Las inabarcables mitologías de Ángel Pantoja

by • 1 junio, 2017 • Exposiciones, Fotografía, SevillaComments (0)3088

La obra de Ángel Pantoja (Sevilla, 1966) es asimétrica en su temática y muy dispar estéticamente, sin embargo, todas sus piezas hablan el mismo idioma: un lenguaje irónico y desvergonzado con tintes kitsch y de facción artificial. A dicho leitmotiv se ha aferrado la comisaria de la exposición, María Arregui, quien bajo el título de Mitologías del Presente ha conseguido organizar la producción del artista generando un relato inteligente del que podemos disfrutar en la Sala Atín Aya (Sevilla) hasta el 18 de junio. Este proyecto es, por tanto, cosa de dos.

Y es que, efectivamente, Arregui ha sabido ver en la obra de Pantoja ese carácter híbrido entre lo mítico y lo contemporáneo, entre la iconografía clásica y los problemas que nos aquejan en la actualidad. La serie más representativa en este sentido sería la de Bustos (2016), un conjunto de imágenes en las que el artista combina mediante la técnica del collage digital esculturas de torsos clásicos masculinos y femeninos, generando la extrañeza en el espectador y atendiendo a realidades tan recientes (y candentes) como el transgénero o el movimiento queer. Podemos entrever en este trabajo los ecos de la estatuaria romana dedicada a Hermafrodita, o más cercano y famoso aún, el Hermafrodita durmiente del Museo del Prado. Sin embargo, los bustos de Pantoja se alejan de ese silencio escultórico romano, tranquilo, bello y atemporal, exhibiendo un carácter mucho más descarado y ruidoso, sin duda gamberro. Así es como una serie de rostros evidentemente masculinos aparecen salpicados por diversos atributos femeninos (pechos, joyas, complejos peinados…), suprimiendo ese espíritu de dignidad y solemnidad que los caracterizaba, y provocando la sonrisa en el espectador. A través del humor, Pantoja consigue aproximarnos a un tema tan complejo y controvertido como es la transexualidad.

Ángel Pantoja

Un carácter más crítico y reflexivo, no tan humorístico, encontramos en el conjunto de obras que la comisaria ha puesto a dialogar en la segunda sala. Conviven en ésta piezas de distinto formato y temática, pertenecientes a distintas series pero de espíritu común: una visión postapocalíptica del mundo. Destaca la serie Hojarasca (2014), siete escenarios naturales, inhóspitos y un tanto surrealistas, en los que la huella humana ha desaparecido, y en los que la naturaleza, representada por la figura del pájaro o la abeja, se ha abierto paso aprovechando los restos de muerte y destrucción. Así, las costillas de un cuadrúpedo se convierten en el hogar de otros animales, albergando un panal, y dos viejos cascos de stormtrooper ahora son la estación de descanso de un pájaro. Pero, sin duda, la pieza más interesante de esta sala – y de la exposición, me atrevería a decir- por su significado y madurez conceptual sería Accidente en torreta forestal (2014), en la que se muestra un frondoso bosque del que sobresale una torre vigía en llamas. Con esta contundente metáfora, Pantoja nos interroga: ¿qué ocurre cuando quien nos protege es atacado? La multiplicidad de preguntas que nos asaltan ante dicha imagen son el motivo por el cual ésta es la obra más sobresaliente del conjunto.

Ángel Pantoja

Ciertamente, subyace en su discurso un tono ecologista que se revela definitivamente y se evidencia en la tercera sala expositiva, que alberga las Tormentas de bolsas de plástico I y II (2016) y las Arias para tormenta de bolsas de plástico I y II (2016). En éstas últimas, el artista retoma la figura clásica de la Venus – una venus corpórea, de carne y hueso- situándola en medio de un remolino de bolsas de plástico que se le adhieren y enganchan al cuerpo, estableciendo así un discurso crítico frente a nuestra sociedad consumista, contaminante y artificial. Más acertadas son las composiciones de las Tormentas, en las que la figura humana ha desaparecido, quedando solo las bolsas flotando en un espacio etéreo que es atravesado por ráfagas de aire. Desde luego la escena resulta evocadora. La crítica a la “sociedad del residuo” se materializa a través de estas fotografías de estética más o menos amable, al fin y al cabo simpáticas, o a través de escenas mucho más crudas y violentas como Basura Gran Vía (2013) en la que el edificio Metrópolis de la célebre calle madrileña se erige tristemente recubierto por bolsas de basura, escombros y otros desechos, todo en medio de una atmósfera gris y contaminada.

Ángel Pantoja

Tal y como indicaba al principio, las propuestas de Ángel Pantoja son diversas e irregulares. La serie Granadas (2015) y algunas piezas de la serie Golf (2014) acaban resultando un tanto frugales en comparación con otros discursos más comprometidos y valientes, presentes en la exposición. Por ello, cabría reconocer el complejo trabajo museográfico y narrativo que la comisaria ha sabido tejer y que es resultado de una comunicación constante entre ambas partes (artista y comisario), de un conocimiento profundo del medio (la fotografía) y del espacio (la sala expositiva). La pieza con la que cierra esta exposición no es, en absoluto, un hecho azaroso, sino una decisión premeditada que, entre tanta catástrofe y hecatombe, supone un grito de esperanza e insubordinación. En Sillas y pájaros un grupo de aves picotean poco a poco las maderas de los asientos, socavando su estructura y, por tanto, su equilibrio. Finalmente las harán caer. La naturaleza se impondrá.

Artista: Ángel Pantoja
Comisaria: María Arregui
Fechas: hasta el 18 de junio de 2017
Lugar: Sala Atín Aya (Sevilla)

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