Woman Art House: Leonora Carrington

by • 26 junio, 2020 • Woman Art HouseComments (0)1170

Leonora Carrington (1917-2011) es inconformismo, es lucha contra lo establecido, es libertad y es magia. Adscrita por imposición al grupo de los surrealistas, desarrolló un lenguaje único que le permitió hacerse un hueco en la escena artística por derecho propio. Si te perdiste el hilo que le dedicamos desde Woman Art House, puedes leerlo aquí

Retrato de Leonora Carrington

Nació en Inglaterra en 1917 en el seno de una familia de la alta burguesía, de raíces irlandesas por parte de madre. Su infancia y adolescencias estuvieron marcadas una educación exquisita y presentaciones en sociedad para buscar marido, convenciones burguesas ante las que ejercía una gran resistencia.

El primer desafío a la autoridad por parte de Carrington supuso enfrentarse a las expectativas familiares en cuanto a clase y género. Desde pequeña sintió un gran interés tanto por la escritura como por la pintura, influenciada por los autores de su biblioteca infantil como Lewis Carroll o Bellatrix Potter, las fábulas irlandesas y las historias de fantasmas. Tras ser expulsada de diversas instituciones educativas fue enviada a Florencia a estudiar arte, donde entró en contacto con los primitivos italianos, y después a Londres, pese a la oposición por parte de su padre. Fue allí donde entró en contacto por primera vez con los surrealistas y conoció a Max Ernst, con el que comenzaría una relación sentimental y con el que huiría a París en 1937, rompiendo con toda dependencia y control que su familia ejercía sobre ella.

Junto a Ernst exploró nuevas técnicas artísticas y se introdujo en el grupo de los surrealistas de París. Carrington también se rebeló contra ellos, al rechazar frontalmente la posición que ocupaban las mujeres dentro del grupo como musas, a las que se les negaba la categoría de artistas. Sin embargo, su confianza hizo que fuera aceptada tempranamente por parte del grupo como una más: “Las mujeres surrealistas eran consideradas secundarias a los hombres. Se consideraban… personas que estaban ahí para inspirar, hacer la colada, cocinar, limpiar y proveer alimento… Nunca me vi como una musa.” (L. Carrington)

Los años compartidos con Ernst fueron de una intensa productividad tanto literaria como pictórica en la que se influían mutuamente. En 1939 publicaría La Dama Oval, una recopilación de cuentos ilustrada con collages de Ernst. También de esta época data La posada del caballo del alba (1937-38), un autorretrato como un manifiesto de su independencia. En él aparece la propia artista rodeada de animales: la hiena, la intrusión de lo salvaje en el espacio doméstico, y el caballo, animal con el que identificaba como su alter-ego. 

En 1938 se mudarían a St. Martin d’Ardèche, un pueblecito al sur de Francia, donde transformaron una antigua granja que decoraron con esculturas de cemento y murales en los muros exteriores e iniciaron una intensa producción artística.

Self-portrait (The Inn of the Dawn Horse) – Leonora Carrington

Los acontecimientos se precipitaron cuando en 1939 Ernst fue internado en un campo de concentración y Leonora tuvo que huir a España. Viéndose abandonada por su familia, en un país extranjero y con Max Ernst encerrado en un campo de concentración, a su llegada a Madrid sufrió una crisis mental que la llevó a ser ingresada en una institución en Santander por un año. Durante su internamiento sufrió dolorosos episodios entre la lucidez y la locura que fueron tratados con Cardiazol (electroshock químico) y que años más tarde relataría en Memorias de Abajo, como una forma de exorcismo y de reconciliación con su pasado, junto con un mapa del asilo con imaginería oculta.

Durante su traslado de Santander a otra institución en Sudáfrica, logró escapar a su paso por Lisboa, desde donde consiguió huir a Nueva York, donde se reunió con el resto de artistas emigrados y siguió manteniendo un estrecho contacto. Durante esta época, formó parte de la Exhibition of 31 women organizada por Peggy Guggenheim en su galería Art of this Century. 

En 1943 se trasladó definitivamente a México, hecho que cambiaría su vida y condicionaría su producción artística. En su nuevo destino, Carrington entró en contacto con el círculo de artistas exiliado en este país, de entre los cuales conocería a su gran amiga y compañera, la pintora Remedios Varo, junto a la que desarrollaría un nuevo lenguaje pictórico. México resultó ser una fuente inagotable de inspiración, rica en híbridos culturales y religiosos entre una particular rama del catolicismo y el paganismo, que unidos a su interés por lo esotérico y la cocina como fuente de transformación, marcarían su obra hasta sus últimos días.

La maternidad le hizo darse cuenta de la carga que suponía compaginar su trabajo como artista con la crianza de los niños y el cuidado del hogar, y de nuevo se rebela contra los roles asumidos como mujer y madre.  Es en esta época cuando empieza a interesarse por la transformación de la esfera doméstica en un lugar de poder mágico, especialmente a través de la correspondencia entre la preparación de la comida, la magia, y las transformaciones químicas del propio hecho de pintar. Algunos elementos, que ya habían estado presentes en obras más tempranas, como la mesa-altar, o la simbología eucarística y pagana, se hacen visibles ahora desde una nueva conciencia feminista y se empiezan a entremezclar con otros propios de las religiones precolombinas y nuevos intereses esotéricos como la brujería, la alquimia, la hechicería o el Tarot.

Leonora Carrington – Y entonces vimos a la hija del Minotauro, 1953

En La casa Opuesta (1945), se suceden una serie de rituales dirigidos por figuras femeninas inmersas en la preparación, presentación y consumo de comida. Carrington pretendía una inversión del sistema establecido, dándole un aire sagrado y sacerdotal a las actividades domésticas del día a día oficiadas por entes femeninos, en alusión a las religiones primitivas no patriarcales.

Leonora Carrington. La casa opuesta, 1945

Durante los años 50 se volvió a interesar por su herencia irlandesa, y unas criaturas legendarias del folklore irlandés, el pueblo mitológico de la Tuatha dé Danaan o de la Diosa Dana, también llamados los Sidhes, empezaron a poblar sus obras, entremezclándose con símbolos alquímicos y esotéricos, y las referencias cristianas y prehispánicas ya presentes en su obra.

Leonora Carrington. La gente blanca de Thuana de Dannan, 1954

AB EO QUOD es una obra de una complicada simbología. Un bodegón donde se entremezclan elementos eucarísticos, alquímicos, diagramas arcanos, simbología cabalística, alusiones a la transubstanciación y la metamorfosis.

Leonora Carrington – AB EO QUOD, 1956

Durante los años 50 empezó a recibir crédito por su trabajo, a exponer en México y a ser reconocida como una de los suyos. En 1960 se celebró una retrospectiva de su trabajo en el Museo Nacional de Arte Moderno de CDMX y en 1964 se le encargó el mural El Mundo Mágico de los Mayas para el Museo Nacional de Antropología, dedicado al estado de Chiapas.

Leonora Carrington – El mundo mágico de los Mayas

Durante los años 70 entró en contacto con los movimientos feministas. Diseñó un poster para el movimiento de liberación de las mujeres mexicanas llamado Mujeres Conciencia. Por su parte, los movimientos feministas comenzaron a prestar una mayor atención por el trabajo de la artista y su recuperación dentro de la historia del arte, principalmente en los EEUU. La aromática cocina de la abuela Moorhead es ejemplo de su feminismo presente en su pintura. De una forma clara transforma el espacio doméstico de la cocina en un lugar sagrado en el que se hace presente la Diosa Blanca de los Sidhes en forma de ganso a través de la preparación de la comida.

En la década de los 80 cobra interés por la figura de “la vieja”, enfrentándose a la realidad de su propio envejecimiento y el paso del tiempo. Estas figuras, a las que llama “Magdalenas”, representan la sabiduría y el poder de las ancianas, rechazando los ideales de belleza y juventud propios de la cultura occidental.

Desde los 80 hasta el final de su vida comenzó a hacer esculturas de gran tamaño. Ya en los 50 había experimentado con obras en madera, a las que ahora añadiría creaciones en bronce y plata, recreando las figuras oníricas que vemos presentes en su obra pictórica.

Leonora Carrington murió en 2011 habiendo conseguido el reconocimiento internacional por su trabajo. En 1994 se le dedicó una gran retrospectiva en el MARCO de Monterrey y posteriormente en otros museos como el IMMA (2013) o la Tate Liverpool (2015) o el Museo de Arte Moderno de CDMX (2018).

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