Matías Sánchez en la Galería Manuel Ojeda

by • 6 diciembre, 2010 • Exposiciones, Galerías de arte, Las Palmas de Gran Canaria, PinturaComments (0)3843

Del 19 de noviembre al 31 de diciembre de 2010, Galería Manuel Ojeda, Las Palmas de Gran Canaria.

Hasta el 31 de diciembre se puede visitar la exposición ‘Trahit sua quemque voluptas’ del artista alemán Matías Sánchez en la Galería Manuel Ojeda. En la muestra encontramos una serie de óleos en los que se enlazan las corrientes pícaras y la ilustración de arraigo tradicional, con una iconografía desenfadada e irónica, que ahonda en los tebeos, el pop y la cultura urbana. Matías Sánchez presenta en sus obras al hombre como si fuera un juguete, dibujando a sus personajes con un gran descaro infantil, para conseguir situarlos en una escena existencialista pero con una clave sarcástica.

A continuación os incluyo un extracto del libro ‘El arte de cómo aprender a pintar mal’ de Omar Pascual Castillo, en el que reflexiona sobre Matías Sánchez como pintor y su obra:

“…Lo interesante – a nivel metodológico/conceptual – en el caso de la obra de Matías Sánchez, es como es el ‘claustrofóbico provincianismo’, no mermó sus fuerzas e ideales; sino, todo lo contrario, le dieron rienda suelta.

Uno de los mecanismos más sorpresivos de Matías al respecto, es cómo hizo suyo la decadente situación de esta referencialidad cerrada para convertirla en una parodiante metáfora que se extiende de lo particular a lo universal, de lo contemporáneo a lo históricamente presente en la existencia del creador, de lo post moderno a lo moderno, y al revés.

Usando la supuesta limitación como inagotable campo de cultivo, Matías Sánchez, ha revisado su situación vital en una relación dialógica con la responsabilidad social de producir Arte; poniendo su Arte al servicio de una metodología que a nivel discursivo eleva al plano de generalidad, la pequeñez de mira de la circunstancia.

Sea esta, la circunstancia del acto mismo de pintar, o el problema casi ontológico de asumir los roles sociales del encargo social que se le exige en el panorama profesional al individuo artista. Un recurso retórico que le da cuerpo y movilidad accional a una postura sarcástica con el propio sistema y le da libertad de actuación a un entendimiento desacralizador de la conciencia de sí, que genera el campus del Arte alrededor de la ‘figura del creador’ como elemento-marioneta-fetiche de hábitos burgueses, constantemente renegociados.

Una estrategia que en definitiva le permite dedicarse a lo que en verdad le interesa: Pintar. Sólo a pintar. Y, además, hacerlo… como mejor se le antoje. Todo debe ser discernible por su fealdad… “

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