Las palomas de Ricardo Cases en Doctor Nopo

by • 20 diciembre, 2011 • Centros de arte, Exposiciones, Fotografía, ValenciaComments (0)3832

“Palomas al aire” es el último trabajo de Ricardo Cases y estará expuesto hasta el  21 de Enero en el centro cultural Doctor Nopo, un espacio valenciano dedicado a la fotografía, que se preocupa de apoyar el trabajo de jóvenes fotógrafos.

Ricardo Cases es un fotógrafo de lo sencillo. Como ya ha demostrado en las anteriores series, “Belleza de barrio” y “La caza del lobo congelado”, se despreocupa de lo extraordinario y lo extravagante por definición. Huyendo de grandes impresas fotográficas centra su atención, y con ella su objetivo, en la cercanía de lo cotidiano, en esas realidades faltas de glamur que por su ausencia del circo mediático preservan cierta autenticidad y algo de marciano, algo que llama la atención.

Esta vez el foco de interés es la folklórica afición del levante alicantino a la colombofilia deportiva que, en su vertiente más cachonda, consiste en una competición de palomos maquillados, donde gana el que logre conquistar los favores de la hembra.

Así se desvela, al menos para mí y para unos cuantos forasteros que se hayan aventurado de paseo dominguero en zonas rurales, el misterio del vuelo de palomos coloristas, quizás escapados de alguna jaula, o como me gusta pensar ahora, cuya magistral interpretación del mito patrio de lo más macho haya sido premiada con la libertad, así como en algún momento de la historia se habrán premiado los gladiadores más valientes.

Pero más allá de resolver mis incógnitas personales, Ricardo Cases, quien siendo originario de Alicante bien conocía esta tradición, transporta el ritual campechano a un nivel simbólico que ilustra la tensión vital a la que vive sujeto el ser humano.

Como vivimos cultivando anhelos, sumando deseos y propósitos, como resolvemos toda trayectoria en el trabajo de alcanzarlos, como identificamos cada espera en la ilusión de ver los frutos de nuestros esfuerzos realizados. Así un hombre de setenta años, que bien podría tener solo diez porque con la misma actitud se mueve en el espacio lúdico de la competición (y con el mismo animo infantil aguardamos lo que dicte la vida), cría su palomo, le dedica tiempo y cuidado, lo embellece con colores para prepáralo al gran día, cuando le lanzará al aire y mirando al cielo boquiabierto, proyectará en él todas sus esperanzas, acompañado, como todo ser humano, solo por el íntimo deseo que su “palomo” sea  ganador o  al menos, alentadora consolación, que destaque durante el vuelo.

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