Los Paisajes Extintos de Karen Sandoval

by • 14 septiembre, 2022 • ExposicionesComments (0)375

La obsesión por llegar a comprender nuestros orígenes no es exclusiva de una cultura o sociedad determinada, e incluso, en un entorno actual en constante cambio donde muchos individuos han decidido o se han visto forzados a abandonar su hogar, nos encontramos con un sentimiento fácilmente reconocible allá a quien preguntemos. ¿Pero, qué sucede cuando los recuerdos se desdibujan? Si lo que un día fue un hogar se nos presenta como una tierra extraña y lejana, de la que solo atesoramos lo que una vez creímos conocer, ¿qué ocurre con ese rincón en nosotros mismos que ha sido desdibujado a la vez que el recuerdo de esos lugares?

Para su primera individual en Corner Gallery, la artista Karen Sandoval recurre al uso de animales colombianos en vías de extinción y, por tanto, a la iconografía de aquellos que están en peligro de desaparecer como símil visual de un recuerdo y una parte de la memoria que poco a poco se desvanece a pesar de ser un bien preciado que intentamos conservar. Al igual que aquellos animales a punto de extinguirse y que solo conocemos por medio de estudios y documentos, el recuerdo pasado es una imagen esquiva, diluida y adornada por fotografías e historias que a menudo no podemos diferenciar de lo imaginario. Un animal extinto toma por su condición oscilante entre lo real y lo que puede difuminarse en el aire, una condición de criatura preciosa y preciada, como el recuerdo que nos esforzamos por mantener con nosotros.

El pasado ya no es entonces algo estable y posible de hallarle una definición, sino que se alimenta del individuo actual, híbrido entre una cultura de origen y otra de adopción, que intenta navegar y llegar a esa orilla que fue una vida que ya no conoce y cuyo recuerdo es una historia que se ha contado a sí mismo una y otra vez, sin dejar de mutar en el proceso. Los recuerdos de otra vida lejana, cortada en seco, actúan como un esqueje de algo mayor que se planta en otro lado y se intenta germinar en un clima y un entorno que no son los suyos. No es casualidad que la artista coloque a estos animales en paisajes que oscilan entre la flora colombiana que marcó su infancia y algunas plantas de la península que la acompañan en su día a día en ciudades como Madrid y Barcelona.

En este revisionismo de lo que no se recuerda, de lo que apenas se intuye, Sandoval también recupera antiguos mapas de época colonial e introduce pistas y señales de las antiguas culturas precolombinas como los Yocotó o los Calima que solían habitar el valle del Cauca, de donde la artista es originaria. Y esos mapas los interviene, los modifica y redefine a través de un imaginario personal que convierte esas tierras de un pasado remoto en algo suyo, íntimamente ligado por medio de la intervención manual a su pequeño paisaje vital. Como si indicara que la actual forma de ese país que fue su hogar no es suficiente y tuviera que indagar en un pasado aún más remoto, en un lugar más oculto de su propia memoria. Sin
duda, al reconstruir, como si de un vestigio arqueológico se tratara, aquello que es irreconocible o está perdido, Karen Sandoval crea algo nuevo, transforma lo que una vez fue para intuir un futuro que aún no ha tomado forma, y que es la silueta alimentada de lo que aún está por llegar.

Raquel Algaba

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