Un arte para la justicia; una pintura grotesca: el arte de Li Yongzheng

by • 18 abril, 2023 • Crítica de arteComments (0)798

‘’El arte necesita —y esta es su limitación con respecto a lo bello y lo bueno— del elemento sensible, pero en este elemento desea y debe expresar la manifestación de la idea en su totalidad. Pertenece a la esencia de la idea dejar libre a su manifestación, suponiendo así la posibilidad de lo negativo. […] [S]i la naturaleza y el espíritu han de expresarse en toda su dramática profundidad, lo feo natural, el mal y lo demoníaco no pueden faltar’’.

Estética de lo feo. Karl Rosenkranz. 1853.

A pesar de la evidente barrera histórico-cultural, la tesis del filósofo alemán Karl Rosenkranz está en sintonía con el arte del artista chino Li Yongzheng (Bazhong, 1971). Rosenkranz intentó legitimar el concepto de lo feo —lo negativo— y todos sus subtipos —lo asimétrico, lo incorrecto, lo vulgar, lo repugnante, lo diabólico, la caricatura, etc.—, entendiéndolo como algo lógico que se exhibe en nuestra realidad —la naturaleza y la cultura— y que significa la antítesis de lo bello —lo positivo—. Es más, estableció lo feo artístico como una categoría en su análisis, considerando que deriva de la idea actuando en su modalidad negativa, formulada mediante el arte. Se puede entender más fácilmente de esta manera: es la manifestación visible de la negatividad que reside en el espíritu, mostrada a través del arte —lo dramático y lo trágico—, sean cuales sean las razones.

Consumed Salt and Gangren Boqie Mountain, 2014. Instalación y happening. Cortesía del artista

Yongzheng es un artista multidisciplinar, el cual trabaja sobre todo la instalación, el net.art, la performance y la pintura, representando unívocamente la versión fea de la existencia. ¿Eso significa que sus obras resultan desagradables? Es complicado decir que las composiciones de Yongzheng, independientemente del arte que cultive en un momento dado, sean desapacibles estéticamente. Sin embargo, el concepto representado, sobre todo si se conoce de antemano, desemboca en que la visión de determinadas piezas sea inquietante. En este aspecto, el arte de Yongzheng siempre va a ser incómodo de un modo u otro, nos guste o no desde la superficialidad, pues habla de los derechos humanos, que son inherentes a la política. Entendiendo la política como todo lo concerniente a la ciudadanía. Los derechos humanos pretenden ser globales, pero no se respetan en todos los países o bien algunas naciones eligen qué derechos acatar y cuáles no. Nuestro protagonista está muy de acuerdo con el establecimiento y protección de los derechos humanos, pues cree en la libertad del individuo, en la igualdad entre los seres humanos y en la necesidad de establecer la paz.

Residir en China desde toda su vida le permite realizar el trabajo artístico de una manera particular. Es capaz de canalizar la resiliencia que posee gracias al arte y plantearse cuestiones diversas utilizándolo como vehículo. Sin embargo, dicho aguante frente a la adversidad de su contexto explota de modos múltiples, no solo por el tipo de arte que gesta, sino por los cambios estéticos que son drásticos si comparamos su arte visual, básicamente instalación, arte en red y y performance y su arte específicamente plástico. En todo caso, el arte de Yongzheng invita a reflexionar acerca de cuestiones variadas ligadas a los citados derechos humanos.

Feast, 2020. Vídeo reproducido en dos pantallas y sonido. 12,5 min. Cortesía del artista.

Huyendo del realismo en pro de la alegoría en su discurso, su aproximación a los problemas es sutil incluso desde la óptica conceptual en las instalaciones —audiovisuales o no—, en el net.art y las performances. Sin embargo, no carece de abordar temas auténticos. La intransigencia hacia la aplicación de los derechos humanos es el núcleo argumental de su carrera, del que nacen la constricción del individuo por los sistemas políticos faltos de raigambre democrática, el nacionalismo feroz, la xenofobia y opresión hacia los pueblos minoritarios, la intolerancia religiosa, añadiendo así un abanico de violencias que denunciar y un largo etcétera. Mas la manera de hacerlo es relativamente disimulada, ya que el componente metafórico resulta elevado. Pero el artista desea que cada persona sea libre a la hora de interpretar sus piezas; el trasfondo de sus obras no tiene por qué ser reconocido con sencillez y él tampoco quiere imponer significados concretos. Sabe bien que algunas de sus piezas parecerán bellas o perturbadoras, pues es algo totalmente subjetivo, dependiente del público. Los principios estéticos varían enormemente en la carrera de Yongzheng, aunque es posible afirmar que, en armonía con la tradición zen, prefiere suprimir lo accesorio; lo suyo es un arte más purista, gravitando entre contar los hechos como son y dar un toque mordaz a cada situación. Aparte, tiene claro que no le gusta anclarse en la denuncia social, renovando su narrativa y ampliando las nociones espirituales de su arte, por ejemplo, el ciclo del nacimiento, la vida, la muerte y/o la transformación, aunque admite no practicar ninguna religión.

En el ámbito pictórico, de factura más reciente en su trayectoria artística, destaca la representación de imágenes ligadas a los más variados argumentos, centrándose frecuentemente en los pesares humanos, que no dejan de ser una cara de la ausencia total o parcial de los derechos humanos. Destacan las violencias y los vicios que a veces también pueden ser iracundos. El asesinato en general, la violencia machista, el abuso de autoridad en el campo militar, el martirio, la muerte, pero también la soledad, la pasión intensa de un romance, el desnudo explícito e incluso un moscóforo deprimido son temas que trata en su plástica. Los motivos pictóricos en las obras de nuestro protagonista son morbosos; parecen afectados por un aura de patetismo, aparte del tema simbolizado y tienen una faceta acrimoniosa. Emanan la esencia de su arte visual. En cualquier caso, es confuso gestar interpretaciones precisas atendiendo a la iconografía. Separadamente de lo versátil de esta disciplina auxiliar en el arte coetáneo, la manera de plasmar las figuras hace que sean difícilmente reconocibles. Tienen un punto grotesco, de desfiguración, de parecer derretirse lentamente ante la mirada. El óleo expresado con la pincelada suelta, empastada, el puntual goteo de pintura, unido a las formas derretidas de los motivos y el colorido estridente suscitan turbación incluso en la fase preiconográfica porque distorsionan el ilusionismo. Asimismo, el carácter disruptivo evocado por tales cualidades sirve, aunque parezca sorprendente, para captar con mayor atención el posible asunto representado. Los ojos intentan encauzar las formas blandas y de tendencia amorfa del lienzo, terminando por revelar verdades —supuestas certezas— acerca de la temática. Es llano traer a colación la tesis de Rosenkranz respecto a cómo se expresa lo feo estéticamente. Lo feo, lo que sabemos bien ya, tiene como objetivo aludir a lo negativo, a lo alarmante, pero es algo natural. Lo feo manifiesta las peculiaridades de nuestro espíritu, que no es todo belleza y bondad —en un sentido clásico—, sino que puede ser impasible, crítico, agresivo, miserable. Es nuestro yo cuando se detiene a mostrarnos su realidad, teniendo el arte la opción de externalizar esta cuestión y hacernos empatizar con esta, volviéndonos conscientes de lo que el artista o la artista nos enseña.

A long conference table, 2022. Óleo sobre lienzo. 200 cm x 150 cm. Cortesía del artista.

La pintura de nuestro protagonista guarda estrecha relación con la figuración de posguerra de Francis Bacon, de un neoexpresionismo que hace patente la cruenta realidad a través de la forma licuada y el predominio del colorido discordante. Yongzheng, sin irse tan lejos, marida con el arte del pintor Liang Kai, maestro de la pintura ch’an o zen. Con su obra Inmortal (1140-1210), el artista retrató al pensador taoísta Lao-Tse siguiendo la idea de que personifica la perpetuidad: ‘’Laozi se presenta como viejo y joven, muerto y vivo, humano y natural, inmóvil y en curso, montañoso y brumoso, preciso y vago. Él es el centro del vórtice de la naturaleza, el eterno desarrollo y expresión de todo lo que existe. El sabio taoísta, el virtuoso estético perfecto, es la eternidad del mundo’’, dice el filósofo Jason Dockstader. Desde nuestro canon de belleza, especialmente contaminado por la belleza idealizada, Lao-Tse parece un hombre grotesco, obeso, con frente prominente que se solapa con el resto de la fisionomía, haciéndola diminuta y deforme; de apariencia extraña en definitiva. Sin embargo, está comprobado que la estética zen procede alternativamente y plantea el todo bajo la configuración explicada.

Está claro que el arte chino más vanguardista rompe abruptamente con el realismo socialista que dominó la mayor parte del siglo XX. Nuestro protagonista se enmarca precisamente en la vasta corriente de arte contemporáneo chino, normalmente conocida como arte experimental chino. Sin embargo, hablar de Yongzheng como si fuera un miembro más de un movimiento artístico capital, le colocaría en una posición poco definitoria de sus aportaciones artísticas. Además, podría interpretársele como un artista asociado a la tendencia mercantilista que contagia a las artes independientemente de su ubicación geográfica y contexto cultural. El arte experimental chino destaca sobre todo porque consigue traspasar fronteras, estar a la moda desde el punto de vista del mercado, llegando al mundo occidental. Puede ser visto con encanto por su procedencia ajena, exótica, al igual que las chinerías, el orientalismo y el japonismo en la historia del arte de nuestra cultura. Quizá exista la posibilidad de que suene extraño o absurdo, pero debe reconocerse que el arte no occidental suele ser mucho peor conocido que el propio y también suscita interés debido a esto. Por separado, es acorde decir que la influencia del arte foráneo se ha ido alargando hasta nuestros días, adoptando múltiples formas.

Sin título, 2023. Óleo sobre lienzo. 220 cm x 200 cm. Cortesía del artista.

Igualmente, cabe la opción de que se observe al arte experimental chino más afamado, internacionalizado, con cierto recelo y hostilidad, debido a que suele tener lo impactante como cualidad. No obstante, es un impacto ligado a lo que nos produce miedo y asco; a lo feo de Rosenkranz en su alto grado, llegando a generar situaciones que trastocan la ética y la moral. Curiosamente, solo esta manera vanguardista de realizar arte actual, a pesar de los distintos escalones, de ser más transigente o bien más severa, es la vía para conmover la psique del público y hacerle cavilar acerca de las polémicas universales y/o territoriales. Este movimiento artístico, cuando manifiesta un fuerte rechazo hacia la política nacional y ocasionalmente internacional, en definitiva, suele resultar explícito, cáustico y no puede gestarse con libre albedrío en el país oriundo por ser antigubernamental; irónicamente arte degenerado.

La sutileza de Yongzheng se distancia a nivel formal de los actos y objetos artísticos de buena parte de sus compatriotas de vanguardia, exceptuando lo grotesco de su pintura, que se acerca a la faceta más fiera y provocadora de lo experimental en China. A la par, enfrenta lo político interno y externo sin vacilar, pero su protesta, su disconformidad son más silenciosas.

Sumado a esto, es un artista rupturista, en sintonía con el arte fuera de la academia, pese a su formación reglada y profunda, mas es marginal respecto a lo normativo, a lo oficial institucionalmente hablando. Y no tiene nada de raro en China, el cual es un país de larga tradición en el arte apartado de la exclusión respecto a la oficialidad. Basta recordar a los pintores letrados y luego a los pintores excéntricos —¿y pintoras?—, al estilo de Liang Kai, el cual se nombró párrafos atrás, que se apartaron del ámbito cortesano. Enmarcarle en la generalidad de la vanguardia nacional haría que lo apreciásemos con ojos equivocados y hasta mercantilistas. Vender no es el propósito principal de su arte, sino la reflexión por nuestra parte sobre asuntos que de un modo u otro nos conciernen, los asimilemos correctamente o no.

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