Madrid se rinde ante la magia de William Blake

by • 21 agosto, 2012 • Centros de arte, Exposiciones, Madrid, PinturaComments (0)5242

Del 3 de julio al 21 de octubre 2012. CaixaForum Madrid.

El onírico mundo del artista inglés William Blake, se presenta por primera vez en España por medio de la colaboración entre la Obra Social La Caixa y la Tate Gallery londinense. Bajo el título William Blake (1757-1827). Visiones en el arte británico se ofrece un amplio recorrido por su obra más desconocida.

El ser humano es un animal social por naturaleza. Surge de la necesidad de relacionarse con su entorno y ser comprendido por él, manifestándose en algunos casos en agudos problemas comunicativos que pecan por exceso (o defecto) de sociabilización. Habitualmente, encontramos como ese encaje en la sociedad se transforma en falta de entendimiento por parte de la gran masa hacia personajes ajenos a la corriente contemporánea. Sorprendentemente, una de esas figuras marcadas por el yugo del desdén de sus coetáneos fue la de William Blake (1757-1827), artista destacado por su inagotable imaginación, sus particulares visiones y su capacidad para reconstruir pasajes ya existentes por medio de un lenguaje propio basado en un amplio (re)conocimiento del arte clásico anterior y el uso del cuerpo como vehículo transmisor de emociones frente a la superficialidad de la forma.

La exposición se abre con el retrato realizado por Thomas Philips en 1807. Quizás, en un primer momento, nuestra imaginación prevé ciertas maneras histriónicas o una mirada fuera de sí, similar al personaje ofrecido por Courbet en su conocido autorretrato. Sin embargo, quien se presenta ante nosotros es un señor bien plantado, sólo identificado por ese lápiz localizado entre los dedos de su mano derecha, que evita mirar a su retratista, ladeando su cabeza de manera pensativa, posiblemente a la caza de nuevos monstruos a los que amaestrar. Con ello, queda patente que no se busca revitalizar la fama de sus extraños pasajes, sino que se trata de atraer al espectador al interior de su mente. Para ello, la muestra queda dividida en dos apartados: un amplio recorrido por sus primeros trabajos (sus textos poéticos), sus obras para Thomas Butts (grabados de corte bíblicos) y la presencia de John Linnell en su vida (La Divina Comedia); y la repercusión que tuvo su figura en el devenir del arte británico tras su muerte (el grupo de Los Antiguos, prerrafaelitas, simbolistas y los seguidores de la corriente neorromanticista de primeros del siglo XX).

El artista inglés, amplio conocedor tanto de su literatura coetánea como de los grandes textos clásicos y religiosos, partía de personajes o pasajes específicos para después plasmar en sus grabados o acuarelas recreaciones muy personales de los mismos. Será en este tipo de obras donde se halla la puerta abierta para conocer sus influencias, observando su cercanía a pintores del Cinquecento como Miguel Ángel o Giulio Romano en la amplitud de los cuerpos y de la forma, al arte gótico creador de las vidas de santos, martirios y figuras monstruosamente deshumanizadas e, incluso, la expresividad y solemnidad del arte clásico griego presente en sus rostros-máscara o en la percepción pétrea de los cuerpos. Esta amplitud de gusto influyó positivamente en la fabricación de sus monstruos, personajes e historias, conformando obra tras obra, grabado tras grabado, un estilo impasible al paso del tiempo y de rabiosa actualidad.

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