Una guerra, dos guerras, tres guerras, cuatro guerras

by • 4 marzo, 2022 • Libro, PerformanceComments (0)1091

Este artículo podría empezar de la siguiente manera: Se publica el primer libro académico en ruso sobre Performance, su autora María Antonyan ha trabajado durante años en los archivos digitales de la artista Marina Abramovic en Nueva York. Entre los performers que aparecen como objeto de estudio académico en dicha publicación, encontramos al artista Omar Jerez  como único performer español mencionado. 

Pero empecemos por el principio:

El 1 de febrero de 2018 María Antonyan me escribió para decirme que estaba trabajando en un libro sobre la historia de la performance, en el cual, todo giraba narrativamente en torno a la figura de Marina Abramovic y, para mi sorpresa, María Antonyan me contactaba para comunicarme que yo iba a ser uno de los artistas elegidos para dicho ensayo. Tras estas palabras, la reacción por mi parte fue de ilusión y eterno agradecimiento.

Una vez que María Antonyan presentó el libro en sociedad me contactó de nuevo, esta vez para comunicarme que me haría llegar tan especial obra personalmente a través de una alumna suya que venía a estudiar a España. Esta alumna nunca llegó con el libro, directamente desapareció de la faz de la tierra y ni yo ni María Antonyan volvimos a tener noticias del libro que debía entregarme personalmente esta persona.

Llegó la pandemia y con ella se convirtió en una quimera la posibilidad de recibir la obra.

El 14 de octubre del año 2021 conocí en Madrid a la poeta ucraniana Sofía Kosenko, conecté de inmediato con ella y terminamos intercambiando nuestros correos y redes de IG, para de ese modo seguir manteniendo seguimiento de nuestras vidas. 

En un acto de osadía, a posteriori, le pedí a Sofía Kosenko un favor; le pregunté si podía gestionarme el proceso para poder conseguir un libro en ruso en el que habían visibilizado mi trabajo performativo junto con el de Marina Abramovic; le conté a Sofía todos los pormenores por los que ya había pasado, los intentos fallidos, la pandemia y un largo etc., que habían hecho fracasar cada intento de tener tan ansiado objeto de estudio en mis manos.

Sofia Kosenko en un acto de generosidad indescriptible, ya que apenas me conocía, empezó a hacer las gestiones pertinentes, pero nuevamente y a pesar de sus habilidades, el trámite se alargó unos cuatro meses más por las dificultades que conlleva mandar un paquete fuera de Rusia y que este mismo llegase a España.

A Sofía Kosenko le pasó exactamente lo mismo que a María Antonyan, en este caso la alumna era un amigo de Sofía, que al venir a España desde Rusia le traería el libro, pero nuevamente tanto el libro como el amigo desaparecieron completamente del mapa, sin saber a día de hoy nada de él. El libro se hacía de rogar, parecía un imposible, y cada vez me parecía más improbable poder llegar a tenerlo; para que os hagáis a la idea, nada sale de Rusia o entra a Rusia sin el chequeo de los servicios secretos (SVR)

Pasado un tiempo, Sofía Kosenko me da la noticia: el libro, al fin, había salido de Rusia y ya se encontraba camino de España. El esperado encuentro entre el libro de María Antonyan y un servidor se acercaba.

La cosa prometía, convirtiéndose el libro en un objeto animado, en un ente que tenía vida propia; ese libro ya era parte de una performance inacabable.

Animado por las buenas noticias de Sofía que se prometían felices, nuevamente el libro decidió continuar performando, me precipité con los designios del destino, a este libro le esperaba otro inquietante episodio, en el que su llegada a España y a mis manos no era en absoluto para celebrar ni mostrar entusiasmo; el día 24 de febrero de 2022 recibo en mis manos el libro por parte de Sofía Kosenko, ese 24 de febrero es justo el fatídico día que Rusia invade y masacra a la población ucraniana.

Sofía Kosenko y yo nos encontramos frente a la embajada rusa en Madrid, en una concentración de repulsa por las atrocidades que se estaban cometiendo bajo la imposición rusa sobre la población civil ucraniana, mientras lo que consideraba importante, ese precioso ensayo de María Antonyan, dejó paso a la desazón e incertidumbre.

Es aquí justamente cuando yo, Omar Jerez, soy consciente de una serie de causalidades que ni el mejor de los estrategas geopolíticos hubiera sincronizado mejor.

Fijaros bien en estos datos que no son baladí:

-Marina Abramovic tuvo que ver desde la distancia como miembros de su familia padecieron el horror de la Guerra de los Balcanes. (Donde se estima que más de 50 000 mujeres fueron violadas)

-Los familiares de María Antonyan padecieron el genocidio armenio por parte de los turcos, un genocidio que para mí, personalmente, ha sido el más horrendo del siglo XX por su amoralidad en todos los sentidos. Un genocidio silenciado y condenado al ostracismo por parte de los medios de comunicación y de las organizaciones gubernamentales.

-Mi abuelo paterno salió huyendo de Safed (Palestina) ante la declaración de independencia de Israel en 1948 donde 10 000 árabes palestinos tuvieron que abandonar sus hogares sin más opción.

Y lo que para mi era inimaginable meses antes de conocer a Sofía Kosenko, la invasión por aire, tierra y mar de Rusia sobre Ucrania con una amiga destrozada.

-Sofía Kosenko que vive en Madrid desde hace años tiene que observar desde la distancia cómo a su madre con una invalidez que le incapacita la movilidad y a su abuela, que es muy mayor les resulta imposible la huida lejos de los bombardeos por falta de recursos logísticos.

Desde el día de la invasión, Sofia Kosenko escucha por medio de su madre y a miles de kilómetros las atrocidades que por parte del ejercito ruso y a escasos 3 kilómetros de la casa familiar suceden por el hecho de situarse cerca una base aérea militar.

El ejercito ruso bombardea durante 24 horas,  los cristales de su casa retumban ante la mirada aterrorizada de dos mujeres indefensas.

Un libro sobre performance que NO HA DEJADO AÚN DE PERFORMAR. Una guerra, dos guerras, tres guerras, cuatro guerras.

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