Woman Art House: Judith Scott

by • 8 noviembre, 2019 • Escultura, Woman Art HouseComments (0)381

Esta semana en Woman Art House nos hemos acercado al arte outsider con una de sus más destacadas representantes: la estadounidense Judith Scott. A lo largo de dieciocho años de trayectoria, Judith Scott (1943 – 2005) creó esculturas envolviendo todo tipo de objetos con lana, hilos y otros materiales textiles que cuidadosamente y de manera repetitiva tejía y entrelazaba. Una de sus obras más destacadas, Twins, trataría sobre el importante vínculo que le unía a su hermana gemela Joyce.

Judith y Joyce Scott nacieron en Ohio en mayo de 1943, con apenas unos minutos de diferencia. Joyce siempre sintió que eran iguales, pero Judith nació con un cromosoma más: tenía síndrome de down. Las dos hermanas pasaron juntas y muy unidas los primeros años de sus vidas. Sin embargo, a medida que iban creciendo iban apareciendo más aspectos que las diferenciaban: Mientras Joyce aprendía a decir sus primeras palabras, Judith solo era capaz de emitir ruidos. Esto dificultó su acceso en el único centro público de educación especial que existía en su ciudad y provocó que médicos y psicólogos advirtieran a la familia que no había solución posible para Judith. Dijero que era “ineducable”.

“Un día me desperté y no estaba allí. Me encontré a mi madre en la cocina. Tuvo una crisis nerviosa. Entonces yo no comprendía que Judith ya no volvería”, cuenta Joyce. Finalmente, Judith Scott fue ingresada en un centro en Ohio cuando tenía siete años y los informes médicos realizados durante años por las diferentes instituciones por las que pasó destacaban su mal comportamiento: “Judith no parece estar en buen contacto con su entorno. No se lleva bien con otros niños, está inquieta, come desordenadamente, se rasga la ropa y pega a otros niños”. “No colabora y se niega a hablar”. La realidad es que tardaron más de veinte años en diagnosticarle una sordera profunda que podría haber sido consecuencia de una escarlatina que padeció con pocos meses de edad. Judith Scott nunca aprendió a leer ni a escribir, ni tampoco lengua de signos. Durante sus años en los diferentes centros, Joyce llegó a sospechar que le administraban medicamentos psiquiátricos. A los 42 años, se convirtió en su tutora legal y Judith Scott se trasladó a California.

En 1987, gracias a Joyce, Judith Scott empezó a asistir al Creative Growth Center de Oackland, un espacio que proporciona un entorno artístico en el que personas con discapacidad o enfermedades mentales trabajan conjuntamente con artistas locales. En este centro, todos los usuarios son considerados artistas, independientemente de sus capacidades, y aunque no es un centro terapéutico, los beneficios y la mejora en la calidad de vida son evidentes.

A pesar de las condiciones que le aportaba su nuevo entorno, Judith Scott no se mostró muy entusiasmada durante los dos primeros años. En este período se limitó a dibujar círculos y espirales en los que insertaba a veces algunas imágenes recortadas con la técnica del collage. “Cogía una hoja de papel y hacía garabatos, con círculos por todo el papel. Llenaba una cara entera, le daba la vuelta y hacía lo mismo. Después de hacer tres o cuatro dibujos perdía el interés”, cuenta Stan Peterson, uno de los artistas del centro.

No fue hasta que llegó la artista textil Sylvia Seventy que Judith Scott encontró su medio de expresión. “Sacó algo que yo había encontrado en el mar, un trozo de corcho con un poco de alambre. Lo envolvió con hilo y papel. Se estaba divirtiendo mucho y lo empezó a pintar. Luego lo cubrió con palitos de sauce. Se lo estaba pasando en grande”, recuerda Sylvia Seventy. En cuanto a su proceso de trabajo, Tom di Maria, director del Creative Growth Center, lo describe así: “Encuentra objetos, roba objetos… Los lleva donde quiere y empieza una pieza nueva. Coge hilo de los telares, materiales, cosas que debería y cosas que no. Como muchos otros tiene miedo de que le roben. Lo mete todo en cajas y lo esconde (…). La forma en la que trabaja es a menudo sutil. Junta todas las partes, suele empezar por los objetos grandes que formen el esqueleto de la pieza. Luego añade fibra o tela y después llega a una fase en que teje cuidadosamente con pequeños hilos y lo envuelve todo. Corta lo que sobra y lo vuelve a meter en la pieza. No despilfarra. Utiliza todo el material”. Y utilizaba todo tipo de materiales y objetos para dar forma a sus esculturas, algunos son más evidentes pero otros, que han quedado ocultos en su interior, solo se han podido conocer mediante rayos X: la rueda de una bicicleta, zapatos, trozos de madera, una silla, bolsas de patatas, un ventilador, el pomo de una puerta, o incluso un carro de supermercado.

A pesar de que sus primeras piezas, denominadas “totems, eran de pequeño tamaño, con el paso del tiempo, y a medida que perfeccionaba su método de trabajo y se sentía más segura iba creando obras cada vez más grandes. Algunas de sus piezas miden dos metros de altura y podía tardar varios meses en realizarlas. Dentro de su producción destaca, por lo sorprendente del color, su última escultura (2005), para la que solo empleó lana negra y que forma parte de la colección del Museo de Art Brut de Lausana (Suiza). Su hermana Joyce la interpretó como una despedida.

El reconocimiento de la obra de Judith Scott empieza en 1999 con la publicación de un libro sobre su trabajo escrito por el psicólogo e historiador del arte John MacGregor. A partir de aquí, su presencia en exposiciones será habitual desde el año 2000, aunque resulta especialmente interesante la celebrada en 2001 en el Museo de Art Brut en Lausanna (Suiza), la exposición retrospectiva Bound and unbound del Brooklyn Museum (2014) o su participación en la Bienal de Venecia de 2017.

En España la obra de Judith Scott ha podido verse en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de la Fundación Once (Centro Centro, 2018), en la exposición Rosemarie Trockel: Un cosmos (Museo Reina Sofía, 2012) y en MARCO Vigo (2016).

¿Era consciente Judith Scott de estar haciendo arte o de ser artista? Lo cierto es que el director del Creative Growth Center cuenta que Scott da sus trabajos por finalizados y no quiere seguir con ellos sino empezar una pieza nueva.

Joyce cuenta: “Creo que empezó a llevar pañuelos y sombreros raros cuando empezó a sentirse artista(…). Parece que cuanto más crecían sus obras y más reconocimiento recibían, más elaborados eran sus adornos en la cabeza, así que a veces se envuelve con pañuelos y encima se pone algún adorno elegante. Por eso creo que es una expresión de su autoestima y la conciencia de sí misma como artista”.

Sobre el significado de sus obras, Joyce habla de un proceso curativo y de las cualidades protectoras de las sucesivas capas de tejido que escondían objetos en su interior. Eso enlazaría con la opinión del psicólogo y coleccionista Stephen Walrod que ha destacado la sensación tranquilizante que produciría en Scott el tacto de los tejidos durante la fase de creación de las obras. El creador del término “arte outsider”, Roger Cardinal, recientemente fallecido, hacía referencia, al hablar sobre J. Scott, a la necesidad de sacar de sí misma algo que ha creado, que puede reconocer y da estabilidad a su vida.

La discapacidad no impidió a Judith Scott crear unas obras poderosas en las que hace un uso inesperado de los materiales textiles, asociados con frecuencia a lo femenino, y, en concreto, al bordado o la costura. Por esta razón, ya son varias las voces que reclaman que la obra de Judith Scott sea estudiada más allá de la etiqueta de arte outsider.

Si queréis saber más sobre esta artista, os recomiendo que veáis el documental ¿Qué tienes debajo del sombrero? (2005) dirigido por Lola Barrera e Iñaki Peñafiel y producido por Julio Medem. Además, en el año 2006, la obra de Judith Scott también protagonizó el documental Outsider de Betsy Bayha.


El próximo domingo tenemos una nueva cita con Woman Art House en el perfil de Zanora Coperías (@Zcoperias), que nos hablará sobre la artista urbana Hyuro. ¡No te lo pierdas con el hashtag #womanarthouse!

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