación a una necesidad que nos era desconocida. […] El hallazgo del objeto cumple aquí rigurosamente la misma función que el sueño, en el sentido de que libera al individuo de escrúpulos afectivos paralizadores, le reconforta y le permite comprender que el obstáculo que podía creer insuperable ha sido franqueado’’.

Así, el asunto del azar objetivo se da en Oñate cuando sobre la marcha se le presentan diversas formas de concebir la obra, las que traduce en trazos y pigmentos cuya disposición tiene la idéntica espontaneidad predeterminada al éxito de los objetos de El amor loco. No puede olvidarse que el albaceteño se niega a la adscripción de su arte dentro de los movimientos existentes del pasado —y del presente—, los cuales pueden reformularse, por ejemplo, el surrealismo y el consecuente neosurrealismo. Sin embargo, es imposible no ligar esa casualidad de su arte con la descripción bretoniana. Al final, es un asunto que se deja ver en sus lienzos, especialmente desde que abandonó la pintura geométrica, la que practicó hasta 2014. A partir de ahí empezó a rastrear flamantes posibilidades.  

Ciudad nómada. 2022. Acrílico y esmalte sobre lienzo. 103 cm x 157 cm.

Lo abstracto-figurativo, el ‘’prisma a través del cual miramos el mundo’’ y ‘’la atracción de lo nunca visto’’ son características inherentes a la actual carrera pictórica de Oñate. Su convergencia y peculiar interpretación se observan con claridad en su serie Confluencias (2021) y en las obras de 2022, a las que todavía no ha dado un título global. Confluencias 12# (2021) recuerda a la multiplicidad de planos de las obras del cubismo analítico, la cual sirve para plasmar la cuarta dimensión, el tiempo fluyendo, siendo un rasgo determinante de este movimiento artístico y que ha calado hasta nuestros días. 

Las composiciones plásticas de Oñate se encuentran en esta línea también, pero llevando la figuración tan alterada del cubismo hacia la abstracción. Añade oportunamente los motivos plásticos de identificación clara por ser figurativos —y las formas sugerentes a este respecto—. Confluencias 12# respeta estos rasgos; la perspectiva lineal es evocada por los elementos erigidos a los lados de la composición, los cuales imitan la disminución del tamaño de los objetos conforme se alejan en dirección al horizonte. La vegetación, el agua y la arquitectura —es un análisis— se desintegran y se revuelven hasta manifestarse en una vista paisajística que nada tiene de realista. Ciudad nómada (2022) sigue esta tendencia, pero es una versión depurada debido al desplazamiento de las referencias ligadas a la realidad visible, aunque ciertamente en Confluencias 12# y en otras tantas piezas tal vez no se hable de una ciudad, debido a que el público tiene la libertad de suponer.

Hay también una idea de deconstruir en Ciudad nómada. No está la reducción de la figuración para llegar a la abstracción ni la combinación de lo figurativo y lo abstracto. Aquí se han superado la figuración y la abstracción equitativamente. Se cuestionan todas las características de la obra exceptuando el soporte. Lo que allí se aprecia no tiene asociación con la realidad, pero los valores de sus anteriores obras respecto al significado —sustentado sobre todo en el título— y la técnica —lo manual y el empleo del dibujo y del color— igualmente quedan en entredicho. Ciudad nómada representa una visión todavía más innovadora en la que Oñate desentraña cada elemento constituyente en todo su trabajo y lo repiensa, arrancando un nuevo planteamiento. Aparte, una ciudad nómada es una contradicción semántica, capaz de existir solo en la imaginación; en un mundo de ensueño o futurista. 

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