Yayoi Kusama en el Museo Reina Sofía

by • 22 junio, 2011 • Exposiciones, Madrid, MuseosComments (0)4420

Del 11 de mayo al 12 de septiembre de 2011. Museo Reina Sofía, Madrid.

Hasta el 12 de septiembre puede disfrutarse en el Museo Reina Sofía de la magnífica exposición de la que es, probablemente la artista viva más conocida de su país Yayoi Kusama (1929, Matsumoto, Japón). La muestra se centra en los momentos en los que trabajó por primera vez con determinados lenguajes, que se reflejan tal y como eran cuando surgieron. Desde la década de 1940 llevó a cabo una extensa producción que incluye: pintura, escultura, dibujo y collage, sin olvidar las instalaciones inmersitas de gran escala por las que es más conocida.

En los años 60 y 70, llegó a ser una figura destacada de la vanguardia neoyorquina, asociada a los avances del arte por, el minimalismo y el performance art. Su trayectoria oscila entre Oriente y Occidente. Comenzó estudiando pintura nihonga en Kioto, pero pronto se siente atraída por los métodos tradicionales y empezó a investigar sobre la vanguardia europea y americana buscando imágenes e información en libros y revistas.

Experimentaba con pinturas domésticas corrientes mezcladas con arena y empleaba sacos de semillas del negocio de sus padres en lugar de lienzos. A principios de los años cincuenta experimentaba técnicas en obras sobre papel; obras que varían en contenido pero que incluyen a menudo formas abstractas que evocan fenómenos naturales. Nos encontramos ante una obra que recuerda al universo surrealista.

Por esta época ya era muy productiva, y realiza varias exposiciones individuales, primero en Matsumoto y después en Tokio. Aunque ya recibía un considerable reconocimiento por parte de la crítica, se marcha de Japón. Hacia 1957 se traslada a Nueva York y es entonces cuando cambia radicalmente su planteamiento pictórico, realizando –tal vez en respuesta al expresionismo abstracto- los Infinity Net Paintings: enormes lienzos cubiertos por pinceladas realizadas en un solo color sobre fondo contrastado.

Cuando comenzaba a disfrutar de cierto reconocimiento, vuelve a cambiar su enfoque y ahora lleva a cabo sus primeras esculturas: Accumulation Sculptures: éstas, incluían elementos cotidianos cubiertos por una proliferación de formas repetidas. En los primeros ejemplos, la artista recubría objetos domésticos –como muebles, ropa, accesorios- con múltiples falos de tela rellenos y cosidos-.

En la extensa producción de Kusama, también tienen cabida la performance, en la muestra puede verse la performance documentada en una serie de diapositivas en color fotografiadas por Eikoh Hosoe, Walking Piece (Paseo) realizada en Nueva York y reflexionaba sobre su doble condición de “forastera”.

No va a dejar de lado el movimiento hippie, al que se une sin reservas y organizaba happenings en los que participaba el público. Muchos de ellos fueron filmados por el realizador Jud Yalkut. La película Kusama’s Self-Obliteration (Auto-obliteración de Kusama), ganó premios tanto en EEUU como en Europa. En ella, usó secuencias junto con imágenes de sus cuadros e instalaciones.

En la segunda mitad de los sesenta, la figura de la artista fue ganando protagonismo en su obra. Así, empieza a integrar las fotos que se encarga de que la realicen trabajando o junto a su obra, en los photocollages y en montajes que incorporaban varios materiales. Kusama se convertía en protagonista principal de un mundo poblado por una profusión de formas, redes interminables e infinitos lunares.

Una de las obsesiones permanentes de la Artista, ha sido la representación del espacio infinito. Usó los espejos por primera vez en la Instalación Infinity Mirror Room – Phalli’s Field (Habitación del espejo infinito: campo de falos), 1965.

Para esta exposición, la artista ha diseñado expresamente una nueva Infinity Mirror Room, invitando al observador a dejar en suspenso la percepción de su propio yo y a acompañarla en su viaje permanente hacia la propia obliteración.

Esta exposición, está organizada en colaboración con la Tate Moderm de Londres y comisariaza por Frances Morris, Jefa de Colecciones de la Tate.

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