Ocho visiones de un paisaje que nunca se termina de hacer

by • 20 marzo, 2015 • Asturias, Centros de arte, Exposiciones, Gijón, VídeoComments (0)2364

LABoral Centro de Arte y Creación acoge “Ocho visiones de un paisaje que nunca se termina de hacer”, exposición que muestra distintas maneras de enfocar la producción videográfica contemporánea. Realizada a partir del Archivo de Artistas Asturianos, cuenta con obras de Ramón Lluís Bande, Elisa Cepedal, Colectivo DV, Cristina Ferrández, David Ferrando, Alicia Jiménez, Marcos Merino y Amalia Ulman.

Ramon lluis Bande_LLARAA continuación podéis leer el texto “Del archivo al territorio” escrito por Alfredo Aracil, comisario de la exposición:

Al igual que paisaje al que hace referencia el título de esta muestra, desde su nacimiento el Archivo de Artistas Asturianos no ha dejado de transformarse, incorporando, poco a poco, sucesivas generaciones de artistas que o bien son asturianos de nacimiento, o bien residen en el Principado. A través de los distintos documentos que atesora se puede ver cómo han cambiado las herramientas de trabajo mientras los contenidos también se hacen otros: de la pintura, el dibujo o la escultura, los medios y las formas tradicionales, hemos pasado a otras prácticas como la fotografía, la performance o, finalmente, las artes electrónicas, ya sean visuales o sonoras, menos tautológicas, más abiertas al contacto de la representación con la realidad.

Sobra decir que hace tiempo que el vídeo ha dejado de ser una tecnología esotérica. Atrás queda el tiempo de la magia: el trabajo con imágenes en movimiento se ha convertido desde los noventa en una de las prácticas más socorridas dentro de la creación contemporánea. Con la irrupción primero del cine y luego del vídeo los artistas dejaron de necesitar símbolos y signos para representar una realidad que, ahora, por medio de la cámara, pueden hacer visible mediante objetos reales. Según Nicolas Bourriaud, la tecnología vídeo “permite representar lo real fuera de toda mediación lingüística”. De esta forma, frente a la cámara se sitúan paisajes que, sin necesidad de un estilo, quedan registrados en riguroso presente, o mejor, en un tiempo eterno que está, por definición, condenado a repetirse. Los hermanos Lumière dijeron a comienzos del siglo XX que el cine era una invención sin futuro; no obstante, como se encargó de recordarnos Juan-Luc Godard, se trata del arte del eterno presente.

Ocho Visiones de un Paisaje Ramon Lluis BandeY puestos a hablar sobre nuestro presente, pocas cosas definen mejor el tiempo que vivimos que el llamado por Jacques Derrida mal de archivo: esa fiebre por la acumulación de informaciones, entre nostálgica, melancólica y terapéutica, que ha terminado por convertir el presente en un eterno retorno del pasado, donde las modas y los gustos, actualizados, vuelven una y otra vez, a golpe de clic, mientras el proceso de construcción de conocimiento se acelera más y más. Si bien es cierto que con cada nuevo soporte ha sido más fácil almacenar y compartir, también es innegable que cada vez se vuelven más vulnerables al paso del tiempo.

Mientras una talla en piedra tenía una vida de miles de años, un pendrive, con suerte, llega a una década. Así las cosas, frente a la velocidad con que se acumulan hoy los datos, los descubrimientos y, en general, las novedades, es preciso producir una memoria a prueba de bombas, un dispositivo capaz de hacer visible aquello que pasa desapercibido, lo olvidado o lo, directamente, marginado. Y esta memoria necesita, además, de una cierta territorialización como estrategia para anclar al sujeto al espacio: a saber, la creación de un lugar, de una ubicación, da igual que sea físico o digital, donde poder consultar, como por ejemplo archive.org, el espacio donde Rick Prelinger se ha dedicado a coleccionar películas huérfanas.

Las máquinas con las que conversamos en nuestros puestos de trabajo, como los motores de búsqueda que usamos en Internet, discurren gracias a una lógica clasificatoria que les permite filtrar contenidos según determinado valor. Son algoritmos de recuperación de datos que otorgan un lugar preciso, así como un orden para, finalmente, dar forma a nuestra manera de pensar y comunicarnos. En ese horizonte de acumulación (en principio) ordenada, que en ningún caso garantiza un mejor y más profundo conocimiento, proyectos como el del Archivo Artistas Asturianos tratan de generar visibilidad, al mismo tiempo que dibuja un territorio: es decir, forjan una historia recuperable a la vez que, finalmente, articulan un lugar donde se desarrolla el paisaje del último arte asturiano. Al igual que “el colonialismo o el coleccionismo, el archivo introduce cualquier registro en una gran estructura legal”: es una herramienta de legitimidad que, a su vez, legitima a los artistas que representa. El arte, al fin y al cabo, siempre justifica aquello que lo legitima como arte: el sistema justifica como arte aquello que lo normaliza como sistema.

LABoral Ocho visiones de un paisaje. Colectivo DV  (1)Es curioso cómo la Tierra, con sus sucesivas capas de estratos, puede imaginarse como un archivo del tiempo pasado. De manera literal, también podemos decir que sobre su superficie se acumulan, a lo largo de su historia, múltiples capas de sedimentos que conforman el paisaje actual. Podríamos hablar también de cómo el cosmos, fruto de un proceso natural que dura tanto como el tiempo mismo, es igualmente un archivo.

En él, desde el más absoluto presente, vemos aquello que alguna vez fue.

En la tierra que rastrean los arqueólogos, a veces aparecen huesos y fósiles de organismos y objetos que un día estuvieron vivos. No hay nada más natural que la cultura. En efecto, la naturaleza es uno de los temas centrales de tan distintas (o similares) expresiones culturales como el arte o la ciencia, que son, resumiendo mucho, prácticas y saberes que se organizan sobre la acumulación de experiencias previas.

Al igual que un lugar que no deja de hacerse otro al contacto con la acción del hombre y, también, debido a la acción directa de las fuerzas de la naturaleza sobre su faz, el objetivo del Archivo de Artistas Asturianos es cambiar. Se trata, en ese sentido, de ir incorporando más y más artistas a medida que la realidad de Asturias muta. Nuevas visiones de la realidad que, por medio de su pertenencia al Archivo, serán siempre presentes, aunque también índices del pasado. Es imposible crear de espaldas a la memoria, aunque sean ruinas o escombros siempre es necesario partir de un sustrato. Al fin y al cabo todo paisaje tiene un pasado.

Artistas: Ramón Lluís Bande, Elisa Cepedal, Colectivo DV, Cristina Ferrández, David Ferrando, Alicia Jiménez, Marcos Merino, Amalia Ulman
Fechas: Del 18 de marzo al 21 de junio de 2015
Lugar: Mediateca Expandida de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, Gijón

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