Mi relación con la obra de Jon Gesalaga no comienza con su selección para este Vol/7, sino mucho antes. Meses atrás, en un proceso de búsqueda consciente de referencias capaces de sostener el concepto de belleza desde un lugar complejo —alejado de lo superficial o decorativo—, su trabajo apareció como una anomalía precisa. No como una imagen que seduce de inmediato, sino como una estructura que se impone por coherencia. Desde ese primer encuentro entendí que no estaba ante una serie de imágenes aisladas, sino ante un pensamiento visual que exigía tiempo, atención y cierta incomodidad productiva. Esa primera impresión fue la que motivó la conversación previa y la posterior inclusión de su trabajo en este volumen.

La obra de Jon articula una belleza que no se limita a una disciplina concreta. En ella conviven arquitectura, mundo animal, cuerpo humano y una clara conciencia escultórica del espacio. Cada imagen parece construida desde dentro hacia fuera, como si la forma fuera siempre consecuencia de una idea previa y no al revés. Hay una voluntad clara de ordenar, medir y tensar el encuadre, pero también de permitir que algo se fracture. Ese equilibrio entre control y quiebra es uno de los elementos que más me interesa de su propuesta: nada está colocado al azar, pero nada pretende ser definitivo. Sus imágenes no cierran significados, los mantienen en suspensión.
Me interesa especialmente cómo su trabajo entiende el espacio no solo como escenario, sino como agente activo. El espacio en Jon no acompaña al cuerpo: lo condiciona, lo presiona, lo redefine. Lo mismo ocurre con el tiempo. Sus imágenes parecen capturar instantes que no son narrativos en el sentido clásico, sino estados. Momentos detenidos que contienen pasado y posibilidad futura al mismo tiempo. En ese sentido, su obra se sitúa más cerca de la arquitectura mental que de la ilustración o la estética inmediata. Hay pensamiento, hay decisión y hay una clara voluntad de resistencia frente a la imagen rápida.
Si esta serie pudiera trasladarse al lenguaje cinematográfico, su ritmo y su densidad emocional me remiten al universo de Paolo Sorrentino, no por una cuestión estética superficial, sino por la manera de construir atmósferas donde lo solemne y lo humano conviven sin jerarquías claras. En ese posible relato, Pío XIII tendría un papel crucial: no como figura religiosa, sino como símbolo de una tensión constante entre lo perfecto y lo vulnerable, entre la estructura y la duda. Esa misma tensión atraviesa la obra de Jon.
Su trabajo no busca agradar ni tranquilizar. Exige al espectador una posición activa, casi ética. Mirar sus imágenes implica aceptar que la belleza puede ser incómoda, que puede contener ausencia, riesgo y contradicción. Y precisamente ahí reside su potencia. En un contexto saturado de imágenes que se consumen y se olvidan con rapidez, la obra de Jon propone una pausa necesaria. Una invitación a volver a pensar la belleza no como un resultado, sino como un proceso que se construye, se erosiona y vuelve a reformularse en cada mirada.
Artista IA seleccionado en Vol/7 ‘Belleza’ de creAtIva | AI Art Book Noviembre 2025. Texto realizado por Wiktor VR, director de creAtIva, aportando opinión personal, junto a la descripción del artista y revisado por GPT.
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Jurado de selección del Vol/7 ‘Belleza’:
– Nina Khaldi @nina.khaldi.boccacci / Fundadora de @eterna_ai_agency
– Marta Velázquez / Gestora cultural, comisaria de arte digital y experta en inteligencia artificial.
– PJ Way / Fundador y CEO de @aifilm3
– Wiktor VR @wiktor.vr / Promotor Cultural, artista plástico y fundador de @creativaaiartbook
– Sara Torres Sifón @saratorressifon / Directora de @plataforma_pac
– ’Aitana López’ @fit_aitana / Influencers y modelo IA gestionado por @theclueless.ai (Diana Núñez y Rubén Cruz)







